Tres Cimas de Lavaredo, Dolomitas, 26/10/2009
Hoy fue nuestro primer día de nieve,
las Tres Torres de Lavaredo
se erguían hermosas y solemnes
en su frío invernal.
El gozo de la montaña una vez más,
la amada fiel,
el gozo de sus paredes
recorridas con mis manos
con mis labios
con mis ojos húmedos
que descubrían, entonces ya,
tan amorosamente,
en un tiempo lejano
la gran pasión de una vida;
el gozo de vivir y recordarlo intensamente,
el gozo azul
en el que navegan orgullosas y solitarias
las paredes rosadas salpicadas
por la caricia blanca de la nieve temprana.
El gozo de haber recorrido
su cuerpo cálido,
amadas paredes,
severas, entrañables,
dulces como el amor
amargas como la muerte algún día.
Venecia, 22/10/2009
Entre los médanos del tiempo
rastros de fuego,
brotes de esperanza
que mecía incrédula la noche en sus brazos,
un rastro de besos.
Cierto, olía a heno su cuerpo
y su voz era un grito de lágrimas,
como un río en la hondonada
el frío dolor de la duda
cortaba imperativo la oscuridad,
se desvanecía impotente
en un sollozo de animal acorralado.
Fuera una lechada de tristeza
tintaba el alba de extrema ternura.
Roma, 12/10/2009
Escuchar con la soledad
aterida de frío,
y de la sed,
y de hambre
y esa enojosa sensación de vacío:
largas noches sobre el altar de la playa.
Y las rocas redondas y macizas estaban frías
y la luna las iluminaban débilmente.
Sobre ellas descansaban mi cuerpo,
ensueño sobre un lecho de olas.
Y ser como extraños
el uno frente al otro
y poco después llorar,
no comprender,
cuando en el paseo entre los pinos
se interpuso la imagen desvalida
de la mujer voluntariamente no manumitida,
mientras hombres en ropa de deporte
hacían footing
junto a las tapias en el límite del bosque,
lo que también arremolinaban amargas lágrimas
en mi cuerpo contrito.
Correr, anegado en sudor y cansancio,
con el cuerpo pleno de salud y gozo…
cuando ello era posible.
Y ser como extraños
cuando se era uno
cuando la mentira no era conocida aún
y cerraba los ojos
y la verdad era la íntima
disolución en el ser amado.
Porque la extrañeza está en la médula
de la existencia
donde nuestros ojos
no llegan porque somos limitados
y no podemos hacer otra cosa
que contemplar atónitos
la inmensidad del océano
la inmensidad de la noche.
P.N. Dell’Aspromonte, Calabria, Italia 01/10/2009
En algún momento
uno debería desdecirse.
El agua rompe
el silencio de luna
dejando tras de sí
un sonido de campanillas
en la almendrada brillante de la playa.
Uno debería desdecirse
y allanar la reconciliación
con la tierra y sus moradores,
con sus hijos y sus amantes;
desdecirse, limpiar la conciencia
de la pesada carga de la confrontación
y dejar actuar a la noche
en la apaciguada compañía de las olas,
bajo el cielo pálido y lunático.
En el sur
donde el otoño
es una playa solitaria
que recuerda el aterciopelado azul
de una madrugada en los templos de Angkor.
Y tratar de comprender,
esa sed que acaso aliviará
del peso de las pequeñas verdades
que traen la noche
y el susurro intemporal del mar.
Almas solitarias
en alterada comunión con los otros
estremecidas en el helado borboteo
de géiseres remotos de blanca vaharada caliza,
en fundidas raíces
imposibles de desmadejar.
La ignorancia de la complejidad
que ayuna de la sustancia poderosa del ser
desbarra, infantil y simple,
entre los médanos de la noche.
Ah, comprender;
en la paz del sur
sobre la arena
que humedecen la luna y las olas,
en el sosiego de la meditación
frente a los mares de Sur.
Vlora, Albania, 24/09/2009
Se trataba de un enigmático retrato
que colgó de diversas paredes de mi casa,
siempre tan llenas de esperanza en otro tiempo.
Hoy tomé el ferry
y, como la partida demoraba,
me repantingué en un discreto rincón del barco
y encendí el portátil.
Así fue como apareció,
una más ahora en mi deseo,
ese espectáculo que como el mar o la montaña
ocupa ciertas horas de mi intimidad,
prolija por otra parte
cuando se trata de ir despertando
con la mayor paciencia del mundo,
con el mayor recogimiento
con especial devoción,
la maravillosa caja del pasado
donde quedan viejos momentos de placer,
pequeños atisbos de belleza,
una respetable cantidad de contingencias
capaces por sí mismas de llenar los días y las noches
de los desenfrenados anhelos
a que dan lugar los viajes.
La intimidad,
también la que tiembla
con candorosa sinrazón en el pozo tenebroso del amor,
boludo, ciego y aparatosamente ingenuo.
La intimidad que ronda
entre el ruido de las olas
y el cielo cargado de azules a punto de sucumbir al silencio;
perversa sinrazón
que llena de paz la cuenca de los ojos de la noche
sobre el fondo de una inquietud,
que sube de la carne
y del aire enigmático
de un cuerpo que esconde en su vientre
el hedor del engaño.
Y no fue sin embargo inane el encuentro
el enigma y la mujer estuvieron por encima del oprobio,
la vida fluyó intensamente
mientras la estela de espuma se perdía
hacía la bella bahía de Vlora.
´´´´´´
Frente al Adriático, Montenegro, 21/09/2009
El mar
la mar
de nuevo el mar
y las grandes manos de roca
y sus oscuros dedos gigantes
posados azules sobre el agua,
y el crepúsculo blandiendo
su espada de fuego;
el mar calmo, sereno
sollozante de verde esmeralda
a los pies del acantilado
donde se alzan erguidos y solemnes los cipreses;
el mar distraído y perezoso
hacia la línea del horizonte,
frente al país de las negras montañas
coronadas de vaporosas nubes blancas,
el mar.
Garganta del Tura, Montenegro, 19/09/2009
Y la memoria es un gran libro
que se abre esta tarde por aquí o por allá
sin objeto preciso.
Mientras, la montaña se alza hosca
biseccionada por la entalladura
del gran cañón;
el bosque otoña entre las agrestes paredes
y se cubre con la tenue gasa de las nubes
que ya no son del verano.
En el libro aparecen imágenes de otro tiempo,
imágenes que fueron perturbadoras
o amables
o excitantes en su desnudez
en ocasiones provocadora,
siempre un buen arsenal
en que hacer concurrir los excesos del metabolismo erótico,
que, cómo no, siguen vertebrando
lo largo y lo ancho de este largo viaje
que tanto tiene de tiempo de reflexión.
Hay páginas a las que el paso de los años
ha cubierto de la pátina dorada
en la que el tiempo envuelve
los acontecimientos más relevantes,
esos de los que siempre pensamos
que perdurarían más incluso que la propia vida.
Así la de esa amante que otrora decía
estar dispuesta a dar la vida por el amado,
y que el tiempo convierte en una paradoja más de la vida.
Y el gran libro, denso, pleno de las grandes minucias
que humedecen nuestros ojos
o nos hacen reír o llorar a lo largo de la vida,
se va pareciendo cada vez más
a ese otro gran libro que escriben
las estaciones en la naturaleza,
que está grabado en la piel del planeta,
en los bosques centenarios
donde los viejos troncos habitados por bellos hongos,
por barbas de viejo y líquenes de profundos colores
consuman la realidad
que nosotros, tercos como mulas,
tantas décadas tardamos en reconocer.
El gran libro se ríe amablemente de nosotros
y de nuestros engominados asuntos,
de nuestras tragedias más caras
hace serrín, convierte en barrillo de glaciar
nuestras planetarias disquisiciones
nuestras pasiones equivocadas transformadas en mentira.
¿Habrá uno de llegar a muy viejo
para poder comprender al fin una parte ínfima
del gran libro,
para que sus imágenes,
sus emociones,
la pasión que narran sus páginas,
su amor,
la perversa idiotez que se deslizó entre nuestros actos,
encuentren al fin el reposo
en la mirada comprensiva
de ese anciano que mano sobre mano
mira apacible la vida
desde el últimos escalón de la existencia?
Bela Crkva, Serbia, 15/09/2009
Son de mujer mis ojos
y del vasto tejido de las horas de espera,
mi anhelo;
puestas en el centro del mundo,
imposible no verlas,
el vacío que dejan
luego, cuando la calle queda desierta
y una luna tardía
arrastra un resto de bilis
arriba de los árboles y sus ramas negras.
Son de mujer la mañana
el restaurante, las aceras,
el enigma que cruza el paso de cebra.
A la tarde,
después de admirar
el gatuno mundo de la calle
me siento junto a un maizal
con grandes nubes flotando
sobre la agitación pajiza de sus hojas,
y pienso en ellas,
y medito,
y miro caer el sol
sobre el amarillo pardo del campo.
Sibiu, Rumanía, 13/09/2009
En sus días más lóbregos,
verdad es que fui ferviente amante,
que quise hacer de ella
la abundancia
la ternura
el fuego primero
que calentó el mundo
cuando todo era oscuridad;
que mi propia oscuridad
se hacía luz en ella.
Y sin embargo despreció
la fresca abundancia
de mis manos sedientas,
quizás por ello
sea ahora sólo esa amarga soledad
en la que vagan los amantes
cuando en el silencio de la noche
los pensamientos que habitaban al amado
fueron vaciados de su presencia,
ese vacío del que fue desposeído del amor,
no soñado, no anhelado
en la pura nada de un amanecer blanco.
Sighisoara, Rumanía, 13/09/2009
Dios andaba por las calles del mundo
disfrazado de anhelo de mujer.
Busteni, Alpes de Transilvania, Rumanía, 08/09/2009
Sabía que ese tiempo
había de ir desvaneciendo en múltiples
y contradictorios matices,
antes de que la noche
diera cuenta de las luces
para convertir todo en profunda sombra,
el día en que los versos
se fueran durmiendo
sobre el regazo de la tierra,
poco a poco
como un niño que ha vivido
apasionadas aventuras durante el día
y llegada la noche
entrega su cuerpo y sus fantasías
al sueño reparador de una nueva época.
Y debe de ser que está llegando
definitivamente la hora del otoño,
la hora del instante,
esa estación del año
en que el tiempo
dejará de ser
para hacerse continuado presente,
el momento en que
el sentimiento de existir
lo colmará todo
llenándolo con la dicha del ahora.
Sobre el delta del Danubio,
también los grandes ríos
tienen su final,
se alza hoy la gran luna de septiembre
bendiciendo mi ánimo
con la plateada ironía de su inmutabilidad.
Kiev, Ucrania, 31/08/2009
Kim Ki Duk,
historia de amor
en la húmeda noche de
terrible historia
que dolorosamente conseguí acabar.
La humedad calaba los huesos
pero aquella mirada
que había entrevisto la eternidad
en el hueco menudo
de un cuerpo de mujer
de ojos rasgados,
se apoderaba enigmáticamente de mí
bajo la arboleda nocturna.
Kiev, tierra de Gogol y Babel,
de Burgakov.
Dentro de unos días
estaremos en las escalinatas de Odesa,
Eisenstein y El Acorazado Potemkin,
las grandes pasiones,
ríos de sangre
historias de amor y odio.
Si quieres saber lo que es el amor
mira esa historia sin pestañear,
Bad gy,
e intenta comprender
la irresistible conversión,
odio versus amor
en un charco de horror:
amor odio en estado puro,
amor sin adornos
antes de que los títulos de crédito
caigan como la lluvia, lentamente,
sobre el espectador.
Kim Ki Duk
hurgando en el corazón
hasta hacerlo sangrar.
Hoy las mujeres invadían
las calles Kiev,
llenaban de insinuante
y sinuosa belleza el paisaje de las cúpulas doradas
erguidas sobre el denso verde de los muros.
La noche cayó temprana sobre el bosque,
un manto de humedad flota en la noche.
Museo Hutsul, Kamyanets-Podilsky, Ucrania, 27/08/2009
De cuando el tiempo era otra cosa,
las aguas de un río calmoso,
un tranquilo devenir,
esos bellos tejidos
minuciosos y pacientes
de otros siglos
frente a nuestro obsesivo movimiento
frente a la nada;
el instante de entonces
frente al desasosiego de hoy.
Zaroslyak, Ucrania, 27/08/2009
Hoy, después de mucho tiempo,
años acaso,
me sorprendo cantando
en medio del sucio encanto de los Cárpatos;
un hallazgo:
me sorprendo cantando;
y pienso en ella,
y en una densa noche
en una oscura habitación de Singapur
donde el teléfono sonaba constantemente
sin que yo tuviera el sentido común de contestarlo,
y pensaba en mis muchas equivocaciones,
y en las suyas
y en cómo no sabiendo
equivocamos tantas veces el camino,
y pienso en cómo ahora vagamos sin rumbo,
y en cómo no queriendo desear
lo que no está a mi alcance
me recojo en meditación
me recluyo en el instante éste
que es mi vida
encerrada en el día que amanece.
Rakhiv, Ucrania, 26/08/2009
¿Y qué haré
con esa inquietante armonía
que repta como la hiedra
por el tronco de la conciencia,
tan dulcemente,
esta tarde,
junto al arroyo alborotado;
la armonía que aprendí
en las largas horas
de recorrer su cuerpo
y que hoy despierta
en sus ecos
en un lejano mercado de Ucrania
cuando me cruzo con las mujeres
de este hermoso país?
Miskolc, Hungría, 24/08/2009
Fue patinando sobre el hielo
de un sueño que se desvanecía
junto a las primeras horas del alba,
que lo supe.
Ella había muerto,
me dijeron,
y entonces pregunté a mis sentimientos
y de ellos
sólo obtuve un gran silencio.
Desde mi saco de dormir
miré absorto
el cielo encapotado
que cubría la mañana.
Vac, Hungría, 22/08/2009
Me acuesto con todas
las mujeres del mundo;
cuando ellas están dormidas
y han dejado atrás sus cuerpos
paseando por las calles
de las ciudades de Europa,
me despierto con sus cuerpos
entre las manos,
breves y conocidos paisajes
de carne palpitante
me dan los buenos días,
dulcemente.
Y es el todo,
diosas que recreo en oración
me envuelven
las envuelvo
en la tibia mañana húngara
donde los álamos
agitan sus manos
convertidas en lastimeros violines
que fueran dejando sus notas
en las briznas secas del prado
en la mañana arrullada.
Amo a las mujeres
y su paisaje de nieve y dunas doradas,
y me transformo en viento
y mis manos rizan su arena
y la nieve se hace verano.
Linz, Austria, 18/08/2009
Quizás haya de transcurrir
todavía una vida entera
antes de que la luz
vuelva a estos campos,
luz de otoño
luz de mayo
hibernando bajo la grumosa tierra,
y ciertamente acogedora
aunque triste y banal
como esos canales que pierden el rumbo
en la inmensidad de la tundra
y sólo a duras penas
encuentran el cauce principal
entre las aguas pantanosas
que se pierden en la nada.
Acaso sería mejor estar lejos,
allá donde las palabras
tienen el peso leve de la indiferencia.
Ulm, Alemania, 16/08/2009
Llámame
habría gritado esa mañana
junto al río abundante
frente a las nubes que vestían las montañas,
llámame;
pero en el fondo sabía que era inútil,
el coraje de los vientos y las tormentas
la poderosa imaginación de los que creen
imperturbables en ellos mismos
no estaba en nosotros;
y fuimos por tanto
efímera y contentadiza brisa.
Gutannen, Suiza, 12/08/2009
Y te desnudabas y me desnudaba,
y mientras, el alba acudía a la ventana
y era necesario cerrar los ojos
para encontrar dentro de mí
esa cintura que mis manos temblorosas
empezaban a reconocer
en el frío todavía hosco de las sábanas,
ese cuerpo mío
que venía de la noche,
de otro lecho,
y yo escuchaba al otro lado de mis brazos
el estremecido silencio,
el calor inundando poco a poco
mi regazo,
mis besos resbalando sobrecogidos
por la curva de su cuello.
Y era invierno,
y no cantaban los mirlos aquella mañana.
Lyon, 08/08/2009
Recuerdo de una ascensión a Les Droites
Aquel amanecer blanco
trepando por el silencio
negro de la noche,
el inmenso manto
el inmenso silencio blanco;
los glaciares dormían
y los dos hombres dejaban
débiles y calladas huellas
sobre la nieve,
un humilde rastro
en la mórbida blancura de las laderas.
Arriba una lejana mañana
alentaba sobre las altas cumbres,
y mientras,
al otro lado del mar de hielo,
ardía el milagro:
la inmensa mole del monte blanco
encendía silenciosa su fogata matinal
en lo alto de su pelambrera cana,
bandadas de palomas
volaban por sus laderas
en pequeñas avalanchas
llenando de liviana luz los glaciares.
Gargantas de Tarn, Francia, 07/08/2009
Quizás no ha llegado la hora
en que hacer versos de un tiempo por venir,
esa lejanía azul
que dorará con sus brazos de seda la tarde,
cuando la ruda realidad
se haya desleído en la humedad del tiempo,
cuando ya ni uno ni otro
sepamos de nuestras respectivas vidas
pero sea hermoso
oír el frufrú de las hojas de los álamos
junto a las cuales antaño nos besábamos
mientras mirábamos
cómo por la sierra el cielo
se iba encendiendo de otoño.
Quizás no haya llegado el tiempo
y sea necesario más silencio
más olvido
para que las caricias de ese cuerpo invisible
que es el tiempo
cubran con su cálido mantillo la tierra
y broten entonces en alguna lejana primavera
pequeños y temblorosos narcisos.
Cercanías de Narbonne, 02/08/2009
La luz entra hoy serena
entre las copas de los árboles,
libre,
con la apacible intemporalidad
con que suena a mis pies
un regato de agua.
Y la paz llega
tras la tormenta de la noche
a la sombra de las hayas
a recitar su credo,
y rezo, y sigo creyendo.
Apacible fluir del silencio del agua
entre los troncos caídos
y las piedras milenarias
contempladoras irónicas del tiempo,
nuestro tiempo azul y bermejo.
Camprodón, Barcelona, 31/07/2009
Apreciar la caricia del sol
que sube por la espalda
mientras meditas temprano
junto al río;
en esto para el día a día,
en abrir los ojos
al murmullo del último sueño
y saber en consecuencia
por donde andará hoy
tu vida.
Ésta que comenzó junto a un río
esta mañana
y terminará a la orilla de la noche
mientras me duermo
mirando el cielo,
no sin antes rompernos
ella y yo
amorosamente los dientes.
Y nacerá un nuevo día
cargado de palomas
y rogaré para que el sol
no ponga excesiva tristeza
en mi ánimo
y tolere, acaso, un hilo de nostalgia.
Para la tarde pediré un prado
donde leer un libro
donde pueda,
levantando la cabeza
de vez en cuando,
comprobar que la sombra
y los pájaros siguen ahí
en el alero del cielo.
Junto al libro habrá un cuaderno
donde las palabras puedan nombrar
una emoción al borde del precipicio.
El día a día
desde el alba
corriendo como río sin proyectos
bajo los avellanos,
soñando en los remansos
tocando la guitarra
entre los guijarros.
Día a día
levantarse como Lázaro,
y morir a la tarde,
mientras los bojes y los robles
van sangrando arroyo abajo
palabras misteriosas
donde se refleja el crepúsculo.
Camprodón, 30/07/2009
¿Por qué será
que abro el libro
y te encuentro,
que me acerco al río
y oigo tu voz entre los guijarros?
esta tarde de final de julio
sin ir más lejos.
Rupit, Barcelona, 29/07/2009
La clave es no tomarse
uno muy en serio
dejar que pase el viento,
y sobre todo no aferrarse
a las doctrinas de ningún siglo,
ni en serio ni en broma,
pura brisa
llevándose ladera abajo
el zumbido de las mosca,
y acabar con las graves palabras
y los irrisorios discursos
y bogar al desgaire
por el ancho y caluroso mar,
y encontrarse
acaso por casualidad
más allá del horizonte,
aunque más que el encuentro
importe la gran calma
que ha de seguir
a un cordial buenos días.
Montañas de Montserrat, 28/07/2009
¿En qué tiempo fue aquello,
si es que tuvo lugar,
la despedida
el desaliento
el tiempo despeñado repentinamente
por las laderas,
cuando todo fue olvidar
en medio de un campo de rojas amapolas?
Y sin embargo apareciste
contra mi voluntad
una y otra vez
en mi camino,
en los trigales,
en los acantilados,
en el mar,
en la niebla del norte,
en remotos países de Oriente,
en mis sueños de todas las noches;
¿o es que acaso todo era un juego?
Y aparecí,
acaso contra tu voluntad,
cuando ese inútil querer olvidarte
tan cargado de razones,
tan inútil,
quedó arrumbado en el arcén
como un trasto inútil y obsoleto,
e invadí a mi vez
tu silencio
tu rincón para esos propósitos
que nunca logré entender.
El caso es que ahora
una vez más es verano
y el cielo no se ha caído
ni se ha roto el firmamento
ni el diluvio tiene por qué
durar mas de una vida.
Eso me digo hoy
caminando de madrugada
por las montañas de Montserrat,
mientras acaricio la idea
de una conversación largamente aplazada.
¿O es que acaso habremos de ser castigados
a vagar por toda la eternidad
por el piélago de un olvido imposible?
Vilanova, Barcelona, 26/07/2009
Y el largo verano
aparece sin una miserable sombra
que alivie la modorra inevitable
que sigue al desasosiego,
el silencio de la casa
los libros por los suelos
el blanco deslumbrante
del borde de la piscina.
Los gatos,
dormidos bajo la cama,
huyen de la canícula silenciosa
que barre las habitaciones
donde ella transita
con sus ojos inundados de ausencia.
Malos tiempos para la soberbia
el pan rancio
el cuerpo reseco
la mirada perdida de los náufragos
tras el arrogante acto de orgullo.
El largo verano
y la lluvia que no llega,
y el calor que arrasa los setos
que abrasa la grama.
Su hastío recorre la casa
buscando un cometido,
se desnuda
y de bruces sobre la cama
repasa desvaídas imágenes
perdidas en el tiempo.
Trata de masturbarse inútilmente.
La tarde se hace indolente,
sobre la cama
la mujer se ha dormido.
Barcelona, 25/07/2009
Pero tampoco la ausencia de silencio
podría calmar mi sed
que es sed a secas
hambre indistinta
y ambigua necesidad del otro
precipitada en el haz de las hojas
y en las raíces,
en el temblor estremecido de las nervaduras
cuando llega la tarde
y el cuerpo vuelve a caminar erguido.
Un momento en que el silencio
y su ausencia
son la misma cosa
eco trascendido,
petrificadas torres de granito
que el viento del desierto
hará romas
hasta convertirlas
en elegantes estatuas de sal.
La sed será pues
el sino para el futuro
sed de la que estarán excluidos
aquellos ojos, aquel cuerpo
que fue fermento y se hizo hiel
pero que renacerá
en otros ojos y en otros cuerpos
tributarios todos del mismo río
que engendra la vida en el vientre planetario.
Y sin embargo es verdad
que ese pubis, esas caderas,
esos pechos, ese paso ágil y decidido,
me perturba,
esa antorcha en la noche
de la que no puedo retirar los ojos
hundidos como están en la oscuridad;
me perturba el silencio,
su voz inhóspita y enferma.
Vilanova, Barcelona, 24/07/2009
Ni piedras blancas ni negras,
silencio,
ni espuma ni viento,
silencio.
Contra el horizonte,
el alba
las profundas huellas
conchas con su costra de luz estriada,
silencio.
Amanece,
el pesado abdomen de los aviones
se eleva sobre los encajes y el azul líquido,
sobre los ejércitos de espuma desvanecida,
el silencio deja entre las olas
adormecidos pétalos negros.
Vilanova, Barcelona, 23/07/2009
Me digo que la saturación
acabará por sellar mi boca,
mas amanece y de nuevo
el sol y el mar me atrapan
y me dictan nuevos versos.
Pensé que con la distancia
seria diferente
pero aquí, junto al mar del noreste,
en medio de la gente
donde telas y setos verdes nos separan,
sigo siendo el mismo;
mi siesta, mis libros son los mismos,
lo es la brisa y la penumbra
y el calor y la hora.
Mal que me pese
sigo siendo el mismo
el mismo,
el mismo dolor del bosque
el mismo temblor de cuerpos.
Montañas de El Garraf, Barcelona, 22/07/2009
Hoy que eres
entre el millar de otros cuerpos
fauna desnuda
para la perturbación de mis sentidos,
en las horas de soledad
cuando el sueño y el sosiego
sólo pueden ser alcanzados
abrazado a la belleza
en el ápice de un convulsión
en las horas de la memoria rota
en que mi cuerpo busca en otros cuerpos
sus trozos dispersos
Hoy levanto los ojos de mi libro,
aquel Vivir en los bosques,
y miro moverse parsimonioso el cañaveral
sobre el lecho verde del río.
Sus páginas me consternan,
acaso llegue el día
en que su cuerpo se atreva
y remonte el angosto valle
la abrupta ladera.
17/07/2009
Estas son mis credenciales:
el diario ardiente
el grito de los versos
escrito en las horas de calor
cuando fuera
el sendero de la piscina es una brasa;
escrito en el regazo tibio de la noche
cuando con un café entre las manos
contemplo las estrellas bajo el hachón
de
Estas
de todas las noches oscuras del alma,
mi tristeza
resbalando en el hueco de mis manos vacías;
pero ah, cuánta la dicha sin embargo
la de haber atravesado aquellas montañas,
aquel río,
ser en el marasmo de las contradicciones
y los deseos púberes
hombre tocado por la vieja pasión indeleble;
hombre al fin
caminando al borde del precipicio
donde yacen adormecidas de calor
las pequeñas flores azules,
¿recuerdas?
16/07/2009
¿Cuántas falsas pistas
no te invitarán
a ir de un lado a otro del mundo
a emprender absurdas tareas
a fin de mantenerte en movimiento,
huyendo, si, de la inquietud,
pensando que tras el horizonte estará la paz
y acaso el olvido,
una nueva vida
con sueños llenos de sosiego?
Y sin embargo la quieta paz de estas semanas
tras el amanecer,
esa quietud entre los libros
que tan pronto será alterada
por un nuevo y probablemente innecesario
aunque conveniente viaje.
¿Qué hacer, dónde estar
cuando la música suena aquí
tan limpia
entre las aspas del ventilador?,
aunque también persista
la inquietud de permanecer
con su lluvia de interrogantes
atravesando las rendijas de luz y sombra.
Pero aun así, me pregunto:
¿Por qué no asumir la disciplina de la contemplación
en lugar de llenar
el tiempo con nombres de aeropuertos?
¿Qué conseguiré con lejanos viajes
lejos de esta bonita y acogedora casa,
del bello verano, del otoño y sus lluvias?
Y es que es arduo encontrar un tiempo para vivir
la choza en el bosque
la noche, el pálido amanecer
sobre las arizónicas, los libros;
aunque nuestro sino sea vivir
entre un viaje y otro
raíles y asfalto
y el polvo de los caminos
para seguir buscándonos en el movimiento.
¿Nuestro sino?
de que sólo el amor,
aunque sea acompañado del dolor,
es casi lo único que moverá el deseo;
y, además,
también podría embellecer nuestra casa
con menos precio,
buscar la paz en las pálidas madrugadas
también cuando el frío empiece a ser intenso
y deba encender la chimenea
para vivir junto al fuego.
y queda el hilo
de la nostalgia de lo vivido
con su presente en donde el oleaje
y el viento son sólo ya memoria,
pero aún así llenaría la cabaña de libros
haría cálidas estanterías de pino
encendería el fuego
viviría junto al alba
en busca de la plenitud
que nacería del silencio.
¿Y qué si ahora sueño con el otoño,
la delgada luz de la tarde
llegando ya más pálida a mi ventana
la dulzura siempre del crepúsculo
oponiéndome así al movimiento
de un nuevo viaje
y buscando la paz entre las acacias
esa calma que tanto soñé
pero que el movimiento aplaza
constantemente año tras año?
La única pena es que
no suene el teléfono.
Por lo demás convertirme
en centro de mí mismo
y hacer de mí mi plenitud
acaso visitado lejanamente
por los ecos del mundo.
Y por demás tan nobles nosotros
y nuestros pensamientos
que van siendo alumbrados
por la última luz que cae sobre un libro de poemas.
Y pensar que es tan dulce la esencia
que atraviesa la tarde
anulando los deseos de tierras lejanas,
tan cálida la luz
tan grato demorar tumbado
con el libro entre las manos.
15/07/2009
Aquello no fue
más que la invitación
para volver a la igualdad necesaria.
A partir de entonces la ambigüedad
sólo podría romperse
mediante un acto heroico.
Sólo si salvaba esa muralla
yo podría reconocer que su alma
conservaba parte del antiguo vigor.
Por demás si el silencio persiste
el mundo seguiría girando sobre sí mismo
mientras los gusanos dan cuenta
de ese grotesco cadáver
que quedará insepulto junto a la cuneta
al filo de una medianoche
en ese laberinto de estrellas
a través del cual antaño nos comunicábamos.
14/07/2009
Esta maldita tristeza de hoy
y el cuerpo excitado
de los proyectos
o las máquinas que no funcionan
o la permanente incertidumbre
que exige el tributo excesivo
de las horas de inquietud;
y pensar que esto es el día
más la música de unos sauces
con sus ramas vagando hoy
llenas de viento
contra la sombra de la hiedra,
más la sinuosa elegancia
de una culebra
que anoche regresaba
del bebedero de los perros
a enroscar su cuerpo sedoso
entre los setos llenos de negra noche.
Esto es la vida
y sin embargo cuánto dolor
antes de que la brisa pueda
arrancar de la pérgola verde
de la parcela
un alivio entre sus pies mojados.
Con lo grato que sería
volver a la partida de ajedrez
de ayer tarde
en la penumbra
mientras el calor se desleía
en las brasas del próximo crepúsculo,
ligero una vez más en mi desnudez
y a solas con mi inteligencia
y los rastros de una memoria
no siempre tranquilizadora.
De las muchas muertes
que cruzan el angosto cauce
de esta noche
nada peor que esa soledad
que queda en torno al desagüe
por donde desapareció
aquel hilo de esperanza
aquella noche en que la luna se vistió de luto
y sólo quedó el rumor de las palabras
agitando la sonaja de los versos
en una penumbra crasa y deshabitada.
13/07/2009
Presiento que el mundo esencialmente
son el universo de carne y arena
de unos brazos,
de unos besos,
dátiles y palmeras
y el rumor apagado del agua,
sólo eso.
* * *
Como en aquellos templos budistas
que visité en Oriente
donde el jazmín
embalsamaba el aire
y las estatuas del Buda
invitaban al recogimiento.
Así la gracia de pensarte,
mujer.
De los altares de la infancia
quedó como un referente,
este anhelo.
* * *
Anoche tuve un encuentro notable.
Sobre el rectángulo de luz del final de la película
aparecieron ondinas de desenfadada alegría
y largas coletas doradas
que miraban como recién salidas del cascarón
mi alborozo de noctámbulo.
Chicas alegres y bonitas
ponían velas a la noche
con la cera fresca de sus risas.
Fue necesario aplazar el momento del sueño
y sonreír agarrado al fierro.
En este mundo ocupado
en solemnes y circunstanciosos asuntos
no se encuentra todos los días un contento así,
sin necesidad de que el amor
le ponga un precio,
un contento todo de carne y hueso,
doradito, tierno
como un campo de amapolas
con su montecito de Venus
sus senos de melocotón
y el canto de la sirenas
en toditos los poros del cuerpo.
* * *
Fornicar con la belleza
he ahí el íntimo deseo
que se trama
en el plano inclinado del tiempo;
y sin embargo,
las palabras tan insuficientes,
tan erróneas,
tan soeces.
12/07/2009
¿Cómo tirar por la ventana
estos gritos
esta música
tras los claros listones color hueso?
Así, pues, vuelvo,
inevitablemente vuelvo,
rodeado de árboles y pájaros
a la sombra de un olmo
el suelo húmedo
la mañana templada
los perros a mis pies
un halo de mantillo
inundando la sombra,
vuelvo,
desde las entrañas,
vuelvo.
Bajo el aleteo de las ramas
el sol se va bebiendo el agua del riego,
la cubre con su calor mientras yo leo.
Al amor se vuelve
atravesando barricadas de palabras
se vuelve acaso tristes
y aquejados de rencor,
pero se vuelve,
se vuelve al cuerpo amado,
vuelvo,
siguiendo
el rastro de una mirada
las huellas sobre el balastro,
vuelvo.
11/07/2009
Y las cosas del mundo
llegan más allá de los olmos
como remotas aves de paso;
y porque es inevitable la perplejidad
cuando los pensamientos tratan de explicar la vida,
y dormité, por demás,
largo rato en la encrucijada del mediodía,
fue entrañable despertar en esa cercanía
que me viene a veces de ella
como si pudiera aparecer tras la cortina
en algún instante
para reemprender una conversación
aplazada desde años atrás.
Y lo era también esta otra claridad
atravesada de gaviotas y olas
que ablandaba las duras sombras del verano
y al fondo de la cual
la masa de los árboles
daban cobijo a mis reflexiones y al cestillo de mis libros.
10/07/2009
Pétalos de rosas blancas
cruzan por la mañana de los pájaros.
¿Qué puede quedar al cabo,
si me sumo a las aves y a las liebres
y a su estar sin tiempo y sin muerte?,
¿el bello verano por todo atuendo?,
¿la ataraxia de los epicúreos?
ahora que la extrañeza se abre paso
en el hueco destinado al amor
y las cadenas empiezan a fundirse
en el frescor de las mañanas,
cuando las palabras hechas del aire que respiro
apenas se dejan ver
ocupadas como están
en alquilar un nuevo piso para el otoño.
Se me van las horas en meditar en estas cosas
y de vez en cuando, para variar,
pienso en la
delicada belleza
de los cuerpos de las mujeres
y en las formas viriles de los hombres
igualmente hermosos,
y en cómo habré de ir desnudándome de ella,
y en esas proposiciones que preludian el vacío:
primero amor,
después silencio,
más tarde, la nada;
y en hacer penosamente versos
que pueda releer de viejo
cuando la memoria empiece a resquebrajarse
y la ruina de la inteligencia
necesite palabras del pasado
para apuntalar el tiempo.
Al cabo podría quedar
una mañana de verano como ésta
con sus pájaros
y su libro a la sombra de un árbol.
08/07/2009
Liberado de ella,
la pura alegría
llega inesperada al náufrago
que boga en silencio
sobre la balsa
en el espejo de luz de la tarde;
tan verdad como la locura
de seguir queriéndola,
pobre loca,
a la que sigue oyendo llorar
abismada en lo profundo del alba
con su timbre de voz consternada:
¡amor mío!,
él, el loco.
Y sus notas de entonces
a cuyo dorso escribe
son ardientes
y acarician su desnudez
y la alertan
mientras sus manos juegan distraídamente
allDnde el amor se encrespa
y se hace breve oleaje
de noche de luna,
las verdades
estallando en abrasadas
y contradictorias estelas,
la locura tejiendo
su triste mortaja de palabras
en la que enterrar decentemente
al difunto.
07/07/2009
Que a la mañana siguiente
ya no es miedo al mundo
ni ridículo encogimiento
sino variable densidad de los vientos
robusta y sobria marea
que ocupa orgullosa su lugar
en los huecos de la tierra
entre los dedos de esa mano generosa
que alimenta a los hombres
y dora sus cuerpos hermosos,
alternancia como es todo en la vida
fuerza flaqueza, tristeza alegría, dolor amor.
Bendita esta suerte de ser hombre
mientras fuera los aspersores
refrescan el ardor de la tierra
y alimentan a sus hijos verdes,
bendita la suerte de no ser eternos
y de no depender de los dioses
de tener la oportunidad de amar
aunque sea de la extraña y dolorosa manera
en que a algunos nos tocó vivir
la inmensa complejidad de nuestro yo,
la briosa y amada complejidad
de que estamos hechos,
amados seres de un planeta
que gira solitario
en la noche imperturbable del universo.
05/07/2009
Y con la noche y la brisa
el miedo al mundo
a su hostilidad disfrazada de orden,
orden policial para una noche de verano,
y entonces encerrarse
en los estrechos límites de la soledad
donde los ruidos del tráfico y el vecindario
llegan en sordina
dejando un leve desasosiego
que quedará disipado con el sueño.
04/07/2009
¿Llegará algún verano
sin la inquietud de lo distinto
más allá de las parras y los olmos,
viejos olmos entonces,
cuando la lucha del tiempo
sea la victoria de esta hora
donde la sombra de las hojas de la acacia
danzan en el friso de madera
junto a la pintura del hombre postrado
que medita bajo el ventanal de su prisión?
La hora roja contra la cal
se mofa irónica desde su altillo de hierro.
03/07/2009
Frente a la brisa cautiva
llega un temblor
que ya merodeaba temprano
con cierto gozo
junto a mí como una sombra.
Extraña y dolorosa sensación
de brazo amputado
que yo abandoné sangrante
huyendo sigiloso como un ladrón
en la noche de los juncales y los grillos.
Lo amputé
o acaso se amputó solo.
Del muñón cuelga esta tarde
el ardiente vacío.
02/07/2009
Recojo los libros
y los encierro bajo siete llaves,
lejos,
con dolor.
Y hablo con mi padre,
y su voz llega tenue y delgada
arropada por la edad,
un humilde eco de cristal.
Y mientras, en el dorso de esta hoja,
el incesante vivir
de una historia retrospectiva,
cada esquina una encrucijada
la vida y su inacabable movimiento de olas,
la gran inquietud que exuda amor,
amor pústula, amor engaño, amor amor.
Y el incesante vivir
junto al incesante ayer
al incesante mañana
hasta el final de los tiempos;
y por cuya ventana
entra la vida
isótropa, incesante, tenue, violenta: vida.
La tarde se estanca en claras líneas de luz,
suavemente aventados
y llenos de calor
los pliegues de la carne
mientras el incesante vivir y la muerte
fluyen en busca de palabras
que den forma
y pongan orden en la exuberancia;
y recojo en la paleta
colores que deposito amorosamente
sobre el papel estucado de una emoción.
Y le pongo algo de música al lienzo,
unas leves caricias
las salas de un hospital
la visita a un cementerio
donde enterraban a Patricia,
aquella niña regordeta
de mirada dulce
que escribía largos y apasionados textos en clase
... sin saber que estaba muriendo.
Desde hace días
la tarde es un gran barco
con las redes como manos abiertas y expectantes,
y mi pesca es abundante
y siento el contacto del mar
que alimenta mi sed,
roja sangre, tibios labios,
y la proximidad de la muerte,
hielos, paredes, granito, asfalto, umbrío bosque.
Y luego esta suavidad
de mis testículos adormecidos
mientras la miel de la tarde
va dejando sobre la cal
el reflejo ámbar de su adiós.
Este largo demorarse en uno
dejando campar a las sensaciones
a la sombra de unos besos,
la memoria una fiesta
el verano, la tarde, la brisa,
01/07/2009
Hoy hice el camino de entonces
de cuando salía a esperarla sobre el altozano,
un tiempo absurdo y hermoso
que acaso no debiera haber existido,
allá donde los ojos de gato de un todoterreno
eran la dicha inexpresable.
La vena sinuosa del camino
ardía luminosa entre los surcos
de oscura greda,
apenas el alivio de la sombra de una morera.
Dichoso aquel tiempo
en que
a llenar de gozo y esperanza
un tardío otoño.
Pasó un automóvil
y dejó una ardiente nube
sobre la reseca costra del mediodía.
30/06/2009
Ensortijada la tarde de Brisa,
desnuda como la mañana
y su tañido de campanillas,
la mirada brillante
la cortina de la siesta
en su tenue movimiento sin tiempo
¿a qué más?
Frente al ventilador ronroneador
y el resto de un oso de peluche
sobre la repisa de la chimenea,
presente continuo
de hamaca
como cuando en aquel gran río
con sus aguas grumosa y lentas bajo la quilla
pensaba dulcemente en la muerte;
porque
un sorbete de fresa y nata
bajo la sombra
mientras miras pasar gente,
transeúntes, mujeres, hombres,
un anciano encorvado sobre un bastón.
Es verano
y la luz entra listada sobre
la penumbra encalada de mi cabaña
recordándome mi sueño
anteayer junto a las olas del cálido mar del sur,
anoche sobre una cumbre iluminada por la luna
y arropada por pálidas estrellas.
Valle de
Usando del privilegio de las águilas
con su nido allá sobre la cumbre
donde como siempre los recuerdos eran persistentes,
habían dormido entre el raso de las estrellas
y la alfombra de las luces que sembraban el llano
hasta el horizonte donde la ciudad dormía
en su lejano silencio.
El aire era tibio
y fue agradable charlar
hasta entrada la madrugada
sobre la cima arriba de
Aho
agua y bronce tañían
a la hora temprana del regreso.
El gran pino de porte tortuoso y elegante
hacía tremolar su follaje
sobre el verde tapiz
donde los rumiantes dejaban sonar
sus cansinos cencerros
tolón tolón tolón
junto al guirigay de los carboneros
desperezando entre los escaramujos.
Era la hora del regreso,
arroyo abajo
entre los grandes y esbeltos pinos,
por la umbría y callada vereda.
27/06/2009
Oh, ese gran empeño
para quien es chico
y livianamente insignificante
aunque absorbido
por el magnetismo del drama,
hoy que viniendo del mar
desnudé las paredes de su rostro
para que ahora sea
sólo esencia desnuda de su cuerpo,
y poseer solo así el universo
del que manó la abundancia insospechada
si bien que acechada por la inquietud
sin la cual no es posible la dicha.
Empeño en la creencia arcana
de la luz que duerme
en los taciturnos ojos de la soledad,
que aunque hoscos y llenos de rencor
traslucen bajo las frías púas del orgullo
el dolor irreparable de la añoranza,
luz sin la cual no seríamos
más que bestias sin memoria ni raíces,
condenados sin patria
en un perpetuo e inmutable presente.
Sierra de Cazorla, 26/06/2009
Encogido en la urna de cristal
de extraños y exóticos sueños,
forcejeé en el líquido amniótico de la noche
para que el mundo permaneciera
oscuro y en silencio en un cinematógrafo
donde yo, protagonista y espectador,
vivía la notable intensidad de unos hechos.
Me escondí en la oscuridad
cerré con fuerza los párpados
y pasé como si no me enterara
por las puertas de un amanecer negro.
Demoré en la noche
como se demora un orgasmo
…y los sueños se producían en cascada
y llenos de plenitud.
Hasta que el sol me dio en los ojos
en un bosque que olía a romero,
y hube de incorporarme y mirar la mañana
a través de la pequeña rendija de mi ojo
picoteado infamemente por los mosquitos
… para más inri.
La escafandra y la mariposa,
sí, mi sueño debió de hacer alguna visita
al fondo de los mares
porque me desperté con una disposición nueva:
hoy sería día de hacer nada.
Más tarde sentí una brizna de felicidad
limpiando de abrojos mis medias de montaña;
desempolvé mis botas
arreglé un boquete en el saco de dormir,
puse algo de orden en mi refugio volante.
La mañana se hizo
para el cuidado de mi cuerpo,
de mis botas,
de esos utensilios que me acompañan
en silencio, fielmente.
Y sólo bastó echarme a un lado en la cuneta
para descubrir otro mundo,
buscar una sombra, afeitarme
hidratar mi piel, tomar un descanso.
El apacible encuentro entre mis cosas y yo,
las que protegen mis pies,
me abrigan, me orientan o me alimentan.
Fue delicioso perder el tiempo en naderías.
Mirador de Grima, Almería, 23/06/2009
El sudor empezaba a humedecer mi cuerpo
cuando por encima del collado
asomó el alba,
una aguada vaporosa a medio hacer
buscaba asentar las formas
sobre el grueso papel del amanecer;
sin prisas, envuelto en la atmósfera opaca de la costa,
el sol fue poniendo perezosamente aquí y allá
pinceladas de herrumbre y ceniza,
algunos toques de ámbar
fueron cubriendo el desierto de las colinas
y las ramblas,
pintando de amarillo las flores de las chumberas.
En la cumbre el sol llegaba renuente
retenido por la bruma
que demoraba su aseo matinal
correteando entre pinos enanos
de brillantes hojas.
De la palas de los cactus pendían
delicadas gota de rocío
donde el mundo aparecía patas arriba
a punto de desplomarse sobre el suelo.
Mirador de Grima, Almería, 22/06/2009
Hoy la playa
tiene el color de la canela
y en mi equipaje unos preservativos
continúan esperando inútilmente
desde la última luna llena.
El agua golpea
como un metrónomo
su regularidad sobre la arena.
Ella marchó
y yo me quedé solo
con la espuma y sus olas.
Y miro y no me gusta
que todo sea como es,
esa luz plana del mediodía
que roba los relieves
y da a la desnudez de la playa
unas pinceladas de prosaica cotidianidad,
nada que sugiera en ella
ese misterioso fervor
que mana de las horas
de encantamiento y seducción.
No, no me gusta
que las cosas sean lo que son
bajo esas leves y transparentes nubes
que posan entre el horizonte
y los flecos de mi parasol azul.
Cala del Siscal, Murcia, 21/06/2009
Tomo nota de ese gesto
que quedó abandonado en mi retina
cuando la mujer cruzó la calle
y me recordó
otro gesto, otro semblante.
Lo guardaré para dentro de un rato
cuando sentado en mi silla de lona
frente al mar
pueda repetirme,
no sin cierta sorna,
lo ingenuo que fui;
y eso distraídamente
mientras el mar se llena de olitas
y la playa queda adornada con sus parasoles
azules y amarillos.
Pero, de repente,
lo sé,
a la tarde me pondré triste,
las olas seguirán brincando
y el sol dejará un horizonte
de sombras y ceniza,
y entonces pensaré
que no debería haber dejado
que aquel gesto llegara a mi retina.
Playa de Covaticas, Murcia, 20/06/2009
Caminar por la orilla del alba
junto al mar
y las palmeras,
junto al mar
y sus olas negras
mientras la luz
se bebe sorbito a sorbito la noche,
junto al mar
de agostados arbustos
y livianos pájaros;
antes de que el sol se haga de fuego
en la mañana del mar.
* * *
Quise vivir en el jardín encantado
de un sueño
y, como la paloma una vez más,
me equivocaba.
Mi princesa había salido
del bosque fatídico de los sin esperanza,
voló con su parapente sobre mi cabeza
y, visto y no visto
me robó el corazón.
Mas después,
con la tiranía de los débiles
hizo de él un aeroplano de papel
y lo lanzó por los aires lejos de sí.
Ahora cada madrugada
busco mi corazón
en el momento mágico del amanecer,
por las ásperas montañas del sur,
junto al mar.
Esta mañana me encontré
parte del fuselaje
prendido en los pétalos de una flor.
* * *
Bajo el parasol azul
yo y esta cosa rara
desnuda entre mis piernas.
Y dos metros más allá
las olas y sus ruidosas gárgaras
entre los grandes guijarros húmedos.
Sí, no deja de ser mi volcancito
una especie de extraterrestre
erguido ahí somnoliento
sobre el pretil de la tarde
frente a las montañas azules de Cezanne
y la luz del mar de un cuadro de Sorolla.
El Parrillar, Puerto Mazarrón, Murcia, 19/06/2009
Y el roce de unos senos
atravesó más de media vida
y fue a caer sobre la tarde
como un cosquilleo
lleno de la ternura de un recuerdo de infancia.
Era una tarde gris perla
y las gaviotas atravesaban
el cielo perezosamente
mientras el agua susurraba
en pequeñas olas su monótono alias.
El tiempo se había dormido
en los brazos de la brisa
y entonces fue fácil recordar
aquel roce en la espalda
grabado para siempre
en mi memoria
como canto de una sirena
que sólo se deja oír
cuando cerramos con toda nuestra fuerza los ojos
en la soledad de los días propiciatorios.
Cabo Tiñoso, Murcia, 18/06/2009
Por las ramblas arriba
las adelfas tapizan el valle
el romero perfuma el aire
la moscas, inevitables golosas, zumbaban
unos pocos pájaros silban entre los arbustos.
Por demás el lugar viste una lujosa soledad
barrida por la brisa,
las montañas de cabo Tiñoso
se alzan sobre el agua
cuando aún ésta dormita
en el regazo de la ensenada.
Es la hora del caminante
que baja por la senda
despertando a los guijarros
y pintando en su lienzo digital
los colores de la alborada,
para que no se le olvide que existen
mañanas así
como días al principio del mundo,
brisas que obligan a las adelfas
a hacer delicadas reverencias,
como un beso
como el temblor de una mirada
que posa levemente sobre otros ojos
que a su vez la están mirando.
hasta la calma dormida del mar
y las olas despiertan
y saludan con la mano al caminante,
se alejan con un bye bye.
El caminante, el mar, la montaña
son una misma cosa,
caminan de la mano un par de horas
y luego el mar desaparece
y quedan las adelfas, el romero, las moscas.
Las nubes, elementales,
han ocultado el sol
y es placentero subir por la roca clara
con sus hoyuelos color café con leche
donde crecen pequeñas matas de romero
y estiradas adelfas carmesíes.
Esa necesidad, hitos en que apoyar el curso de la memoria; porque siendo que el vacío se lo traga todo, que quede al menos el perfume de esa mata de romero que alegró tu alma aquel día, aquella tarde en que el sol caía lentamente sobre la brasa del horizonte.
Como cada tarde
las olas vienen a mis pies con sus verdades,
hacen un pequeño ruidito,
tac tac tac tac
y se amansan sobre la arena
que escucha la monótona retahíla
mientras piensa en otra cosa,
los tiempo en que fue
alta montaña
cuando alimentaba el frondoso pino
o le cubría la húmeda hierba
de los altos prados
o acaso cuando todo a su alrededor
era silencio
y la luz llegaba aterciopelada
envuelta en húmedas y verdes estrofas,
lejanos tiempos
en que el aire era muy fino
y cada amanecer era despertarse
con las manos llenas de promesas.
Hoy subí a las montañas
para bajar después al mar
por el valle de las adelfas.
El mundo era nuevo
y la luz, que bajaba del cielo lentamente,
se fue instalando por los
rincones de los valles
mientras yo hacía el camino de los acantilados
donde minuto a minuto
despertaba el día
entre las flores y los cantos rodados.
Al fondo, en el mar,
flotaba una isla puntiaguda
a cuyos pies la mañana
hacía las abluciones de luz.
grandes peñascos
como gigantes decapitados
en el tumulto de una gran batalla de piedra.
Fue después cuado dejé
el mar a mis espaldas
y subí por las ramblas perfumada
por las flores,
cuando el calor
era ya un pesado fardo
que hacía penoso el camino
y el cuerpo desnudo de las montañas
había perdido su encanto
bajo el peso implacable del sol.
Y sin embargo todavía era necesario
atravesar el amplio páramo
y alcanzar las montañas
cuyas raíces se hundían abruptas en el mar,
y soportar la fatiga y el sol
hasta alcanzar de nuevo
lo alto de la sierra
donde las luces del alba
habían venido a abrir mis párpados,
arriba sobre la cumbre del cabo
donde una antigualla de otros tiempos
barrió con su fuego el horizonte marino.
Calblanque, Murcia, 16/06/2009
Esta luz que se abre paso como un abismo
abrasando la mirada,
colinas de arena en la hora de la inquietud,
la extraña inquietud de otros cuerpos
del rayo, del mar de la noche
salmodiando miedos desconocidos
el deseo desnudo de tus ojos
que sabe que traigo la distancia conmigo,
que no fui hecho para la concordia
aunque sí para el amor.
El surfista solitario
cabalga en su patín
sobre las indómitas crestas blancas,
al otro lado de las elegantes dunas,
eso que será la fiebre una vez más
a la caída de la tarde.
Y por si fuera poco
no habrá tiempo para aprender
lo suficiente
antes de que seas ceniza fría
entre las manos del tiempo.
No habrá tiempo
tu cuerpo quedará temblando en el vacío
nada entre los brazos,
tan sólo la inquietud de haber amado.
¿Cuándo empezó a suceder
mirar con tanta inquietud
los bellos cuerpos
jugando con los rizos espumosos del mar?
Me di un paseo
las rocas rompieron indolentes
contra el vacío,
acaso esté llegando
el momento del infortunio definitivo,
ese maldito escepticismo
tan avalado y gris
con su olor a impotencia y a orines.
* * *
(
sobre la testuz de las olas
que boga hacia el sur
entre los brazos de aquel cuerpo
y que mojaba la marea
con su plegaria
en aquellas tardes,
y que el viento traía
junto a la lejana voz del almohacín
desde el otro lado de las dunas.
15/06/2009
Y dejar los sesos
esparcidos por el asfalto,
sin respuesta
todos aquellos errores
los ratos de amor
que fueron razón para una vida entonces,
y despertar cada mañana
con amargo sabor de boca,
las flores aplastadas sobre el cemento
el vómito sobre la cama
larvas bajo la piel
los torpes convencimientos
pudriendo cada brizna de razón,
los sueños colgados del gancho del carnicero
en blancos espacios de hospital
qué otra cosa puede hacer uno
que recordar,
loco de atar,
en el camino el carro de los cadáveres
atraviesa los campos agostados de calor,
a lo lejos las tristes las campanas
los gorriones despertando de la siesta
13/06/2009
Al recuerdo se vuelve igual que a los veranos,
con ganas de tocar el mar.
( García Montero. Habitaciones separadas)
El caminante está solo y
contempla en silencio el enorme sol
cayendo al otro lado del horizonte,
respira el aire que sube del mar
y piensa que ha llegado el verano,
es hora de regresar.
El paréntesis se cierra,
las calurosas tardes
y el intenso olor a tierra mojada
le esperan camino de casa.
Ahora el caminante lo que más teme
es no poder volver
a decir las palabras que un día dijo,
que su nombre,
que el agua oye de sus labios
cada mañana cuando baja a rezar
junto a las olas,
termine por morir
en la obstinación de un final de primavera.
Cuando las cosas son lo que son,
qué tristeza entonces.
12/06/2009
¿Y si el misterio se encontrara
en las palabras no dichas
encerradas en el opaco silencio,
vado practicable sólo
en los momentos de vasta melancolía
cuando el mutismo de la noche se abre
y deja en el eco de los pasos
el santo y seña de unos pocos porqués?
Y comprender fuera
atravesar de su mano
por esos ecos
que fueron quedando prendidos
noche a noche
de los sarmientos que cuelgan
como negros fantasmas
frente a mi propia oscuridad,
cada noche
susurrando con sus alas de pájaro
y los pies húmedos,
entre los setos y la grama
bajo la luna macilenta
posada sobre los juncales,
mientras el mochuelo y sus grandes ojos de felino
vigilan los sueños de los durmientes.
Se encontrara acaso
en el tuétano de nuestras contradicciones,
el roquedo tantas veces inhóspito
bajo cuyos pies
el dolor y el anhelo juntan sus aguas
y lloran y ríen ladera bajo
porque la vida es así y no más.
11/06/2009
Estropajillo no habla
no contesta
un duende le comió la lengua,
mi tinta se desparrama
por los renglones de la mañana
por ver si en una ventolera, plaf,
ella va y por mi verja
asoma su mirada de pícara
de los días de fiesta.
El agua fresca de la mañana
donde flotan las hojas de los sauces
me despierta,
es el frescor del verano
donde en el mediodía de un mes de junio
su silueta y unos cipreses se reflejan.
Yo no puedo decir como el poeta:
la quise, es verdad,
pero ya no la quiero;
porque yo la quise y
aunque para olvidarla
marché como la paloma
por los caminos del mundo,
me equivocaba.
Ahora es junio una vez más
y mientras ella corre
una lluvia de estrellas
cae a sus espaldas
sobre las encinas del camino,
las sombras huyen hacia la noche
amasadas entre los árboles
donde crecen olorosos los narcisos
de otra primavera.
* * *
A mitad del poema
el hada mensajera
puso sobre mi mañana
de pajaritos cantores
y agua fresca
unos pocos renglones,
bienvenidos sean.
08/06/2009
Caminando a ciegas por los oscuros pasillos
mis manos encontraron en alguna arista
el calor de otras manos sobre el muro
y lo que anoche fue desolada encrucijada
se hizo entonces oloroso ciclamen;
enredadas rosas en el hierro de la pérgola
crecían sobre la encrucijada del laberinto.
07/06/2009
Me despierto y es de día,
la cortina la mueve
el vaivén de la brisa.
La vida se expresa
en el temblor de las hojas;
cuando el viento las toca,
cuando el agua las moja,
cuando caen heridas por el rayo
ellas hablan;
hoy dialogan con la cortina y la colada
y yo escucho su cháchara,
y la de la paloma, tan monótona,
y a los otros pájaros
y el frufrú de la ropa.
La habitación está en penumbra
todo es leve a esta hora,
la maravillosa complejidad
está posada en la cortina, en las hojas,
en mi ojo que las mira
en el hombre que despierta y reflexiona
o sueña con una mujer
nacida de la noche
como Venus de su concha.
El verano está cerca y el hombre,
refugiado indolentemente entre las sábanas,
medita sobre el amor y la guerra,
amor cortado en metros de ternura
y acuñado en raras aleaciones de violencia;
no importa, observa,
él ama gozoso aquel metro y medio,
que esta mañana de nuevo añora.
Buena gente, la maravillosa complejidad.
Las cortinas se mueven leves,
es hora de levantarse.
06/06/2009
Estremecida poesía
de la noche del camino
con sus ojos de luciérnaga
abriéndose paso en la extenuación,
hacia del alba.
Transcurría la madrugada
entre los breñales de los cerros
y los caminos cubiertos de oscura tez.
De ella reconstruyo la emoción
que la herida abierta de la memoria me trae;
correr noche y día, caminar,
eventos para un mes de junio
de primaveras halagüeñas
donde la emoción extenuada de la memoria
recala:
memoria preciada y lúcida,
ambos de la mano,
como aquellos reyes que decía ella.
Correr cuarenta y dos kilómetros, cien;
a fuego sobre la memoria,
en la noche del infinito cansancio
de atorados músculos y carnes escocidas,
y sobre los pies maltrechos
seguir caminando cuando el sol
se abre paso en el encinar dormido
y dora los trigales
y vuelve a castigar con su fuego al caminante
que prosigue su itinerar hacia sí mismo,
la lejana meta del mediodía,
de la mano,
por el estrecho sendero de los brezos.
De nuevo en casa, 05/06/2009
Entiérrala amante
bajo las hierbas y los espliegos
junto al osito de peluche,
entre el caballo madera
y el buda de alabastro negro,
allá donde las raíces de tus versos
beban la humedad de su presencia
trepando en perfumada madreselva
por el frescor de la tarde.
No muy lejos
para que el viento
enredándose en sus hojas
esparza por mi casa
la fragancia de otro tiempo.
Y es que hoy,
tras un breve vagar
por las tierras del norte
donde noche y día
largamente las olas acarician el alma,
el lamento del opus 91
llena de rumores la noche
con el frufrú inquieto de la distancia.
Recostada mi cabeza en la mesa
mis ojos se alzan con aquella voz
hacia el alma de las cosas,
miran el solitario espacio oscuro
donde agazapados se agitan mis recuerdos
impregnados de mañanas de domingo
de olas, de viento, naturalmente.
San Andrés de Teixido, 31/05/2009
Ser tela vieja desgarrada,
es el precio, amado mío.
Precio de un agradecido error
en todo caso, digo yo.
¿Y el peso de sus mentiras,
amante sin cordura?
Las monedas de oro del tiempo son el precio,
tanto amaste, tanto pagarás, amante;
criaste cuervos; sea dicho sin rencor.
Junto a los pinares de san Andrés de Teixido,
la niebla se fue y vino una fresca mañana de sol;
en ella reconstruyo ladrillo a ladrillo,
desanudo lágrimas y noches de insomnio,
deslío ofensas
avento las nieblas de las ensenadas:
despertad, disolveos.
Qué tan mal lo hiciste
mi pobre loca,
cuerpo pequeño ahora estéril, seco;
despojado del atributo de mis caricias,
amada mía, ahora sólo eres
el precio que yo pago,
ahora que soy otro,
a saber, un caminante con un pesado tesoro
todavía a
Playa
¿No eres tú, obsesión de la mañana,
la que tienes nombre de mujer,
la que camina por las playas hoy,
que con tu anhelo llenas de energía mi cuerpo
das instancia y camino a la vida?
Sobreabundante fuerza,
sol, viento de otras causas,
¿no es así en la Naturaleza,
tormentas aparentemente inútiles
el mar rompiendo noche y día
contra su hermana Tierra,
el viento reduciendo a polvo las montañas
el fuego abriéndolas en canal
elevándolas,
así por los siglos de los siglos?
¿Siempre la fuerza de un anhelo
levantando montañas,
haciendo versos
resucitando la muerta abulia de una vida sin sentido,
convirtiéndola en hervor de sangre
en música
en tintes con que pintar
el cuadro de cada día?
Energía primera que reproduces la vida
en el hueco del tiempo de cada primavera,
encastrada en las entrañas del ser, mujer.
Y aun así perecer en la especulación del otoño
abrasado de su fuerza,
del amor que brinda nuestras ganas de vivir,
inventar acaso también un hilo de razón
que nos deje satisfechos,
cuerdos a imagen y semejanza de nuestros delirios
de nuestra sed de durar y de amar.
Y azotan con el ímpetu de su pasión
las olas blancas sobre la mañana azul,
también ellas encerradas en su ciclo loco
de crecer y deshacerse en húmedas franjas de arena
mientras la luna crece o mengua,
sin tiempo.
Costa Ártabra, Punta Frouseira, 28/05/2009
Desnudo sobre el acantilado
miro hincharse las aguas verdes,
el cordón de agua nace solemne
de la nada,
avanza, se hincha,
sus pies tocan la arena
y el arco se convierte en un gran rizo,
se rompe en ruidosos encajes blancos
en besos sobre
A
camina solemne sobre el mar
huyendo hacia el incendio del horizonte
hasta el gran mar de nieve.
Las grandes zarpas
junto a la espuma, negras,
el lomo de la fiera, verde.
El monstruo duerme
el agua lava sus pezuñas,
las gaviotas pasan acariciando
el tapiz en sombra,
se alejan cruzando la espada de fuego,
hacia el sur, donde la tierra
es una silueta de ceniza
avanzando hacia el azul.
Estoy desnudo frente al mar
las garras, la espuma,
el gran camino que brilla sobre poniente.
La brisa mueve
las briznas de hierba y sus flores,
sólo el monstruo yace quieto
con sus zarzas cubiertas de espuma.
Cabanas, 25/05/2009
Con su nana de lluvia sobre mi tienda
la tarde de plomo y agua
transcurre entre el Brunete y el Navalcarnero
de una novela de antes de
Sobre
la campana da a lo lejos las horas.
Llueve,
las olas dejan el rumor agreste
en el paño monótono de
Aislado
escucho expirar la tarde,
en ayunas, como un devoto en penitencia,
me meriendo trinos de pájaros
y tañidos de campanas,
algunas gaviotas que graznan bajo el agua.
Loco coleccionador de instantes
a fin de cuentas,
de cuando la savia sube
desde la tierra preñada a las ramas;
hoy óbito preñado de olas y agua.
Ría de Betanzos, 24/05/2009
Entre pastos y breñas
yo seguía el rastro
de un temblor que me aleteaba dentro.
Entonces ella vino sobre una nube
a besar el mar
donde mi tristeza
bogaba entre las olas.
Sobre una nube de aquellas
la mujer pequeña
recitaba versos de Lorca
mientras sus ojos se hundían
en el tiempo
de un dolor nuevo
de una esperanza entrañable.
En el hueco amado de mi memoria
donde ella siempre está
un claror bajaba temblando
a besar mis labios.
Oleiros, 23/05/2009
También la sed de comprender
sed a paso de hombre
mientras la ciudad y su perfil de hormigón
se aleja en
Hambre
conocer qué te quita el sueño
te rompe
te alenta,
sorprende las horas de tu día
con su persistente ardorosa presencia
mientras las calles y sus mil rostros
van quedando atrás.
Cruzo la ría,
se desdibujan tenues las casas de los hombres
al otro lado del mar
por entre los pinos
más allá de la silueta del castillo de Santa Cruz:
Oleiros,
callos a la gallega
el sol tratando de abrirse paso,
las condiciones de una hipoteca
las mujeres,
el mundo habitado por mujeres, también.
Cuesta entender un trabajo de
tan complejo,
tan claro y luminoso:
cómo se decanta en la mañana
las pocas cosas que importan al hombre.
Anoche vi Cuatro minutos,
también aquello era difícil de entender,
la prisión, la música, el amor,
sentimientos que somos
y roban la serenidad.
¿Qué queremos comprender?,
¿nuestro amor, nuestra sed, nuestra hambre
nuestra desazón?;
mientras trabajamos
acaso nuestro cuerpo logra substraerse
a su fuerza gravitatoria,
pero es una ilusión,
aquella de
que sólo sirve para postergar el amor,
esa otra de La ley del deseo
que en la oscuridad de mi vivac
alumbraba nuevas razones
tras las que transcurre
nuestro congénito torpor para amar.
Tan torpes siempre,
nosotros, los hijos de la razón,
los deseosos amantes.
Y el mar estaba ahí como cada mañana
con su lienzo de niebla
mezclando en aguadas de plomo
la gastada luz del norte
tras las que surgía la ciudad gris
como una Atlántida fantasmal.
A Coruña, 22/05/2009
Al menos te ha de asistir
el derecho de soñar,
y la desvergüenza de decirlo,
hasta la saciedad
porque no hay mujeres
en el mundo con que cubrir
los despojos que dejó
aquella hora nebular.
Después todo era blanco
huríes y ondinas
palpitaban en leves olas
entre las frágiles curvas de la primavera
con su clac clac coronando la mañana
a través de laderas como dunas.
Qué lejos estaba el mar
en esta blancura neutra
donde se abrían los pétalos de las rosas
y donde más tarde una María Magdalena
una mano sobre la muerte
otra sobre el santo varón de la cruz
expresaba su devoción de amante;
o donde serias damas
entre las sombras de un lienzo
miraban circunspectas;
donde el hombre inventaba monstruos
y llenaba los diabólicos infiernos posibles
con saturnales en que saciar la inquietud
ciega, palpitante
que medra bajo la piel;
atento sin embargo a no olvidar
esta bella tierra de aguas
y ensenadas de luz marina
donde también es posible encontrar
colgado un cuadro de Sorolla,
estameña capa machadiana
arrollada sobre el cuerpo de un pastor.
La mañana se había aislado
en una blancura almidonada.
antes de echar a andar
por las estrechas calles de piedra.
Fue después que hubo que salir
y encontrarse con los cuadros y
la emulación del silencio azul
y las voces de los niños bajo el mar.
el tiburón aburrido e inapetente del acuario
nadaba parsimonioso y abstraído.
Había una calma letal
en ese fondo de mar prefabricado
donde la luz del sol iluminaba difusa
su grey apresada y bien alimentada;
pero obviamente los peces eran peces tristes
condenados a girar como borricos parsimoniosos
alrededor de su noria marina.
Frente al mar de Galicia, 20/05/2009
Rompe el agua blanca
contra la tierra pedregosa,
susurra el agua clara
en la pendiente de la arena
oraciones de espuma
con su abanico de seda.
Y el azul se eleva perezoso
como un gran río
viniendo a besar
El
ha acabado sobre los acantilados de piedra.
El círculo se cierra
en atolondrado balanceo
de aguas verdes y crespas.
No hay destino;
tampoco para el mar:
volver atrás,
caminar por el reino de las aguas azules,
de las aguas de las gaviotas y los albatros,
de acá para allá por el eterno presente
del hueco de una caracola
donde una sirena canta siempre
la misma historia.
* * *
Y yo camino de mañana de la mano
de esa reiteración de rumores y arpegios,
ahora salvaje mole de agua
de vasta testuz
abalanzada en hermosa montaña rusa
sobre
El
entre aulagas y violetas
sobre ruidosos acantilados de piedra negra,
al borde de los bosques
en medio de esta mañana
de sol aterciopelado por donde bogan
lejanos barcos de pesca.
Sentado junto al camino
un servidor contempla la mar
y sueña.
Malpica, 18/05/2009
Todo refluye hacia el mismo drama,
fuera helaba y delgados cristales de hielo
se formaban sobre el parabrisas,
o si no era la larga noche de los cuchillos largos
o el pálido amanecer en cuya delgada capa de escarcha
habían quedado grabadas
las huellas de unos neumáticos,
o la avistada posibilidad de un incendio
más allá de las retamas pálidas de frío.
La misma historia
en donde frente a un equipaje
que alguien había olvidado
en el al sinfín de un aeropuerto,
un hombre absorto en sus pensamientos
espera inútilmente tomar un avión a ninguna parte.
Mientras, el mar rompía ciegamente
contra la tierra en hermosos laberintos de espuma.
Laxe, 17/05/2009
Convertir la ciega pasión de la reproducción
en intensa poesía
temblor último en el extremo de cada célula;
encontrarse
morir en otros brazos
rezar para que la existencia siga teniendo sentido
y continúe habiendo rumor de olas
en largos y sollozantes encajes blancos
sobre las playas del mundo.
El agua desciende hervor
entre los cantos rodados
metales de voz gruesa
en el concierto de la espuma
luz de luna sobre la arena,
y en torno a ella el azul sin tiempo
el mar sin tiempo
bullendo junto a la finitud de la vida,
pulida, dislocada, vejada
vejada por los años y las mentiras
ennegreciendo como una turbera
de cuerpo húmedo
aunque rodeada de espléndidas flores amarillas.
Pero qué grato el sol
sobre mis mejillas
frente al hervidero de la playa,
cuán grato el presente
y el vuelo de las gaviotas
y las manos cálidas de las rocas
que acarician mi piel.
Camelle, 16/05/2009
¿Y si no fue más que un ardiente y falso cuerpo?
¡qué ruina la mía, entonces!
¿y si no fui más que un entretenimiento banal
en su vida de esclava,
si sólo fui el provecho que da a un mendigo
el calor de un refugio casual en el camino,
objeto útil de usar y tirar?
Oh, humillación
porque entonces,
¿cómo seguir guardando un escorpión
en el rincón más preciado de mi memoria?
Saber acaso que todo en ella era falso y disimulo,
como esas playas que se tragan a los bañistas incautos
como el cuclillo que medra, asesino, en el nido ajeno.
Altas olas que os deshacéis en torres de espuma
sobre las rocas romas de la distancia,
¿en qué lugar enterraré mis dudas,
ese terrible interrogante que apresa a mi animo
frente a la fiesta del mar agitado e imperturbable?
Lires (Galicia), 14/05/2009
Acaso cuando te busco
entre las sombras de la memoria
es a mí a quien persigo,
el amante que fui
el padre, el hijo,
Te
en que la vida tenía sentido pleno,
te busco en ese río que beso,
en la playa azotada por el viento
en donde hundí mis pies esta misma mañana,
en el vuelo de las gaviotas
que huyen de puro miedo, como tú,
envuelta su huida en graznidos
en los deplorables monosílabos
de quien para no confesar la verdad
llena de fango
el prístino espacio de
Hace
y me tendí bajo el aleteo parsimonioso de los eucaliptos,
su aroma bajaba entre los robles y los sauces
hasta mi memoria que trataba de recuperar
lo que mis manos tejieron en esos pocos años,
ese viejo tapiz que daba sentido a la vida
y abría una vía de esperanza a tu desolación,
contigo, en tu carne, en nuestros besos,
en medio de una inmensa ternura, sí.
Camino de Fisterra (Galicia), 12/05/2009
Me duelen las formas gráciles que los sueños
dibujaron para mis manos,
me dueles
en la inquietud de la mañana
cuando el día se alza sobre los campos
penosamente
lleno del sabor a azufre
que despierta en mi paladar
la lejanía
el hogar apagado
las brasas mortecinas.
Me dueles tú,
metástasis del mismo dolor que vive
en la muerte y en todo aquello que no comprendemos,
que arde en nosotros musitando plegarias
que buscan aliviar la ansiedad,
del ser
de vivir atrapado entre los manglares donde
en el opresivo laberinto de los matorrales inundados
sólo existe la débil claridad del cielo.
El dolor de despertar
bajo la tierra donde canta una fuente
y crecen el espliego y los chupamieles,
porque allí las cosas tienen otro color
y vibran de la pura alegría de estar vivas;
de incorporar el cuerpo al día,
dolido de ti.
O quien sabe de qué o de quien.
A veces pienso que no es el vendaval de tu recuerdo
el que aventa toda mi pena
ni la brisa azafranada de tu memoria
la que barre la textura del crepúsculo;
porque no es infrecuente que la euforia
levante vigorosa sobre los trigales
dejando atrás el lúgubre campanear de bronces y anhelos
que fundieron sus campanas
en húmedos y lóbregos rincones de la conciencia;
no es infrecuente que encuentre, es verdad,
que en la pajarera que aturde la mañana con sus trinos
recoja junto al dolor
la dicha gozosa de mana de la memoria.
08/05/2009
Atardecía con un lejano canto de pájaros y grillos
y el sol rasante hacía brillar
el pelaje verde del prado.
Sobre las almenas de la sierra esperaba la noche de la luna
mirando satisfecho el telar del tiempo,
entonces, cuando su alma vagaba por mares de desolación
y tocó tierra;
las aguas del atolón estaban infectadas
pero era hermoso el anillo perlado
rodeado de palmeras,
aquel otoño con sus playas doradas
y el cielo profundamente azul
y el mar profundamente misterioso.
Después que él y su soledad tocaran tierra
ambos levantaron su choza al abrigo del viento
junto al azul turquesa de la laguna;
allí permanecieron un lustro
un tiempo intenso que después dio en llamarse incierto
oscuro como los ojos de la noche.
07/05/2009
Cuando aquí comienza la primavera
y la voz de Dido tiembla en la parcela
despertando cada partícula de mi ser a la llamada
de una estación inaprensible y lacerante,
rebulléndose en mí en el lamento de esa voz,
me impongo, hora es ya, volver a caminar el mundo.
¿Encontraré en mi camino ojos, rostros, cuerpos de mujeres
en que rescatar la savia que necesita mi alma de solitario,
en los bosques,
junto al mar tras el cual van ahora mis anhelos,
esa infinitud de lo femenino,
el mar,
única sustancia capaz de aliviar mi sed?
La continuación de mi peregrinaje está en marcha,
el mar me espera al borde de Finisterre,
ojos de mar de mujer encastrados en mi carne
junto a las olas y los bosques,
la tierra bajo mis pies
el cielo estrellado de la noche,
mi sed
mis piernas de nuevo abriéndose paso
en la costra terrosa del planeta.
06/05/2009
Me había adormecido sobre el balcón de piedra
y las luces de los pueblos
ocupaban el ancho cauce del llano,
las cabras montesas
miraban de hito en hito
mi merecido descanso en lo alto de un risco
Quizás fuera hora de ocuparse de los pezones
naranjitas y limones
unos que asomaron traviesos
en mi campo visual
prometiendo consuelo a mi soledad
desde la escueta finura de una camiseta blanca.
¿Por qué será que hay días
en que unos pezones brincando
dentro de una camiseta
de transparente algodón
producen el pequeño milagro,
que el pocillo encantador
que se abre en aquel escote
se convierta en cauce locuelo
por donde los ojos caminan
felices como niños en mañanas de Reyes?
Hoy sin ir más lejos
que caminaba serio y circunspecto
y cruzaron mi camino unos pechos
chiquititos como los de mi novia,
ex, mal que me pese,
y que sin comerlo ni beberlo
el cuerpo se me puso contento como unas castañuelas.
¡Dios, qué cosa más bonita
aquellas mandarinas liberadas de sostén
brincando entre las jaras!
¿Por qué será
que en una mirada terriblemente breve
pueda sonar toda la música del universo?
La chica de esta tarde no era muy bonita
pero no importaba
fue la cuesta por donde rodó mi primavera,
a
y el aire se llenó de promesas
en forma de canalillos y de cuerpos
que yo desvestiría a la noche,
despacio despacio tiraría de las cintas de la memoria,
una a una,
cinta por aquí,
lacito por allá,
despacio,
cayendo las prendas indolentes
leves sobre el suelo,
una a una, media docena
caminando hacia la noche
demorando los cerrillos
bajando el valle ensortijado con los labios
recogiendo nardos entre las dunas,
gemidos
lágrimas y gotas de rocío
umbríos rincones
despacio
trepando entre maullidos
y gañidos de violines
de besos llenando las oquedades
la espada entre los labios
las manos entre las manos
los labios en los labios
las manos
bañados uno en otro
rezando
recogiendo dulcemente el néctar con los labios,
y alcanzar el santuario
y rezar postrado
las manos sobre los vasos cálidos.
En mi vivac las palabras convocarán
a los santos y santas de la noche oscura
y a sus rincones sagrados
a sus bocas ardientes
a sus cuerpos húmedos,
convertirán la noche
en un carraspeo contra las puertas de la eternidad.
05/05/2009
Ante aquella lanza de fuego
me hice hueco, cueva
caverna musgosa y húmeda,
me hice hueco,
cueva, ella
y sentí cómo su espada
penetraba toda ella dentro
mientras apretaba mis ojos y mis pensamientos
en el fondo del calor tenso y prieto
que llenaba inapelable mi oquedad;
persistiendo desesperadamente en ser ella
el fuego se hacía denso
extremadamente dulce y profundo.
Conservaba una imagen
una hora de abrupta exaltación
con su cuerpo brasa
a punto de reventar en la hora de la siesta.
De allí había usurpado yo su cuerpo y su deseo,
mío, abierto a mi vez, penetrado
temblorosamente por ella.
Seducción del yo ella
batido sobre el suelo
la mesa de un despacho
un prado bañado por el sol
la perversa inversión:
ser el otro hasta a hez,
sorber su tuétano
y acariciar las entrañas de la amada
y, penetrado,
apresar su alma entre mis tirabuzones.
Y escribir sobre el dorso
de esta misma historia
cuando estaba en sus comienzos,
allá por la primavera de unos años atrás
aunque sea un tren varado
en una vía muerta,
es como ir al cardiólogo
para constatar que mis huesos siguen ahí
los mismos,
mientras los almendros van quedando desnudos de flores
rodeados de frío y pájaros.
Escribo sobre el cuerpo presente del pasado.
Versos.
Arranco a tiras la piel a las razones
y trato de exhumar los olores
los restos que nuestros cuerpos
dejaron en las sábanas,
los sonidos y las palabras
que duermen agazapados en el cañizo
escondidos tras los cuadros
entre las pelusas bajo la cama,
acaso lo que de nosotros
quedó temblando en el breve espacio
encantado de la cal
junto al pan y quesillo de las acacias.
04/05/2009
Me fui
y eché de menos estos versos,
así que esta noche vuelven la espuma blanca
y las palabras
resonando todavía el eco del maestro,
Chejov hace un rato
en un Platonov desbordante
que me interrogaba en la oscuridad de la platea
por la parte de verdad que es de ella
por la mía, perdida en un laberinto.
* * *
Mecido en el ronroneo del motor
suya era la sombra que cruzaba el haz de luz
de los faros en la noche.
Imposible no volver a pensar una vez más en ella,
en cómo será ahora su rostro acaso marchito
entre las horas de un domingo,
sus manos lacias en una vacuidad sin remedio,
sus celos
su lengua viperina
su endiablado orgullo
su cuerpo que mis manos tanto amaron,
estéril ahora,
seco entre manos inmundas,
cómo en esta tarde
en que todavía su recuerdo me llena de ternura,
hembra solitaria,
cómo tu primavera,
tus caricias a la espera de un rostro amigo,
tus gemidos, tu canto en la mañana
amazona sobre mi grupa,
cómo, mi pobre y amada loca.
¡Ah, mi niña!
Las palabras,
actas notariales en presente de indicativo,
testimonian el mismo naufragio de siempre
brotando del asfalto
frente a los faros que barren la carretera.
03/05/2009
Terminé mi novela
espachurré bajo la pantufla dos garrapatas
y me quedé en blanco
aunque urgido por llenar la tarde con cualquier cosa
que no convirtiera el crepúsculo
en puñetera melancolía.
* * *
Ahí está
junto al cuerno brillante de la luna
su rostro de niña buena.
Está. No debería pero está
acompaña todavía a los vientos y a las llamas,
baja desde la penumbra
hasta el rincón
donde versos de Marina Tsvietáieva me acompañan.
No debería estar, pero está,
tan tan, tan tan, tan tan.
* * *
Sus ojos teñidos con el verdor de la primavera
entristecían absortos en las sombras
que cada tarde dejaba la ausencia.
Su mirada cortaba el aire en finas láminas de dolor y abandono
mientras la luna calaba entre las ramas de los árboles
y caía salpicando la oscuridad
con pálidas manchas de leche agria.
* * *
En la sala del hospital
la mujer de ojos verdes y mirada de amapola
había traído hasta el lugar un soplo de primavera,
esperaba de brazos cruzados
frente a la ventanilla
mientras sus cabellos temblando levemente
bajaban por las curvas de su cuello.
30/04/2009
Vengo de allá
me ducho
me siento a mi mesa de trabajo
y descubro que mi jersey huele a establo
a fogata,
acerco mi nariz a la lana
como lo acercaría al vello ensortijado
de la cajita de mi amante.
Tras el olor está un día, una noche
largas conversaciones con el cabrero,
una noche habitada por ruiseñores
una luna delgada que bogaba por los velos
de un cielo cuajado de estrellas,
un largo vagar matinal por los universales:
el tránsito entre la mujer y su universal,
aquella vieja cuestión de los presocráticos... tan actual,
desde su cuerpo al sentimiento oceánico
que me provoca el sueño de su presencia,
su entrevista suavidad mientras despierto sobre un prado
rodeado de adustas masas de granito
donde ya ha puesto sus labios el sol.
Tras mi jersey y la tentadora mata de pelo
estuvieron también Purcell y la desgarradora Dido
mal de amores sobre las cumbres de La Cabrera
antes de descender a la noche junto al aprisco,
las gallinas, los gatos,
el zalamero Tizón,
Es
entre los robles y las estrellas la choza del cabrero,
el bello mocetón homérico al otro lado del mundo.
29/04/2009
En esta hora
en que las palabras, no mías,
vienen a dar contada razón de emociones ajenas,
que fermentan en el cuerpo emociones propias,
palabras, no más,
la vieja inteligencia de las palabras
que sólo a veces ceden su turno a la música
o a la contemplación, todavía,
de las llamas meciéndose en la madrugada,
en que el silencio
es un murmullo rigurosamente suave
en las yemas de los dedos de las acacias
en que es posible todavía encontrar
paseando por el cielo cibernético de la noche un os quiero
en esta hora, sí...
27/04/2009
Escribo frente a mi cielo
sobre la línea de las parras,
amor, el de hermosos y animosos brazos,
se esfuerza por renacer de las cenizas,
ese es el cuento que ondea
entre el flequillo del eucalipto
y las tiernas hojas de los sarmientos.
Amor cayó en brazos pusilánimes
y llora su error con ojos arrasados
mirando desvanecerse una sombra
en el polvo dorado de la lejanía.
Un instante en que el silencio
era el grito de un animal atrapado
entre los dientes de un cepo;
caían gotas de frío sobre los minutos
y se adherían a la piel como láminas de hielo.
Entre las llamas de la tarde arde
un incienso de violines y lastimeras trompas,
sin embargo.
26/04/2009
Cuando hoy puse boca arriba el vaso
que posaba sobre la cabecera de mi vivac,
un día más de vida, valía decir el gesto,
amanecía sobre las formas dantescas de los oscuros canchales
asomados entre los pinos.
La noche se había disuelto
y el prado húmedo sobre el que yacía
había dejado su muselina de rocío sobre mi saco de dormir.
A pocos metros ronroneaban las aguas del arroyo,
un día más,
el silbo de los pájaros andaba ya por ahí
despabilando los rincones del bosque con su canto.
Desde mi saco miraba complacido el alba
que subía entre las rocas hacia el cielo,
bebía agradecido de la calma agitada de las ramas y
los sonidos de la mañana.
Cuando definitivamente abrí los ojos
comprobé que todo estaba ahí,
la cueva con su enredadera y su puerta de tablas
el manantial y su tapiz de musgo verde
la encina enclenque que sobrevive aislada entre los pinos
este hogar del que tanto tiempo llevo ausente.
Por la noche gente extraña me habían despertado
con sus voces y sus linternas de extraterrestres,
pero fueron amables y abandonaron el lugar
buscando otro prado solitario.
Volví a quedarme solo con mis estrellas
con las sombras de los árboles
con el silencio de la noche.
Madrugué, me levanté, estiré y, en posición loto,
me sumergí en mi habitual meditación matinal.
Las sensaciones llegaban de lejos,
planeaban, pasaban rozándome y después se alejaban,
se alejaban
y mi respiración volvía a ser un hilo delgado
que entraba y salía de mis pulmones
como suave brisa demorada.
Y vagué más tarde por el bosque y los roquedales
junto a erguidos monolitos testigos del tiempo,
formas de pájaros, cocodrilos, falos inhiestos, llamas petrificadas;
la senda, apenas una insinuación sobre las hojas viejas
de los robles y los pinos,
se abría a veces a un breve prado
cruzaba un arroyo, zigzagueaba entre los riscos.
Nadie.
El bosque agitaba sus copas en lo alto.
Hoy no quiero ser otro
la estepa negra, las jaras, las retamas, las violetas,
algún narciso solitario
el río:
son mis atributos.
Y más abajo las aguas crecidas
arroyaban sus tentáculos blancos
en el hueco labrado del tiempo,
la riada rompía entre los grandes peñascos abiertos en canal
agitada y violenta sobre sus penachos de espuma
moviendo su masa verde
más allá en endecha blanca
deslizando hacia el fondo del valle
donde musgosas nubes de ceniciento pelaje
ocupaban un cielo azul.
Y mientras la portera y la niña de La elegancia del erizo
hilvanaban un inteligente discurso
salpicado de humor corrosivo
haciendo zozobrar con sus palabras
la apacible seguridad de los ríos interiores.
El sol empezó a ocultarse sobre las lomas de poniente,
unas pocas horas más y mi vaso volvería a su posición:
se acabó la vida;
acaso mañana me sea regalado otro poco de existencia.
bienvenida será si llega.
23/04/2009
¿Por qué no reconocer
que algún lunes por la mañana
quisiera ser otros?
ese señor de enfrente que lee el periódico,
el cabrero que ordeña sus cabras al alba
en el aprisco cuando levanta el día
sin que ninguna sensación de dolor
se cierna sobre su cabeza,
la enfermera que atiende diligente
a mi padre frente a la puerta del quirófano,
incluso ella con sus niños y su escuela
y su trajinar por la casa
buscando entre los galgos briznas de afecto,
otro.
22/04/2009
No sin cierta inquietud
confieso que todavía espero,
gran parte de la vida no es otra cosa,
frente al vacío exorcizar la realidad
y ponerla de rodillas a nuestros pies,
esperar y hacer versos
usar de tambor la pluma, el teclado,
el cielo donde cada noche dolorosamente escribo
por ver si allí sus ojos se encuentran con ellos.
Amada loca a cuya sombra até mi suerte.
Yo que siempre pensé que la sumisión al destino
era una pazguata cobardía,
desvergüenza inconfesada de una estéril debilidad,
¿qué puedo hacer sino fabricar palabras
y alimentar el teatro de las sombras?
Hace un lustro que perdí la compostura
que comprendí que era inútil torcer
el hierro de la propia locura,
así que aquí estoy
a falta de cordura haciendo versos.
Y sin embargo qué gran ayuda las metáforas
el lenguaje circular que busca con su hachón
en el laberinto de las palabras.
Decíme, ¿qué seríamos si dejáramos
que todos estos desvaríos se nos pudrieran
en los riñones, en el fondo de los ojos,
si el dolor, el gozo, el anhelo, la inmensa tristeza
no pudieran ver la luz
y hubieran de vivir sepultos
en enmohecidos rincones de la conciencia?
21/04/2009
Hace días que escribo
sobre tu cuerpo,
hoy pátina de cobre viejo
ayer noche un verdín que atrapé
en una luna que enfermaba de nostalgia.
Tu cuerpo,
donde abrevan mis palabras
buscando ese insondable infinito
que no sé qué es pero que arrastra
mi voluntad con visionaria determinación,
la carrera ciega del hombre
tras los vientos que amamantan su existencia
y su razón de ser,
tu cuerpo.
tu cuerpo
gimiendo, llorando,
mi llanto, tu cuerpo,
mi llanto, tus manos.
El eco de tus pasos de domingo
y la serena voz de la mañana en tus labios,
antes de que llegaran los vómitos,
tus manos.
20/04/2009
Sed y hambre de mujer
apostad a que al final
al final sólo será el hambre,
y sin embargo
la indeterminación lo sumió todo
en el abismo.
Ella preparaba a menudo su cuerpo
y lo vestía de anhelo,
sólo falta saber quien entre el gran todo
en el gran abismo del deseo ocupará
el espacio ahora de la sed,
y si ello será posible,
porque amando la amarga belleza de la mujer,
posada hoy en las arrugas de mi frente
al otro lado del parabrisas
junto al plato de sopa
en el sueño
entre las llamas,
esa absoluta belleza que no me pertenece
absoluta belleza de rincones abrasados
oculta tras la celosía del tiempo,
ahora, un día cualquiera de abril,
será posible imaginar el abandono a un vacío
sin matices ni estaciones
con el solo quejumbroso chirrido de los canjilones
y el paso cansino del cuadrúpedo
dando sus vueltas de rigor.
Y sin embargo la sed y el hambre
19/04/2009
Voló frente a mí
y después se me vino encima
entró y se expandió
en intrincadas cavernas
en punzada de gozosa tristeza,
era otra vez
el vuelo silencioso y claustral
despertando entre las voces de un Requiem.
Y mientras la tarde dejaba morir sus rizos verdes
en una pesada atmósfera de lluvia.
¿Y oísteis alguna vez cómo entre el chaparrón
y el bosque cabizbajo
la lluvia dejaba escapar
vagidos de violín
en las laderas embriagadas de lluvia;
muerte diluvial abrazada,
grandes goterones resbalando por las mejillas?
¿Y caer la noche
y cuando el coro barre las cuerdas
y abraza los troncos como columnas dóricas
hacia la oscuridad,
ella en el fragor del aguacero
caminando con los pies desnudos
sobre el manto de la noche,
tú con los ojos cerrados por llegar al fondo de las cosas
en donde ella duerme?
18/04/2009
Supe que estaba equivocado
mientras miraba al petirrojo y al cernícalo de papel
volar por el cielo de la habitación
sobre el fondo de la ventana
donde la acacia movía sus grandes verdes alas;
supe que ella no venía cada noche,
que ella no era ella,
que yo la había confundido
con la sombra alargada de mi deseo.
Ah, cuántos vientos habrán de pasar todavía
para que todo esto se transforme en eco
cometa de hilo roto,
el papel seda y sus tirabuzones de color
perdidos en los azules del horizonte
allá donde vuelan ceremoniosos los buitres.
... en este cuarto donde el ruido del frigorífico
estorba hoy mi hora para la meditación,
en donde los recuerdos
han quedado por las paredes
como si por ellas hubiera pasado
la estela de un avión,
donde durmió una vez ella,
donde el perfume de la marihuana
levanta hoy razonables sospechas,
donde la ropa cuelga paciente en el tendedero.
En este cuarto
17/04/2009
Lo que se aproximaba temblando,
aquella sombra sobre el horizonte
anunciando aciagos tiempos oscuros,
era esto,
en medio de esta lluvia de primavera
tu cuerpo iba a ser desmembrado
arrancados tus brazos y piernas
roto y abandonado tu espíritu
al dolor y a la lluvia
en la concavidad de tu cueva de granito
donde romperían amargamente de cerca las olas
y el sol y la luna pasarían de largo.
Hoy tu dolor es nuestro dolor,
tu llanto nuestro llanto.
16/04/2009
¿Será posible algún día
encontrar para tantos vientos
las palabras justas
el entendimiento fugaz,
y alejados de la confusión
bogar a la deriva
en la sabiduría del instante,
con la tarde reflejada en el agua
entender qué es el agua,
la barca, el barquero,
el aire,
saber quién soy yo
quién eres tú
quién mi amante,
qué hago aquí yo
ignorante mameluco
de brazos cruzados
entretenido en la madeja del universo
poniendo etiquetas al mundo
llenando la hora de porqués,
mirando por la borda la tarde?
15/04/2009
Por el valle bajaban los vientos
hacia la curva del río donde asomaba la isla verde,
gruesas gotas de agua rumoreaban con las nubes
y los pájaros agitaban sus plumas y su canto;
sólo le faltaba un estremecimiento a la mañana.
Y entonces vino ella atravesando el polvo del tiempo
de lejos, de más allá de las montañas
ella con una broma entre las manos
diciendo, mi niño;
acaso llovía también entonces
y yo era sólo un adolescente que miraba la vida con los ojos de plato
que daba de comer a un gato que venía a maullar
sobre el tejadillo de zinc,
que estudiaba desde alba
y miraba la lluvia
mientras el tiempo reptaba hermosamente
por el canto romo de las nubes.
Y allá abajo se veía el cementerio entre la bruma
sobre el prado mojado.
Mi ventana era un valle de muselina
donde varaban alerces de ámbar y abetos verdes,
un fiordo neblinoso donde buceaban a la noche
las luces de los pueblos y sus campanarios.
Y entonces, mientras un verderón baja ahora por las ramas de la acacia
la bruma de la mañana se rasga
sobre un glaciar donde dormía el cuerpo descoyuntado de ella.
Por el valle baja temblando un estremecimiento
un grito ahogado cruza la mañana
dejando un rastro de hielo a su paso.
14/04/2009
Esta noche me puede la tristeza
me abruma el peso de la hora
la belleza magnífica de la lluvia
el eco de unas pisadas que he dejado atrás
una infinita sensación de inutilidad
la melancolía del canto de los pájaros
que poblaban el aire entre las yemas de los álamos y los robles
allá arriba, junto a la choza de los altos de
Des
los voy guardando nadando sobre fondos de color
según vienen al caso,
o sobre blanco y negro, como ayer:
el dolor de ser padre
envuelto en el líquido amniótico de la memoria.
Hago versos,
escribir para no volverse loco (sí, Bataille)
voz negra
áspera
luminosa
enamorada
reiterativa,
también exultante y cantarina
en no pocas noches en que la vida era grata.
Sin embargo hoy me duele tanto
que hasta escribir me espanta,
cerrar la puerta
marcharse
silenciosamente
con la cabeza gacha
y una infinita sensación de frustración,
de padre, de amante.
Nada tiene sentido,
deja esta mierda
y crúzate de brazos.
Me doy lástima,
me entran ganas de decir: basta
se acabaron los versos, la prosa
todos cuantos cuentos alivian la existencia.
Y echar a andar en la oscuridad,
bajo la lluvia,
por el campo húmedo,
embarrado,
patéticamente triste...
como otras veces
hacia la nada
hasta que las uñas de la noche
penetren tan hondo en mis vísceras,
con un dolor tan intenso,
que me sea imposible sentir y pensar.
La noche se espesa en coágulos,
quizás debiera existir Dios, me digo.
(Hablar de forma circular alivia la impotencia,
sólo un paréntesis antes de volver de nuevo al tajo:
el oficio de vivir que espera)
13/04/2009
En unos versos de Andrés Aberasturi
hoy encontré los huesitos de un niño pequeño,
palabras que vidriaban los ojos
y arrancaban tiras de dolor en la carne.
Y era imposible no recordar a otro niño pequeño
no más grande de unos pocos centímetros
un hijo pequeño
en un hospital blanco
tras unos vidrios
donde la vida era sólo una línea tenue
en un pantalla de un monitor,
un día de primavera
en que la existencia era una remota posibilidad.
Mario se llamaba aquel niño.
Uno conserva, Dios sabe dónde,
recuerdos que una vez despertados
penetran como un hierro
profundamente en la carne
profundamente en los huesos.
Huesitos delgados y frágiles,
la respiración el rastro de una brisa
todavía no nata;
y el mundo era un horror blanco
una pesadilla que te trituraba el alma
desde una urna de cristal
donde un niño de palmo y medio
luchaba ciegamente por vivir.
12/04/2009
Veréis que éste es mi cielo
que ésta es mi tarde
las parras tras las que discurre el mundo,
donde entierro a mis muertos
y resucito como a Lázaro
a la hermosa serpiente
de sonrisa confusa y mirada torva,
mi perra verde
en cuyas pupilas la luna se hizo de barro y leche.
Éste es mi cielo
donde suben las llamas a columpiarse,
donde gimen ráfagas de viento
entre las rendijas de las horas,
donde cada noche inventa para mí la vida
un puñado de versos.
Mi cielo, hoy de fuego
mañana de oro y nieve
de blancas nubes
cabalgando sobre las cebadas
hasta el perfil candoroso de Gredos
donde cada tarde el sol se duerme
sobre la alfombra del ocaso.
Mi cielo
donde pastorean las estrellas la noche
y el humo de mi chimenea,
olorosa celosía de seda,
vaga entre los dedos de los árboles.
Mi cielo,
mi noche
esplendor en la hierba
corte de los milagros
por donde va y viene el río de la vida
a inundar con una corriente impetuosa
el dulcísimo lecho de mi sueño.
11/04/2009
Siempre el exceso,
exceso hasta la saturación,
más de lo mismo cada noche en mi rincón solitario,
y detrás nubes de polvo
que vienen a interrogarme
con el periódico bajo el brazo
con la desfachatez de los poseedores de la verdad;
esto es el mundo, tú, despierta, dicen.
Y dudo, porque puede ser cierto,
debería considerar volver a aquellas páginas espurias
y pedirles que me admitan, acaso,
en la feria de las vanidades;
para mi tranquilidad, no más.
Me animan no obstante
pequeñas curiosidades sin descifrar,
por ejemplo: ¿para qué la ciudad y el periódico
cuando los ángeles han muerto
cuando Dios no existe
cuando el Papa y sus congéneres
parecen criaturas de jardín de infancia,
cuando lo que venden los voceros del mundo
es tan poco atractivo?;
por ejemplo, esa sensación tan mía
de ser el uno para el otro
(sí, hablo de esa mujer que yace
bajo la tosca tierra de otra ciudad).
Sin embargo, cuando distraídamente escucho
el parte diario del mundo
me digo que a fin de cuentas debo estar agradecido
pues a él le debo esta pagana tranquilidad
con que los antiguos místicos chinos
avistaban desde su choza en la montaña
los muros de la Ciudad Imperial,
allá abajo, lejos,
como si aquello fuera un adorno en el paisaje.
10/04/2009
Cuando de noche
la agitación del día se ha calmado
sé que estás ahí,
que subes a mis versos
y te asomas pesarosa a beber en ellos
el perfume a madreselva de otro tiempo.
Tú leyendo versos y yo escribiéndolos.
Anoche, mismamente,
cuando escribía aquello
del escaramujo y su exuberancia;
aquella palabra, ¿recuerdas?
Anoche, por cierto,
mientras toda ella rodaba
en su oscuridad bañada de estrellas,
me despertó el ruiseñor de todas las primaveras,
tu mirlo que no era un mirlo,
y el viento agitaba las hojas de los árboles
formando un arroyo de cascabeles
que caían por la pendiente de la madrugada
acunando mi sueño.
09/04/2009
A veces me da por pensar
que el amor sólo existe en los espinos
y en las llagas de la separación,
sólo es auténticamente él
cuando con nuestras espadas de madera
nos hemos roto la crisma,
cuando atardece
y las lágrimas,
iluminadas por el fuego de la distancia,
caen por las mejillas
como acero ardiente
bañando nuestro desasosiego.
08/04/2009
Una vez creció un escaramujo
en nuestra parcela,
daba largas varas de rosas blancas,
nacido entre las rosas espléndidas
era un elemento extraño
junto a la piscina;
pronto, robusto como un árbol,
amenazó con echar abajo la valla.
El hacha dio cuenta de él,
su exuberancia acabó con su vida.
07/04/2009
Escribo consternada
en medio del fuerte viento.
Soy la esposa del horror
la hija del horror
la amante del horror,
soy Licaón.
Las marcas candentes del hierro de una alcantarilla
cruzan de parte a parte mi cuerpo.
Soy la amante apasionada
encadenada al orgullo de mi raza
a la oscuridad trágica del miedo.
“Una noche senté a la belleza en mis rodillas
y la encontré amarga”
y desde entonces dentelladas y zarpazos
son mi sino
por más que al otro lado del río
crezca brillante la hierba
por más que al otro lado
alguien me espere pacientemente cada mañana.
Prefiero la hediondez de mi cubil
a la luz del sol,
soy el Licaón salvaje de la estepa solitaria,
la amarga sed de los maltratados recorre
mis venas sedientas de justicia,
roja de ira araño mis venas inútiles.
Sea bendito el veneno que recorre mis entrañas,
oh, viento
oh, sol
oh, lluvia
cuán inútil vuestra existencia,
estar sedienta y no beber
extenuada y no querer bañar mi cuerpo
de lluvia.
Hubo un tiempo
en que las criaturas de este mundo
me parecieron dioses benditos que besar
en que mis ojos derramaban lágrimas de gozo
y Amor corría por mis venas
como un río salvaje
brioso como un mar impetuoso
fundido en un abrazo de espuma
... pero el dolor vino a la postre,
una inmensa debilidad cayó sobre mis miembros
y la vida se hizo híspida
el otoño de llenó de pústulas
las siete plagas cayeron sobre mi cuerpo desnudo
y quedó vibrando en la noche el aullido angustiado
de una soledad de hielo.
Soy esclava de mi cuna
pago los pecados de mis padres
donde una niña pequeña
espera inútilmente
la caricia del abuelo.
Ah, la infancia
cuando el río atravesaba la hora de la siesta
contando pequeñas historias de príncipes y princesas
y era hermoso cazar ranas
y masticar las raíces de los juncos,
cuando vagar por la dehesa
entre los caballos petrificados al sol
y las vacas adormiladas bajo las encinas
tenía nombre de verano.
El infierno enterró larvas en mi carne;
sangres menstruales, vómitos, pus,
nublan mis ojos.
El demonio me asedia,
y espumarajos teñidos de sangre salen de mi boca.
Necesito el exorcismo del amor
pero el amor no existe
y yo yazgo víctima de mi lujuria ahíta de odio.
Me haré heridas por todo el cuerpo
sajaré mi memoria
y beberé en su líquido espeso
el detritus de todas las miserias.
* * *
Oh, Licaón
un sombrío cielo cubre el paraíso de la tristeza
desde que tú te fuiste.
Recuerda el mar,
no cierres el portón de la esperanza,
deja que
6/04/2009
Todo esto sucedía, decía,
en la pantalla de un cine de
Entonce
y un adolescente,
y después de hacer el amor
ella escuchaba la lectura de un relato
y las páginas de los libros que leía su amante
ponían en sus ojos manchas de humedad
velaban de emoción sus pupilas.
El joven leía
y su voz
atravesaba con su haz de luz la penumbra,
las palabras conmovían los rincones miserables
de una habitación lúgubre
las oscuras pareces
la bañera, la cama al fondo.
Y los cuerpos eran hermosos
en la oscuridad,
y lo que hacían los cuerpos
cuando el libro había quedado a un lado.
En medio de la miseria
brillaba el verbo espléndido de Homero
y las historias entrañables de Chejov
y el amor violento de Lady Chatterley
bailando desnuda
la celebración del amor,
allá, junto a la cabaña de troncos.
A ratos la lectura
destilaba, sin embargo, un dolor opresivo,
el fuego de los cuerpos
trataba entonces de levantar una cortina de humo
entre la memoria y el presente
una marea que ahogara el pasado inmisericorde.
Y mientras la tarde se va apagando
en las cuerdas de un violín,
Sibelius, el norte,
un paraje de primavera para una historia triste.
El camino zigzaguea hacia el último sol
bajo los arcos de un campanario,
el violín y la orquesta
van dejando sus notas en las siluetas de la sierra
mi camino solitario va tocando a su fin.
4/04/2009
Todavía me da sofoco su recuerdo.
Hoy era un tren que se dirigía a la frontera,
había sonado el teléfono
y ambos hablábamos con el alma en un puño,
yo me alejaba en medio de la desolación de un principio de verano
la voz de ella se quebraba entre el ruido de los hierros
y el violento traqueteo.
Era nuestro desesperada llamada de socorro.
El tren se había puesto en marcha y ahora corría hacia las montañas,
determinado, terriblemente dispuesto a no detenerse
mientras nuestras cuerdas vocales gemían de dolor.
02/04/2009
Sembraré agradecido
narcisos sobre la tierra de su tumba
y cuando florezcan
subiré hasta ellos
y de rodillas, pediré perdón
por mis errores y por los de ella.
Le había salido como un susurro
al joven protagonista de El lector
mientras analizaban los hechos del juicio,
el problema es comprender, dijo.
Hasta los hechos más deleznables
habrían de ser comprendidos;
comprender
comprenderte a ti
comprenderme a mí mismo
comprender el mundo y su historia
los campos de exterminio
la guerra, la bondad
comprender el amor, el odio
nuestra infinita capacidad para crear conflictos,
poner junto al ciego deseo
y la inacabable ternura
la loca belleza de los cuerpos
y el deseo de besarlos;
infinito apremio
el de recorrer la curva de su cuello
y bajar por sus pechos temblorosos
y llegar a las colinas de sus caderas y
y demorar embriagado en el musgo húmedo
de su pubis
mientras las manos acarician
la bella redondez de sus nalgas
la suave prolongación de sus muslos;
y ebrios de belleza y ternura,
al fin, comprender.
Comprender no con la razón,
no, no seamos esclavos de la razón,
comprender con el cuerpo entero
con los genitales, con el alma,
y temblando de fiebre caer de rodillas
y pedir perdón.
Bendito olvido,
decía aquella mujer a la que tanto amé;
¿qué será de nosotros
cuando el olvido haya arrasado nuestras vidas?
¿pulcros y asépticos ciudadanos
fieles cumplidores de nuestras obligaciones,
indiferentes masas grises
esperando pacientemente a que llegue la muerte?
¿corazones disecados,
vulgares mercaderes del sexo
cobardes, pánfilos, vidas estériles
que no supieron abrazar ni besar
ni exprimir con las manos
la ternura de un corazón amigo,
precavidos imbéciles, cobardes,
adoradores del becerro de oro,
feligresía necia del poder que no sabía
que tenía que morir?
Comprender y llorar nuestra torpeza
nuestros estúpidos celos
nuestra crueldad
la complejidad inabarcable de la vida,
nuestra frustrada capacidad de amar
Todo esto sucedía hoy
en la pantalla de un cine de la calle Fuencarral.
01/04/2009
El verde húmedo de las jaras
conducía a los altos riscos soleados,
era lunes y los caminos culebreaban solitarios
hacia las torres
allá donde las masas de granito
jugaban con las nubes
mientras los buitres
nadaban despreocupados y solemnes
en el espacio azul del cielo.
Era lunes y del fondo del río subía
la primavera dando gritos
a los cuatro vientos.
Arriba, sobre la majada,
una vez pasado el puente de piedra,
a zarpazos abrí junto a un tocón
un gran agujero
en el que habría de enterrar aquello,
hilachos de esperanza,
trozos de artrosis como astillas desprendidas
de un viejo mueble,
mi herencia de hombre solitario
el deseo.
Pertenezco a una tribu de la estepa
donde sólo el viento o la ventisca
atemperan el ánimo,
la horda huraña
que sólo vive cómoda entre las bestias.
Después escalé entre los riscos
hasta encontrar la senda del bosque.
El bosque estaba sediento
sus nudosas raíces
se abrazaban polvorientas a las rocas,
en algún lugar un penacho de verde tierno
crecía a la vera del agua,
un hilacho, entre los guijarros.
Y había un manojo de narcisos en un mirador
sobre los valles,
se agitaban, trémulos,
asomando sobre el granito
impasibles ante el espectáculo;
viento y bramidos de agua
bajaban de las nieves
borboteando en un profundo arroyo.
Los narcisos
temblaban de frío
frente al sol poniente.
¡Ah, cuando todos los disfraces hayan caído!
Hacía frío
me levanté y me sumergí en el bosque de nuevo.
Pellas de miel resecas
bajaban desde mi cerebro
hinchando mis venas
¡ah, si fuera posible enterrar también aquello
explotando como un saco de mierda
sobre mi conciencia!
Y el sol se abrió paso entre las nubes
y cerré los ojos:
hubo cosas tan tan bonitas...
y sentí cómo venía el calor
a lavar mis heridas.
Y cuando la autopista me devuelve a casa
mi epidermis está ardiente
tersa.
Ahora sé que sí será posible
seguir queriéndola;
caminaré y haré manojos de versos,
sembraré agradecido
narcisos sobre la tierra de su tumba.
31/03/2009
Ah, entonces,
entonces vino ella a mí
y la oscuridad se vistió de luna.
Salió tras una nube
que salpicaba de sombras el horizonte
y mi cuerpo se llenó de ternura.
Venía de la profundidad de la noche
y traía en sus manos
un ramillete de narcisos.
Entonces “yo la quise, es cierto,
y a veces ella también me quiso”.
Más luego ella se perdió
en la oscuridad del miedo.
Todavía, sí, todavía espero
al otro lado del hilo roto de la esperanza
que ella lea estos versos
y sepa encontrar el camino que perdió
entre los espinos y la niebla,
más allá donde las llamas de las aulagas
y el verde húmedo de las jaras
conducen a los altos riscos soleados.
30/03/2009
Hoy tengo un gozo nuevo conmigo:
llueve,
la pereza con sus alas patriarcales y acogedoras
me había atrapado
entres sus plumas rezongonas
y, de pronto, hete aquí,
que viene a repicar sobre el tejado
de mi cabaña
el arrullo cantarín de la lluvia,
“llueve, el patito está contento”,
aquel hermoso haiku.
Fue visto y no visto
luego vino todo lo demás,
la viva emoción
el canto azorado de mi alegría,
el cerco que la mañana había puesto a mi ánimo
dejó asomar un rayo de luz
y fue así, sin más,
ya no escondería mis versos
en los pliegues de los píxels,
ya no huiría
del terreno movedizo del recuerdo.
El mal trago había pasado
y de nuevo el instante
arrancaba de mí
un doloroso estremecimiento de gozo.
Ah, ¿cómo no estar dispuesto
a entregar todo el dolor del mundo
a cambio de este extraordinario caos
de sensaciones, adagio serenísimo
en las cuerdas del ánimo?
…venido del recuerdo de un amor temprano
de mujer de rostro atezado
frente a la esfinge de la Concarena,
del enorme rastro de soledad
que corría por el centro de mi existencia,
de la vida de dos mujeres,
de los hijos.
Los caminos de
agitaban la pelambrera de los árboles.
Y entonces,
ah, entonces
29/03/2009
“El viento helado ha resecado mis labios
y he dejado de sonreír,
por una esperanza menos
ganaré una canción” (Anna Ajmátova)
Ella,
un alma furtiva
prisionera de su destino.
Yo,
un ciego
que buscaba la luz
y no sabía del grosor de sus cadenas
de la altivez de su pequeñez
de su mirada esquiva,
del hilo de hierro
de su orgullo de animal acorralado,
que encontré en su mirada el mar,
en sus besos
la puerta encantada,
en su cuerpo de niña
el pentagrama para la música
de un anhelo por despertar.
Ambos,
acaso sólo dos soledades
reflejadas en el río rumoroso
de una noche de otoño,
que como la paloma
confundieron el cielo y la noche
el mar y la mañana.
Acaso.
28/03/2009
Hoy, sin más, porque sí,
siento una extraña felicidad junto al fuego,
me acordé largamente de ella
y me sentí feliz.
No me pregunto qué hará o dejará de hacer,
simplemente la recuerdo,
un rato junto al río,
la irrupción encantadora de su sonrisa
en mi cabaña,
un beso,
esos ojos que decían te quiero,
cosas así me hacen feliz
después de un largo día de lectura.
Mi casa es hoy hogar apacible
lugar de retiro,
podé la madreselva y los rosales
oí a Mahler
escuché a Beckett
e hice un largo recorrido por los versos
de Marina Tsvietájeva y Anna Ajmátova.
Alimenté mi cuerpo y mi alma con mimo,
también hubo un bacalao al ajo arriero
que me salió de chuparse los dedos.
¿Qué más puede necesitar un hombre
para dar gracias a la vida?
25/03/2009
No supo aprovechar
una lluvia de estrellas
capaz de alumbrar
el rincón más tenebroso de su alma,
me digo,
y me palpo el muñón amputado,
incrédulo:
donde estaba ella ahora sólo está el vacío.
Y mientras el Volga se hiela
y bajo un cielo de plomo
los cuerpos de rusos y alemanes
quedan cubiertos por la nieve y el silencio:
dos millones de muertos.
Levanto los ojos de mi libro:
se hizo tarde, pienso,
y me subo a hacer
Buenas
23/03/2009
“Hoy que hasta tus puros
huesos estarán harina” (César Vallejo)
Tercos los ojos, secos,
la mirada húmeda,
ni siquiera el regazo de la noche
donde hundir las manos,
ni el negro untuoso de una playa
al otro lado del mundo
donde al fin detener la huida,
amada loca,
“hoy que hasta tus puros
huesos estarán harina”
llaga de por vida
olisqueando de la desolación
hierro contra hierro
la lava fosforeciendo
cuando aún no comprendemos,
la tortuosa galería, desquiciada,
el mudo forcejeo
la silenciosa y fría superficie del mármol
en la luz incierta de otro gris amanecer,
cuando fuera era la vida
con sus uñas sobre el vidrio,
su rostro demacrado.
¿Y qué, entonces?
Nada,
como una flor sobre la tierra calcinada
continúa soplando la Brisa.
22/03/2009
Grito irreducido de la tierra,
teclado, cincel, cuchillo, pincel;
entre los brazos la idea hermética
que avanza hacia nosotros prometiendo
la verdad que nos hará libres,
aliento burilado en el corazón de la Piedra Negra,
la idea esencial moviendo el mundo
y las aguas torrenciales
hacia el único destino,
el mar.
Y a mano alzada
dibujar sobre el cielo blanco
bocetos de verdad
caballos alados
príncipes y princesas,
Sheherazade a la noche
demorando el definitivo instante.
Y mientras tanto
la mar de brazos profundos y vigorosos
el océano prometeico,
uno con el viento,
rompiendo en las noches de luna
contra los acantilados,
hendido en su vientre rumoroso
el filo de las palabras
hasta hacer sangrar las rocas
de blanca espuma
entre los dientes de un verso.
Y beber la sangre oscura
que mana de los costados de la tierra
mientras sus gritos de dolor y gozo
truenan irreprimibles en las palabras
descargando su eco metálico
contra la agreste soledad del mar.
21/03/2009
Hoy planté brotes de hiedra
en la lindera de mi parcela;
en diez años
mi isla será impenetrable
sólo vendrán a ella los pájaros y el sol
el viento y el agua,
será perfecto
como una tumba cubierta de flores
con su arroyo al fondo
con sus petirrojos y sus mirlos
bañándose y dando brincos
en el charco del aspersor,
con sus estrellas,
las mismas siempre,
dibujando en el cielo
historias de amor y guerra
con la luna despertando
con su bandurria de leche
las fuentes de la emoción,
musitando en la madrugada
los recuerdos escondidos entre los setos
junto a los erizos y las culebras.
Después volví a leer los versos
de las manos en alto
y me senté a la sombra
hermanada del ciprés y el olivo
a escuchar qué me traía la hora:
pájaros,
hoy ya es primavera
los olmos y las acacias
amanecieron con vestido nuevo
de transparente verde,
los conejos saltan al final de la parcela
festejando la ocasión,
los gorriones están inquietos y parlanchines,
andan tímidos buscando
a las hembras por las ramas
con el pecho hinchado de trinos.
Y tomé el libro entre las manos,
Hiperión volvía de la guerra
en busca de Diótima,
pero Diótima estaba muerta.
20/03/2009
Es ella,
apareció ayer en el álbum de arpillera:
el empeño de pisar una cumbre
el día espléndido,
antes de que llegara el miedo
cuando la noche se hizo boca de lobo
y al otro lado del teléfono
se oía la voz de la bestia.
Ella asomándose a la vida
barrenando el dique de la indiferencia
convertida en torrente
fiesta para un siglo de penas,
la alegría desamarrada en llama,
el frío hecho alborozo
llama, alborozo,
desmigajadas nubes
dibujando en el cielo lisonjas
puro gozo para un paréntesis.
Yo dormitaba taciturno entonces
y vino ella
y su luz despertó mi esperanza
vino a lavar mi mirada equivocada del mundo.
Aquel día despertaba el alba
en las cresterías de Cinco Lagunas
cuando levantamos nuestro vivac
y emprendíamos el camino de las cumbres.
Ambos éramos dos motas de polvo
en el anfiteatro rocoso
de una cordillera solitaria;
la nieve crujía bajo nuestros píes.
Yo dormitaba taciturno
y ella pasó por mi lado
y todo tuvo sentido una vez más,
el tiempo ya no quedó más
estancado entre cuatro paredes,
el espacio se hizo curvo
y en la hora del milagro
ambos pudimos besarnos
de espaldas a la distancias.
El corredor de nieve
subió hasta el sol,
recogimos entonces nuestra cuerda
y escalamos el corredor blanco
hasta la torre cimera
del rey moro.
Su cuerpo pequeño trepó
tras el mío por el granito abrupto
hasta la cruz de hierro
donde ella alzó sus brazos al cielo.
19/03/2009
Una insondable piedad
se posó sobre su alma
mientras besaba sus ojos salados
cubiertos de tierra
bajo la espesa hierba brillante.
Después de abrir el periódico
donde otra navaja
había rajado un rostro de mujer,
la basura demencial de otro bruto
irrumpía en su mañana
envuelta en la bruma de los pixels.
La amada de los ojos salados
cubiertos de tierra
bajo la espesa hierba brillante,
ahondaba la infinita piedad
de su ánimo.
¿Imagináis tener que dormir en el mismo lecho
de quien tiempo atrás
quiso atravesarte con una navaja;
no quererlo, tener que alimentarlo, darle calor,
cuidar sus pies deformados?
...sumisamente
...hasta que la muerte los separe
porque la soledad es enorme y abismal
porque el miedo hizo de su alma un pantano
de aguas espesas y purulentas?
Y el enorme silencio
y la vacuidad de las palabras
se reúnen alrededor de su nombre
unos hechos,
la enorme complejidad de las circunstancias.
Nada que decir
remontar con paso reflexivo
la cuesta del pinar
anónimo, solitario
apenas acompañado por una pareja de carboneros
piando en las copas de los pinos.
La vacuidad de las palabras
como humo ardiente
brotando lastimeras de las oquedades de los canchales.
El silencio, la nada
palabras como fuegos fatuos
en la inmensidad inalterable
de la hora gris.
Lejos del movimiento que todo lo absorbe,
tierra que drena los diluvios
y las batallas
las pasiones, las muertes
... el dolor.
Ahora sólo queda el enorme silencio
el sudor corriendo por las mejillas
y que dice: estás vivo, camina,
las ramas cimeras paralizadas contra el cielo
una procesión de silencio
que se opone al movimiento atropellado de la ciudad.
El mar se abre
y las olas callan
mientras el cortejo atraviesa el fondo arenoso
donde se esconde la amarga verdad,
la estéril aurora boreal
como un milagro sobre las dunas,
la respuesta a mi anhelo inútil.
Se oye una esquila
la brisa ha despertado entre los peñascos
y corre hacia las cumbres nevadas
el cielo es azul
las rocas grises irrumpen en la alfombra verde
que riza el viento,
él besaba sus ojos salados
cubiertos de tierra
bajo la espesa hierba brillante,
acónitos azafranados
habían empezado a crecer
en los límites de la nieve,
Grossman narraba imperturbable
la historia de
los pedruscos de Siete Picos
se alzaban en lo alto
entre chorreras de hielo
calentadas por el sol,
graznaba una corneja,
lejos, los motores de un avión
cruzaban por mitad del silencio
entre los pinos arrogantes y hermosos
sobre el pálido verde del final del invierno
el sol cayendo de plano en su rostro
el cuerpo en tierra
los ojos cerrados
ardientes las mejillas y la frente
el monstruoso vagar de los hombres
por las guerras y la ambición
por la locura
ahítos siempre de amor y destrucción.
Y como siempre el hilo del deseo,
la sensación oceánica de anhelo de mujer
recorriendo el universo.
17/03/2009
“Torcida, desigual, blanda y sonora,
te resbalas secreta entre las flores”
(Quevedo)
Y aunque todo en ti fue naufragio,
yo te quiero, hembra distante.
Y como siempre llega la tarde
a mis libros dormidos sobre el regazo.
El farolero del mundo
apaga el horizonte,
llega la tarde y sus ladridos lejanos.
Y yo dejo los libros a un lado
y contemplo las sombras
que la noche ha ido dejando
mientras pasaba las hojas amarillas,
esperando como las cuerdas del arpa,
que alguien viniera a despertarlos.
Suavemente turbada por los grillos,
la paz se mece en los sembrados,
recoge conchas que las páginas de los libros
dejaron esparcidas por mi ánimo.
La tarde se va marchando
dejando su rastro de grillos
en el hueco de mi mano.
16/03/2009
Cruza en canal la mañana,
desgarrado por el hacha,
el fragor de un árbol.
Sus venas se abrieron
y en el aire quedó
un murmullo de hojas vibrando.
Paseará la mañana entre las jaras
con sus pies descalzos,
vendrá la mañana
a traerme noticias de mi amada
dormida en su regazo.
Volarán las cometas
sobre las terrazas rosadas,
el aire cálido meciéndolas
entre sus brazos.
Terrazas de Jaipur
callejas,
por la pendiente del mediodía
bandadas de pájaros.
14/03/2009
Ahora que ella murió
y que el dolor me es dulcemente grato,
ahora que ella murió
y allá, en la isla de los Brutos,
no hay barca ni barquero que pueda llevarme hasta su tumba,
entretejidas en la urdimbre bermeja de la memoria
discurren mis tardes entre recuerdos
de cuando desde las puertas de nuestras casas
nuestro amor ascendía a la medianoche
las escaleras del cielo
para encontrarnos y darnos el beso que despedía el día,
de cuando un momento de amor valía más
que la tierra y su historia entera.
Ahora que murió
“construyo en mi corazón una tumba
para que pueda descansar en ella”.
Ahora que ella murió
levantaré junto al río Yamuna
un Taj Mahal de luna iluminado,
allá en lo alto construiré un bosquecillo
con su balaustrada de mármol
donde puedan conversar nuestros espíritus
en las largas noches de verano.
13/03/2009
Ella se fue, y se quedarán los pájaros cantando.
Me iba a la cama
pero, atrapado por la música,
me quedé todavía, un rato;
me senté frente al fuego,
por la escalera de la noche
subían las notas de un piano.
Y entonces me acordé, sí, de ella,
lejos ya como al otro lado de la vida.
Ayer la escribí, me despedí
y esta noche sentí que empezaba a creerlo,
que comenzaba a vivir de nuevo,
de nuevo los pájaros
y las calles llenas de niños
y de jilgueros el patio de los almendros.
Y entre otros leí aquellos versos,
y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando
y se quedará mi huerto con su verde árbol.
Y ella se irá
y en el aire quedará el eco de sus pasos
y el sabor a sándalo de sus besos
una agridulce mezcla de horror y ternura,
cubriendo el cielo blancas flores de cerezo
ardiendo desgarradas de pena,
ella perdida en los brazos del bruto,
con su bruto y su navaja
con su te doy un palo y te mato, puta,
yo añorando sus pechos pequeños
su pubis alborotado por donde yo lamía
la humedad al rocío de la mañana.
“Las olas del corazón no habrían estallado
en tan bellas espumas” sin tanto dolor;
sin ellas sólo sería un mendigo
vagando inútilmente a la busca
de un sentido para la vida.
Sus besos salpicando la madrugada
el semen resbalando por sus muslos
se mezclan con sus vómitos
caminan por mi pálida memoria
hacia una síntesis:
enraizado y robusto árbol
que levantaron mis manos
que preñaron mis deseos de mujer,
amor.
Sin su bruto, sin su orfandad
sin su silencio
sin el acre sabor de su verbo,
sin su cabalgar de potrillo
sin su risa, sin su escritura sin cuento,
como mendigo andaría yo buscando
la puerta del jardín encantado.
Pero la vida está hecha de mierda y anhelos,
y yo que sólo sabía de montañas y horizontes marinos
bajé a los infiernos
y le tendí la mano,
espuma contra los acantilados
blanca espuma
contra el verde marino de la cueva pidiendo
vivir en el tronar de las olas
al otro lado de donde se posaba el sol
balanceando su puñal de luz camino del horizonte.
Y se produjo el encuentro.
y al final, cuando ya no hubo solución
el hedor de la cobardía, el silencio.
Y así pasaron los días
unas tras otros, cientos,
donde a los espumarajos
seguía de tarde en tarde el vasto deseo
el perfume de los recuerdos
un amor mío, un te quiero.
Dioses deberían venir a explicar esto
lágrimas, amor, odio, celos
corriendo alocados dentro de una misma jaula,
te odio te quiero
ansiedad y anhelo
brotando entre las cenizas
una y otra vez con su inmensa soledad a la espalda,
cuatro años, tres meses y trece días, desde aquello.
Ayer me despedí
y hoy oigo a Bach frente a un fuego;
y ella se fue y se quedarán los pájaros cantando.
10/03/2009
“¿No es verdad, Alabanda, le dije, que
es un extraño mendigo el que tira al arroyo
su última moneda? (Hölderlin)
Con frecuencia mi cuerpo y yo
parecemos seres diferentes.
Hoy lo observo enternecido,
le digo: pobre mío, qué enamorado estás aún,
y muevo la cabeza pensando para mí
en los días que le esperan;
y él tuerce el cuello y me mira sumiso
como lo hace un perro con su amo;
luego le veo perderse en el horizonte.
Entonces, mientras él encoge los hombros desde su ausencia,
yo le acaricio;
es hermoso y funesto ver manar
todo ese río de amor dentro de él cada noche,
cantarín como un arroyo de montaña
espeso como las pus color mostaza.
A veces trato de convencerle,
déjalo estar, le digo,
olvida, olvida hasta que el pasado
sea un bloque de sal;
pero él nada me responde, se queda silencioso
mirando distraído los amentos que cuelgan ya
de lo alto de las ramas del arce.
“Destrozamos brutalmente el jardín de nuestro amor”,
eso dice su mirada taciturna.
Y yo sé que es verdad
y también que el funesto orgullo es poderoso
y que ahora sólo cabe
refugiarse en las palabras,
distraer lo mejor que pueda las horas
al abrigo de la memoria.
Y entonces se levanta y, vacilante,
se va hasta el mar;
y allí contempla largamente las olas.
Después de un rato había una extraña alegría en su rostro,
sus pupilas reflejaban el azul carmesí del final de la tarde.
09/03/2009
(Versos para un día de cumpleaños)
“Soñé contigo y un cálido río
hizo cosquillas a toda la casa”
Miren Agur Meabe
En el hueco de mi silencio
recojo migajas de viento
lepidópteros ebrios
perdidos en los caminos del cielo
restos hendidos
de entrañables historias
que debieron salir espantados
cuando el bosque se quemó
y quedó sobre el planeta
salobre sabor a lágrimas
suspendido en el aire,
olor a fogata y a tierra quemada
que cubriera de pavesas
como mariposas de luto
la delicada nieve de los almendros en flor,
que era por entonces la búsqueda
de una isla donde morar en paz
al abrigo de una primavera
donde recién habían estallado
los capullos de las rosas
sembrando el pavimento de pétalos
sobre los que más tarde
regueros de rojos claveles se abrirían paso
camino de la niebla.
* * *
Viejas hojas juegan con la brisa
volando como abejorros borrachos
mientras las flautas despiertan eufóricas
entre el ropaje de la sinfonía de un nuevo mundo
hacia el centro del escenario
como conejos saltando juguetones en las cebadas;
y miro a través de la ventana la mañana
y los caballos de cartón dan vueltas en la verbena
y las roncas cavidades de las tubas
expulsan espuma por los hijares
mientras el segundo movimiento
como un ejército en formación
desfila hacia el horizonte
poco antes de caer la oscuridad sobre la tierra.
Y me adormezco en su compañía,
y entre uno y otro movimiento
sueño con ella y su cumpleaños,
los mismo que cumpliera yo entonces
aquel otoño de gracia del encuentro;
y antes de que una cantata
sustituya al paroxismo final de la sinfonía
huele de nuevo a espliego
y el mundo vuelve a ser amable
hacia el final del invierno.
* * *
Música y fuego musitan
en los tubos de órgano de la noche
fragmentos de vida arrobada,
notas como trompetas de Jericó en sordina
atraviesan los pétalos de los ojos
acariciados de rocío
aguardando el roce de las yemas de la luz
sobre los párpados.
Bajo el flexo rojo
pura contemplación marina
hatos de palabras
engastadas en el silencio
cuelgan de las astas de la luna hacia el horizonte,
palabras como lluvia sobre el mar.
* * *
Un gran remanso
en el lento resbalar hacia el final,
entre el ahora y la muerte
las palabras
la hora de la siesta
los anhelos.
* * *
Largas hileras de ciudadanos
en el alicatado gris de la autovía,
argamasa de tráfico y motores
rodando sobre el cristal de la mañana,
y la sirena de una ambulancia abriéndose paso
con su grito de alerta
en la calina de un valle
que se perdía hacia el horizonte
colmado de deseos,
avena loca de los campos de Castilla
eco entre los rastrojos
donde habitaron las amapola,
juncos sobre la ribera azulada de las horas
discurriendo entre los álamos y los olmos
a los pies de los taludes ocres
cubiertos de grama
… y todo sin saber a dónde vamos
qué haremos con nuestro álbum de sensaciones
con nuestra colección de sellos,
sin saber a qué mar o qué río irán
a parar nuestras lágrimas
nuestra sed.
El camino de las metáforas
oscurece las palabras envolviéndolas
en largos circunloquios
de algo que ya no sé decir,
que no quiero nombrar,
que el Tiempo debe amansar
haciendo fuerte mi soledad
en su retiro de la montaña.
Reconocer al fin que el futuro habrá de ser
recogimiento solitario frente al día que comienza
frente al sueño a cuyo regazo
me confiaré a la noche.
* * *
Ayer estuve en el hospital
y no hice otra cosa que escribir versos
a la puerta del quirófano,
una carne que no era la mía
estaba siendo abierta
al otro lado del ojo de buey,
tú te habías marchado
y por una ventana lateral
se veía caer indolente la lluvia.
Hay quien abre la llave del gas
para marcharse de la vida
o quien se cuelga o se pega un tiro;
¿pero cómo se marcha uno del amor?
Se trataba de una vieja historia
que el tiempo había transformado
como siempre en ternura.
Entonces una monja se acercó
y me ofreció una taza de té;
decliné el ofrecimiento
por miedo a perder el hilo de la emoción.
08/03/2009
Bajo la aguada del atardecer
abro el cuenco de mis manos
y recojo gotas de ámbar.
Hoy me serena saberme lejos de aquellos brutos
que una vez cruzaron por mi vida
con sus cuchillos en alto,
siempre la barbarie
camuflada en los habitáculos de la civilización.
Palpita, no obstante, en la cavidad hundida
de los almendros en flor
la luz turbada de una emoción
cortada de tajo
y todavía sin cicatrizar.
Sin embargo cuando nos conocimos
el mundo todavía estaba lleno de pájaros
y los brutos sesteaban desnudos
sobre sus propios excrementos
con el sexo lacio entre las piernas
ajenos al rayo de luz que atravesaba el cielo.
05/03/2009
Estuve a comprar unas cosas
a la curva aquella del camino le habían arrancado las flores
al pasar los dos olivos de la izquierda me miraron indiferentes
y más allá el color del asfalto era el mismo de siempre
despegado, frío e indiferente como hielo bajo mis pies;
me ponía dulcemente triste pensarte
saber que te perdiste en la oscuridad
mientras fugaces gotas de lluvia caían sobre el parabrisas.
Ahora un viento destemplado inclina las copas de los árboles
mientras mis ojos vagan por el cielo azotado
mientras intento recordar dónde puse
aquella receta de cordero que me diste un día.
Haré la comida y después bajaré de nuevo
a mirar por la ventana los almendros del valle,
porque ¿sabes?, ya florecieron los almendros,
aquellos cuyos pétalos caían como nieve
sobre tu cabello en lejanas primaveras.
Miraré los almendros en la distancia
como se miran los males que caen sobre nuestra impotencia
como otra de tantas guerras que asolaran la estupidez humana.
Y después quizás lea versos de Miren Agur Meabe,
sus versos gemelos me calman y me llenan de la profunda tristeza
que sorbo a sorbo bebo agradecido cada tarde.
03/03/2009
El canto general
mengua sus cuerdas día a día,
y lo que ayer fue pasión y hervor,
hoy languidece
planta agostada
alma sin tuétano
como una feria en mitad de la noche
palabras sin pasión, hueras
árbol de secas raíces
levantando inútilmente sus manos al cielo.
Ya no sueño con un cuerpo nuevo como entonces
ya no espero
ahora paso largas jornadas en que mi deseo es solo
llenar el cuenco del día con medrugos de soledad;
las alimento con torreznos y gachas
miro al cielo, toco mi sexo adormecido,
silbo distraídamente una canción,
ya no espero
acaso me estoy haciendo viejo.
A fuerza de poner etiquetas al mundo
los montes se achatan
la lluvia es sólo agua que cae
y un coño es un extraño algoritmo de difícil explicación.
Esta noche soñé que había quedado atrapado
en las garras de unos servicios sociales
que velaban por mi bienestar,
salí huyendo espantado
pero un laberinto de sonrisas
en los rostros maquillados de amables señoritas
me cerraba el paso.
Me desperté azul violáceo
“dime con tu ronca voz: te quiero”
decía un verso de Miren Agur Meabe,
que aparecía escrito como un cordón de nata
sobre el cielo azul
entre el eucalipto y el olivo.
Ello me alivió,
pensé que acaso uno de estos días
me despertara y un cuerpo
volvería a ser parte de mi anhelo.
27/02/2009
Amor, terror de soledad humana,
canta Cernuda.
Después de todo
quizás sólo trataba de salvarse de la soledad
el cierzo sobre las desnudas laderas
el infinito estero
despojado y abierto al viento implacable,
encontrar entre la ventisca y la melancolía
el ondulado cabello de una diosa
que besara sus labios.
Así de solos caminamos
como si el mundo
no hubiera reunido todavía fuerzas
para levantar un refugio
contra la noche y la lluvia,
como si saliendo de las alcantarillas de la civilización
descubriéramos de pronto
en medio del tráfico ensordecedor
el monstruoso silencio al rojo blanco de las cosas
que rompe a cada instante el hilo de la esperanza
que corre bajo las filigranas de los adoquines
de las calles peatonales
donde los versos dorados sobre el pavimento
recuerdan un mundo imposible.
Nubes de aves migratorias
graznaban sobre los tejados
robando el aire a las palomas y a los gorriones.
¡Ay, si no viniera la música a la noche
a zarandear con sus manos de fiesta
con su fresca luminosidad
el estrecho rincón de mi cueva,
el desenfadado Mozart
a bañar la hora
en el carmesí gozoso de una sinfonía,
el umbrío río
la superficie espejeante de los álamos
adormecidos en las ondas del agua
despertando de la siesta
entre los violines de un allegretto
que rozaron las hebras de hierba de verde luminoso
y vinieron a posarse
en mi pecho como una mariposa
sobre el columpio de la tarde!
25/02/2009
Las llamas lamían
el torso oscuro de un leño,
crepitaba en la oscuridad la madera
dejando un rastro de estrellas fugaces
en el cielo tiznado de la chimenea.
La piedra, encerrada en mi mano izquierda,
dejaba manar el contacto frío
de su venteado e inhóspito tiempo
instigando mi inquietud
obligándome a buscar algo
que rompiera el vasto silencio.
A última hora había decidido irme al mar
y poco antes a caminar por los montes
y las llamas, pálidas entre los leños
miraban discurrir a mis pensamientos
tratando de aferrarse a una verdad
entre las muchas que volaban el cielo de la noche.
Y ninguna me parecía lo suficientemente válida.
¿A qué marcharse al mar, o a la nieve,
o a las tierras del norte,
si en ningún caso podría alejarme de mí mismo?
Dejar de ser yo,
como polvo de alas de mariposa
quedar volando en el aire
en el alivio de la otredad
en el bullicio de las bromas y las convenciones corrientes
arribando así al vacío búdico
como vientre preñado de gracia y respito.
La alternancia del vacío y la gracia
jaras entre los peñascos
moviéndose a mi paso
inundando el aire de fragancia,
pinares húmedos y perfumados
tristes y lóbregos entre la lluvia caída de
No
ni agua
ni un largo mirar por la ventanilla de un tren.
Será de nuevo la duda,
el tránsito de la horas ahogadas de silencio;
en la mano, la piedra gris,
ajena siempre a la historia
será palo de lluvia de las copas que agita el viento
será la presencia silenciosa del invierno
en las ramas desnudas
largas horas de meditación
entre los arbustos,
será paciente espera,
mañana sol,
pasado mañana la brumosa lluvia
llenando de ecos el cántaro de las horas.
24/02/2009
Delgados hilos de ansiedad
anegaban la noche
bajo el movimiento solemne de las ramas
mientras de espaldas sobre
un manto de hojas secas
sus ojos se llenaban de estrellas,
una noche plena de los fríos astros
encendidos como tizones lejanos más allá
de la sombra que la tierra
proyectaba en lo alto.
Sabía que la pesadilla se desvanecería
abriendo los ojos,
mirando al otro lado del sueño,
sin embargo todavía era necesario
llenarse del sonido metálico de la noche.
14/02/2009
Cada mañana
el vacío me despierta
con su filo incisivo
sobre el mar aletargado
del amanecer.
Cada día
como la onda de una ola
de lomo acerado
impasible e igual a sí misma
se repite
con su brillo de aceite
llena de elegancia
como una campana
que dejara la lejana torre de una iglesia
y entregara al aire
el bronce pomposo
y letárgico de su cadencia.
Viene del sueño
abriéndose paso en las luces del alba
llevando un nombre en los labios,
susurro mezclado ya
al zureo de las palomas
y al piar de los gorriones.
Todas las mañanas
como un frío para el que no basta abrigarse
penetra bajo mi edredón
antes de que el goce
venga a beber en el cuenco de la mañana
el agua cantarina de una jornada más.
Ahora es la apuesta del silencio,
el rumor de las voces
despertando del negro de la noche
con su eco profundo y grave
con sus luciérnagas de volar inquieto
contra los sillares
tapizados de aterciopelado musgo.
Así fue que pensé
que hacía tiempo que no estaba entre mis brazos,
que inicié el fúnebre rito del encuentro
en la fría cavidad del pozo
mientras la mañana llena de sol
cantaba en el envés de mis párpados.
Mis pies están fríos.
Todavía palpita entre mis manos su carne.
Hoy huele a primavera.
13/02/2009
A la pequeña roca
de negro satinado,
arrancada a la arena de un desierto,
fría caricia entre mis manos,
le acompaña el blanco níveo
de un cuarzo.
Ellas hablan de un tiempo desmesurado
para mi entendimiento.
Altas y doradas de silencio
las dunas acogieron
el pequeño juego de abalorios,
blanco y negro
pulidos bellamente por el tiempo
posaron al final de los rizos
sobre
Blanco
los milenios sobre mi mesa.
Cierro los ojos
cuando la tarde se va
y la arena enfría sus labios en la noche
y escucho el silencio del tiempo,
en una mano el blanco y el negro
en la otra las trenzas de
En
mis manos acarician
su alma
buscan bajo su ropaje rubio
el grave silencio.
Tiembla la llama en los costados de un leño,
estremecidos pensamientos
danzan en la oscilante luminosidad dorada
de un caballo rojo y un buda negro.
Atraviesa la noche algún motor lejano,
la luna cruza la ventana
se posa discreta sobre la cal apagada,
a través de las sombras de la noche
callan las estrellas
miran con ironía el mundo a sus píes;
el crepitar tranquilo de las llamas
dormita entre los troncos
junto al blanco y negro del tiempo.
07/02/2009
Ya no soy nada
azul cobalto en las sombras
brotando en el silencio a borbotones
entre los copos de nieve
que cruzan la tarde,
el frío tacto de un canto rodado
modelado por la lluvia y el viento,
azul que muere
recostada su cabeza
en las ráfagas del tiempo.
Se derramaba bajo mi piel
el puente que mi memoria
tendió entre las orillas
de un misterio que volaba prendido
en las crines de las nubes,
que ayer fue amor
y hoy el lecho pedregoso del tiempo
...que no perdona,
disoluto alijo mineral
en donde enfriar el cuerpo de la pasión,
leve paz
que besa la fría piel de la roca inerme
frente a los árboles que inclinan
su cuerpo al viento
mientras croan las ranas
bajo el suelo blanco de aguanieve.
01/02/2009
Esta inacabable reiteración
sobre la que caen los días
llenos del verdor casi infinito
de las páginas de los libros
y los silencios del fuego
sin poder decir aquellas dos mágicas palabras
envuelto en la frazada del blanco y negro
de la pared encalada
donde llegan bandadas de nubes
o grandes ficus abrazan los sillares de piedra caliza
de un templo milenario
azul sobre el negro de la noche del río.
31/01/2009
Espléndidas
como murmullo de aguas corriendo bajo mi piel
beben las sensaciones en el cuenco de la mañana
y me pregunto:
¿cómo amor fue abominable en su lengua,
tan tardo en la comprensión?
yo que amé aquel cuerpo a mi cuerpo ceñido
su gozo entre mis brazos
tendiendo su boca a buscar la mía
sobre el camino salpicado de noche y estrellas
Y así es hoy
una mañana en que los mirlos comparten con los gorriones
el baño bajo el aspersor,
me di una vuelta
vi las granadas abiertas entre las ramas
pisé el rocío
y enseguida comprendí
que debía dejar testimonio
de aquel camino, de aquella noche
del gozo que dejaron las caricias
en los límites del crepúsculo,
la dicha entre mis brazos
ya parte de mí
¿por qué estará hoy la parcela tan llena de pájaros
como si ya mismo fuera a empezar la primavera?
Y debo procurar que las sensaciones
aunque teñidas por el impacto de los despropósitos
no huyan de mí sin antes haber dejado
en las hondonadas de mi ánimo
el prolongado calor de su presencia;
por eso escribo versos esta mañana
cierro los ojos y ellas pliegan sus alas
y vienen a beber a mis pies
y me hablan de otro tiempo
cuando la noche o el alba eran yacer
entre otros brazos;
la mujer pequeña que después afeara sus ojos
y llenará de arrugas su mirada
con la lengua viperina de sus celos;
la que ahora revolotea de mañana
bajo el estímulo de la ausencia y el silencio.
De otro tiempo
que es hoy magnifica presencia
de lo que he de vivir mientras viva,
amor es amor aunque se le quiebren las piernas
y la inmundicia recorra su lengua.
No hay nadie en el mundo que merezca tanto anhelo
y es que la vida es un misterio
donde la paz y la guerra andan como hermanos,
a fin de cuentas las arrugas de tu mirada
y el ceño de tus palabras rubicundas
sólo perturban ligeramente el envés silencioso de la memoria
tan repleta, tan gozosa.
Almas simples que pensamos
que ser tuyo o mío
requiere de los oficios notariales.
Imbéciles nosotros
si no aspiramos a llenar nuestras vidas de sensaciones,
preñada riqueza de quien siente en su piel
la plenitud de esta mañana llena de pájaros.
Los pájaros abandonaron el charco
y ahora pían allá entre los setos
¿será verdad que se aproxima la primavera?
Espléndidas aunque débilmente excitadas,
como murmullo de aguas corriendo bajo mi piel.
30/01/2009
Barrera de luz y sueño
precipitado por la morrena terrosa
en estrépito dulzor de azufre
mientras en el fondo brillan los glaciares
y se abre
y titilan las estrellas tras el amanecer
en polvoriento eco
de alud de argamasa,
luz de luna
sobre los pechos blancos de las montañas dormidas
despertando el pubis ensortijado
entre los brazos de hielo
que ahora recorre
la polvareda sobre el abismo
poco antes en sepulcral silencio
El día se había roto en pedazos
y sobre las angostas acanaladuras de hielo
se erguían atrevidas espirales de granito,
la noche acechaba entre las grietas,
rugosas epidermis de monstruos antidiluvianos
surcadas de abismos de fondo azulado y transparente
se abrían a mis pies
cubierto su lomo de restos de montañas
camino del valle
donde los seracs desmoronaban
sólidos y estruendosos
como rascacielos sin huesos
30/01/2009
ya no necesita mi perdón
porque la serenidad del invierno
fue trayendo con su pelaje de nieve
el tiempo de la reconciliación
hasta el silencio refrescante de la noche;
liberado del desasosiego de la espera
su recuerdo crepita cálido entre las llamas,
musitando desde su lecho de cenizas
la paz que se avecina
como ave de anchas alas sobre las olas
gozosa de volar
en el espacio que dejaron las nubes
al otro lado de noche
sin embargo no es más que un deseo nadando
en un charco de melancolía
de hecho yo no pude
hasta ahora
decir
llorar junto al abismo
la angustia de las calles silenciosas
decir el color de unos ojos;
no había llegado el momento
un sendero donde la melancolía y la esperanza
juegan de la mano a la pelota sobre el abismo
pensando que las nubes llenarán de humedad
la cánula cenital del sol sobre sus cabezas
inclemente hasta la hora del crepúsculo
28/01/2009
cuando el todo se arremolina
en las mañana de invierno
a la luz leve de la memoria,
cuando El Dorado
Cristo o Alá
se deslizan entre las manos
como caduca esperanza
en donde depositar nuestro porqué
la inútil explicación a nuestras horas de dolor
y desasosiego,
cuando despertar entre la niebla del sueño
es el hondo estertor
de un reloj asmático sin manillas
loco en el vacío del tiempo
aislado en un desierto amarillo
bajo un cielo de ceniza,
cuando se ha de reconstruir
la babel de las alegrías y los gozos
junto al pesado estigma del dolor
y la indiferencia del hastío
y tratar así de fundamentar
el día que comienza
frente a la animada pajarera
que puebla el cielo
y las manos agitadas
de las copas de los árboles,
ese momento en el rostro de quien pasea
sobre las hojas muertas del invierno
junto a la fosa de aquella perra fiel
que yace encogida bajo las adelfas
más allá de los dioses y su estéril determinación
de sobrevivirse en la esperanza de otro mundo
más allá del bien y del mal
donde el viento cesó
y la luna pasea su traje de novia
camino de la oscura nada,
cuando sería necesario encontrar un porqué
y conocer los hilos del guiñol
que mueven nuestras almas,
sedientas,
aupadas sobre sí
para tocar el cielo
y besar sus labios
y solo se ase entre las manos
un torbellino de arremolinadas aguas
huracanes de pasión asolando
la arraudalada corriente
pronta a precipitarse
en la blanca espuma de un salto mortal
hacia la concha verde de un anhelo.
y sólo se oyen las aguas del mar
hirviendo entre los guijarros
camino otra vez de la serenidad azul
mientras sobre los acantilados de lava
las gaviotas alzan el vuelo
y acaso de las torres del silencio
descienden en rapeles espectaculares
los brillantes hijos de la intuición
que pintan el cielo con arabescos fosforescentes
y se mezclan en el aire con las primeras golondrinas
que prometen una primavera cercana.
20/01/2009
Con el vacío bajo la piel
manando como lebrisco rumor de hojas,
una mañana de invierno
remontar la hora entre los cerezos
de vino viejo la copa,
con un libro en la mano
los ojos en el camino
los oídos llenos de olas;
vivo,
se oye el recitado de una oración
como agua repicando en el alma,
un rayo de sol se desliza
entre las nubes de vientre plomizo.
No hay tiempo
con la leche y el trigo hagamos queso y pan,
con la vida versos;
los pies fríos
la memoria reclinada en un regazo amado
la vida borboteando
en las frías alturas de un valle chileno.
Debería ser preceptivo ir haciendo con la vida buñuelos,
en el cuerpo de unos versos enlatar las emociones
y llevar presto el cazamariposas de las intuiciones fugaces,
sacarle partida a este invento.
Hoy no haré nada, leer y aplicarme el cuento,
vivir de las rentas,
me leo,
recuerdo una primavera
y los meses que siguieron.
es todo,
fuera el viento habla con las ramas
se restriega el lomo en los troncos de las acacias,
es invierno.
18/01/2009
La sombra de un cadáver
se deslizó bajo el dintel de mi ventana
me miró esquiva y
se introdujo abruptamente entre mis sábanas,
en silencio se quedó junto a mí mirando
el viento que agitaba los árboles,
tenía un aspecto apagado de rostro de cera.
Y yo miraba las cañas del techo
cerraba los ojos
intentando desterrar de mi memoria
el oprobio y la hez de las palabras nutricias de sus vómitos
otorgando el perdón de mi dolor.
Y mi llanto era entrecortado
y lleno de una melancolía torpe y contradictoria.
Amanecía,
quizás ella proviniera de la leche de un sueño angosto
venido a mí con el viento de la noche
más allá de los desfiladeros
y del mar de carbón que gime el dolor
de un amor sepulto en su vientre de silencio;
cadáver de blanca belleza
de vientre amargo
de besos dulces teñidos de mentira.
Encallada en mi virilidad
la mano fría de la muerte
me llenaba el cuerpo de estremecimiento;
entonces su alma se deslizó entre mis piernas
y vagó por el duro y delicado tegumento de mi calor
como una lejana reencarnación del pasado
con la boca húmeda y los pezones tersos.
Y no tuve valor
permití que su lengua acariciara la corona curva y brillante,
permití que dejara sus besos de hielo
sobre el calor estremecido de mi excitación.
Y ahora de pies sobre el día
cierro mis ojos
y taciturno pido clemencia y comprensión
paz para mis vísceras
agua, madera, fuego.
13/01/2009
Lleno de mí y de las palabras
que dejan mis viejas botas
escribo sobre un eco
prendido en el bronce de mis labios
como besos
escribo: cuerpo
dolor
pasión,
ensueño
y me quedo mirando en la noche
aquellos ojos que se perdieron en la oscuridad
tras el glauco escenario
donde goteaban desde siglos atrás
las penas
formando débiles e inaudibles arroyos
escribo: amor
sed
anhelo
y envueltos en papel de seda
el río y la memoria
resbalan por la ladera de brezos
jugando con la nieve
y enfriando sus manos
10/01/2009
Pero ¿por qué huir del desasosiego
la inquietud,
la madre que espera al hijo muerto
el amante cuyas entrañas se hicieron
espuma y viento?
Aquella madre que contaba mi amiga desconocida
que volvía día tras día a depositar
la ofrenda de un beso,
un sobre, una carta,
bajo la tierra donde se pudría su anhelo.
La madre y el amante
dolor y amor a los muertos
brisa cálida
tormento
perla escondida
en el fondo abisal
azul, negro, remoto,
madurando en silencio
en la profunda gruta verde.
Sí, es invierno
y no llueve
y no pían los pájaros
y el sol calienta amablemente mi cuerpo,
y dije que no iba a hacer versos
y hago versos
y mi alma es un manantial
entre las hojas secas,
amor, destellos de bondad y gracia
humedeciendo los prados
con el lienzo de los líquenes
dorados de ceniza clara sus encajes.
Desasosiego,
el de la guerra y las llamadas intempestivas
vibrando en la noche como sirena de fábrica,
desde un valle remoto
la infinitud apresada en las paredes del alma
rompiendo, sístole, diástole
contra la argamasa y las piedras de la noche.
Los versos que siguen, escritos entre agosto y diciembre de 2008 fueron recogidos en un volumen titulado Sonata de otoño. El post que cerraba la serie, contenían estas líneas:
Año nuevo vida nueva. De momento se acabaron los versos, al menos versos de esta índole; al menos eso creo. El amor da para gastar mucha tinta, pero produce desgarrones en el alma que conviene cuidar. He reunido todos los versos que escribí en este blog desde el pasado mes de agosto, en un librito que titulo Sonata de otoño. Hay dos sonatas por ahí, una de Valle Inclán y otra de Ingmar Bergman, que no son ajenas a estas cosas que escribí durante el otoño. No logré encontrar un título más apropiado.
Alberto de
Sonata
(Agosto-diciembre 2008)
21/08/2008
El ventilador ronronea
como todos los veranos
dando vueltas para llenar mi cuerpo desnudo
con el beso del aire quieto de mi cabaña.
Aire quieto que esperaba mi presencia
como yo espero
resucitar
entre las equivocaciones y los misterios
como espero que el hijo pródigo, ella,
regrese un día.
Nosotros nos regimos por designios singulares,
nosotros, hechos de anhelos rotos y
de vientos quebrados
contra las esquinas de piedra del destino,
llevados por el recogimiento de la hora de la siesta
por el ruido de alas del ángel,
por la voz lejana de un presagio,
levantaremos un día el vuelo
sobre el campo adormecido
sobre su lecho de paja
y oiremos al fin
la voz benigna de un dios
que querrá besarnos.
Es el rastro de un suspiro
tendido al viento,
secado al viento
como ropa blanca de colada
ondeando como una bandera
en la cuerda tensa entre dos árboles;
es sedante anhelo sin prisas
acaso sin anhelo,
acaso sólo viento
sólo él,
recostado bajo la sombra de un árbol,
sin el ruido de las penas
o el chirriar de las puertas mal ajustadas,
es el merecido descanso a la noche
tras una larga jornada
de caminar al sol la tierra ardiente.
* * *
Aferradas a las concavidades de la rutina
las palabras se resisten,
sus miembros atorados
faltos del aire aquel
que la brisa del recuerdo traían hasta mi;
ellas quisieran nombrar la mañana,
la tarde, la noche,
pero perdieron la frescura del camino
la densidad callada que subía de los pies
duramente curtidos en el polvo de los caminos
y el batallar de sol a sol por el campo castellano.
Hoy ya es mañana de pájaros
y del cascabeleo sincopado de las hojas de los álamos;
perdura eso sí
como en un rincón umbrío del bosque
el calor dejado por el cuerpo sobre el vivac de lecho de hojas,
cálido rumor,
restos de estrellas columpiándose en las ramas,
luna fría agitando su brazo desde el horizonte próximo al alba
esbozando una sonrisa desde el altillo de un cielo
hecho de silencio y espuma.
* * *
Tratando de cazar luciérnagas
en el brillo opaco de las sombras
me volví a encontrar con tu nombre,
algo más que tu nombre,
el firmamento se había llenado de luz
pero de la cueva salían cálidas
las notas de una flauta
y éstas se posaban sobre mi ánimo,
mano sobre mis cabellos
caricia en mis oídos.
Esas melodías que colgaban de las ramas
como farolillos chinos,
que traía el viento
que hacían estremecer la hierba húmeda
ahogar un suspiro
recordar una canción canturreada de niño
que quedó perdida entre los alambres de espino
entre el humo y la carbonilla
que va dejando la vida en su camino,
hacia los astros del horizonte;
ella venia ahora galopando aquel camino
de anchas y solemnes curvas.
Y yo con mis prismáticos de marino
oteaba el horizonte
tras el rastro de polvo levantado por los cascos,
ola de paz.
* * *
La quietud vino a mi
y se sentó mansa como un perro a mi lado
y alzó su mano
y le pedí que besara mi frente
porque al fin,
rescatado de entre truenos y tierras fragosas,
debía llegar la hora de la paz,
la hora del silencio
el tiempo de mirar los círculos del agua
temblando ingrávidos alejarse a besar la orilla
el no deseo.
Besar los labios de la noche
y tendido entre sus brazos
sobre la paja dorada
que germinó en el vientre de la tierra,
todavía pensar en ella,
largo rastro de estrellas y constelaciones,
fugaces estelas cruzando el horizonte
más allá de las sombras de los álamos
llamas negras sobre el llano
penitentes de brazos en alto,
pensando en ella.
Amable oscuridad alzada sobre mi saco de dormir
como un canto, como nana susurrada
entre las hebras del sueño.
* * *
También hay mañanas
en que ladran constantemente los perros
en que entrar por la puerta del día
requiere grandes trabajos de constancia
mañanas sin aire bajo las alas de plomo.
La cortina encogió en el último lavado
y deja entrar dos palmos de luz
bajo el volante de su falda,
es jueves de un mes de agosto a punto de concluir
y las sábanas descienden por mi cuerpo
en pliegues armoniosos
para alzarse más allá sobre el cerro de mis pies
en perfecta forma de volcán.
Tras la listada fragmentación de la luz
atravesando la persiana de la hora
mi penumbra espera del abracadabra
la maravilla de un jardín,
puerta escondida e inaccesible
que venga a mostrarse
tras el velo de la niebla
entre las sombras fantasmales
y los recovecos de mi cerebro,
en algún instante.
Paciente agazapada espera
entre los helechos.
Ella vendrá y se abrirá como en aquel relato de Wells,
y habrá el breve y azaroso encuentro
inspiración para una mañana de viento
madera de tucanes
cantos de pájaros exóticos
aleteos clac clac de olas rompiendo onduladas
en el enmarañamiento impenetrable de los manglares,
besando las raíces de los árboles
las melenas de las nubes,
los labios del aire,
el gorjeo de unos álamos
piel tersa de deseos livianos lívidos lesbiano
de tacto de caderas de mujer
de llanto de hembra
trompeta en la selva
rumor de alas, deseo
susurros de jungla
plañidos
crepitar de fuego
restallar de látigos sobre la carne
hombre de carne
hombre de hueso
hombre de trapo
hombre deseo
hombre lagrimas
hombre viento
hombre
cabalgando cabalgando.
* * *
Sobre el arquitrabe
más allá del fuste y de las hojas de acanto del capitel
se alza poderosa y viril la mañana de los pájaros,
yo en penumbra
ella en la luz oscilando tras los listones de la persiana
en las hojas de una acacia;
poderosa, terriblemente sutil,
a punto de desvanecerse y dejar de existir
a las puertas del mediodía,
todo parte de la misma apariencia,
el todo en lo uno, lo uno en el todo,
mañana, tarde, noche
un abrir y cerrar los ojos,
una armonía escrita para instrumento de cuerda y viento,
las manos que tañen
el aliento que insufla vida en los metales.
El reloj marca las 11:49
bisogna ordeñar y amamantar la hora,
como soldaditos de plomo poner
uno tras otros los deseos
la inexcusable militancia de la vida;
mientras, fuera, chillan las urracas rabilargas
que vienen a comer el pienso de los perros,
tropel de aves levantando el vuelo,
las olas y la arena dorada,
parca y austera belleza
melaza alborotada
la elegancia de Praxíteles
el albo mármol
sobre el rojo fuego del terciopelo
entreverado de sombra y silencio.
23/08/2008
Llenar una vasija de barro con un trozo de infinito
y beberlo poco a poco a sorbos
frente al ventilador
en mi hamaca de hilo de algodón trenzado,
vieja aspiración la de alcanzar el horizonte
la profundidad marina
donde de lo alto llega difusa la luz esmeralda
que riela sobre las olas del mediodía
amortiguando el dolor y creando la ilusión
de ese universo visitado en la inconsciencia
del líquido amniótico primero;
reminiscencias de eternidad sin tiempo
glauca consistencia gelatinosa.
Quizás sentado sobre la gran roca
sorber con los ojos cerrados
del tuétano de la propia incompleta sustancia,
y ser uno con el orgulloso granito
que se alza sobre el valle hermoso y varonil
rodeado de picudos chopos
de la humilde jara.
Todo menos sucumbir a la tentación
de abandonar la dolorosa ascensión
hacia los predios altos,
la búsqueda del hijo,
la amante errabunda
el amor tantas veces atrapado entre aulagas y zarzas
perdido en el fondo de un barranco infranqueable.
* * *
Yo te estaré esperando.
Llegará el otoño con el canela de sus crines
cruzando el aire
y sus hilachos de niebla,
llegarán los días de lluvia
y el carmín y el oro junto al río y
los hayedos callados,
y los álamos levantando al cielo sus manos de cuento
y yo te estaré esperando,
porque pese a haber renegado de tu nombre y condición
pese a las úlceras de tu lengua viperina
el oráculo vino una y otra vez a confirmar la locura,
la sangre llamaba a la sangre hermana,
el pan tierno que mis sueños amasaban cada noche
que horneaban mis manos al alba
que nutrían mis células
que dejaban inquieto mi ánimo
era a la postre tu recuerdo.
* * *
Qué será sino una fiesta…
Porque ayer había esos ojos negros
ese pelo negro,
indudablemente ellas el objeto y la razón,
ellas, la mujer que usa el metro
o camina distraída por la calle Preciados,
ella el misterio de las mil formas
la sugeridora del espacio místico
donde mis oraciones son susurros
retirado templo de la prolongación de mí mismo,
constantemente ella
la salvadora de la muerte y dadora de la vida,
el profundo pozo del deseo con sus ojos de carbón
llamándome desde la hondura magnética
de más allá del tiempo
desde el fondo de las entrañas del mundo;
mis dedos convocan las palabras y las formas,
unos ojos, un cuerpo
el anhelo que oscuramente mi alma busca
está en la calle, en el metro,
en el camino que se muestra
envuelto en la niebla cada mañana
como aparecido saliendo de la nada
a besar el día.
Y repetir momento a momento la misma oración:
te quiero mujer de ojos negros
melena de diosa mediterránea
cuerpo pleno de misterios
donde han de guarecerse todas las caricias
todas las yemas de los dedos,
todo el susurro del viento
todos los amaneceres del siglo al alcance de mis manos
porque tú habrás de estar
en el calor de las sábanas
cuando la noche se desvanece
en el cuenco de mi cuerpo,
cerca, ahí mismo
tu calor como el aliento de mi propia boca
acariciando mi sexo, mi pecho,
aire entre mis dedos
brisa aterciopelada entre las ramas del invierno
clamor viniendo de lejos.
Y alzar mis manos hacia ti
y tomar tu talle y tu boca
y sacarte del sueño lentamente
tu calor y el mío juntos
abrazados en la primera luz de la mañana
como dos hermanos pequeños
perdidos en la inmensidad de un mundo
del que ha desaparecido todo rastro de vida
abrazados
estremecida belleza,
estremecida inquietud.
Divinos somos en nuestro sentir
en nuestro anhelo,
porque ser mujeres y hombres
nos liberará de la muerte
nos hará habitantes del Olimpo:
crótalo reptando día y noche entre tus muslos blancos
mis manos mi boca todos los rincones de mi cuerpo
como rastro de caracol peregrinando eterno
por tu cuerpo recóndito de diosa submarina, mujer.
* * *
Y habré de convocar las palabras y los versos
al calor del camino
en las largas horas de la indolencia de la mañana
cuando todavía el sueño y la vigilia
comparten como dos ríos que unen sus aguas
su caudal de estrellas
la música que viene de la otra vida
en donde somos aire y viento
sombras de celuloide
sobre la pantalla del hombre que duerme
acurrucado en el marasmo de su anhelo;
cuando todavía comparten, decía,
las estrellas y la música,
la profunda mirada que quedó petrificada
en los haluros de plata de mi conciencia,
cuando es necesario compartir eso que llamamos realidad,
mete el dedo en mi llaga y cree,
con el viento
con los deseos sin forma ni porqué
hechos quién sabe si de alguna materia onírica extraviada
en las vastas ramificaciones de un cerebro.
24/08/2008
Un regalo,
palabras no más, versos.
Un buen recuerdo en todo caso
de ese aluvión de sensaciones
en que uno es sorprendido
por el hecho simple de estar despierto.
Que tu orgullo no sufra el espejismos del agasajo,
no es eso, son sólo versos;
hay cuerpos y heridas que supuran,
hay cuerpos que emiten trinos
o rostros que cada mañana exhuman catástrofes;
el mío estas mañanas exuda versos
No rompas el encanto
sé esa vasija de barro
en la que yo bebo
el infinito de mis besos
en la infinita soledad de mi anhelo de mujer,
de viento.
* * *
Encontrarte a través de otra mirada y otros besos
beber la médula de tu sustancia
en el trino de los pájaros
en el brillo adormecido y eterno de las estrellas
en la noche prolongada de un delirio,
magia, chamán, orfebre yo
del canto de todos los pájaros que habitan el cielo.
* * *
No busco en ti,
has de saberlo,
tu voz de perro acorralado
tu yo de áspero orgullo
cubierto por las pústulas
de tu propio sufrimiento y su despecho;
comprendo, comparto tu dolor
pero no tus actos
a los que ojalá se los lleve el viento
de esta misma tarde,
y con ellos los muebles
la casa entera;
me bastaría que sólo arrastraras contigo
como caminante que ha de hacer ligero su equipaje
el amor que duerme escondido en tu vientre
acaso sin tú saberlo,
cuatro cosas,
de la mano como aquellos dos reyes que decías
echarte al sendero.
¡Vida, ven a mí, te quiero!
Ese es tu camino,
el del viento y los campos resecos,
el de los vergeles plenos del rocío y esperanza,
las crines de la tarde galopando por el horizonte de fuego
tarde, fuego, viento
vuelve grupas hacia el mar infinito
donde habitan plenas
esas pocas razones para vivir que necesita el cuerpo.
* * *
Tus ojos como una catedral iluminada de sol yo quiero
ronroneo gatuno pelaje tierno tu mirada salvaje
como esa tarde cayendo sobre la lana del crepúsculo,
incienso, temblor de cielo, Altazor,
rimas del otoño para pasar el invierno,
todo el mosaico de los cielos,
parapentes de colores, milanos, vencejos
cubriendo el óvalo de tu rostro
iluminado por el gracejo picaresco
de los buenos tiempos.
* * *
El amor es amor casto,
dice un verso de Bergamín;
lo creeremos.
Casto es un lejano concepto
de cuando quererse
era sólo materia de querubines y arcángeles.
Nosotros que somos de carne y hueso
podremos probar a volar como ellos
como amantes separados por océanos,
ingrávidos, lejos.
25/08/2008
¿Acaso sabes tú de alguien
que con cosa tan pequeña y bonita
haga versos?
Podría construir odas con tus rizos,
fuegos de artificios que dibujaran en el cielo de la noche
tu nombre y tu risa y tus sueños,
pero, ay, me temo
que el enigma de ti misma
se irá contigo,
sería un cuadro a medias,
sólo un corto sueño en la hora de la siesta.
O acaso no hay enigma que valga
que soy solo yo que sueño
daga de fuego estirada sobre el mar
cada tarde
subiendo a los acantilados del poniente
a recordarme un amor
el sollozo de la tierra seca
aullidos de gaviotas en el cielo.
* * *
De hecho esto no es un simple monólogo
el silencio habla a voces
entre las hebras de las palabras,
tras alguna secuencia de la película de la noche
junto al ruido de ratas y erizos
irrumpe la duda,
se agita un interrogante
-“estás perdido, Altazor,
solo en medio del universo”-.
se alzaba la duda razonable
de quien queriendo amasar el universo
la frágil textura de seda
entre las manos
fuerza la puerta en el muro
hace saltar en pedazos la cordura,
acaso la merecida paz de una amante
acogida a la paz del silencio
-“Altazor, morirás,
se secará tu voz y serás invisible”-
esté gritando la paz perfectamente inviolable
del olvido
¿Se secará mi voz?
¿me haré invisible?
¿Habré de encerrarme en la cueva de mi memoria
mientras la luna arrastra envueltas en su larga cola de novia
las voces del día?
Velo en la noche los ecos rotos de la memoria,
trato de recomponer en la espiral de las horas mi voz
sin conseguirlo.
duerme, me digo, duermo.
* * *
¿A qué sirve agasajarte
llenar mi tarde y mi noche con tu recuerdo?
¿qué puedo hacer yo con el cadáver de un amor entre las manos?
qué, ¿enterrarlo?
es inútil, porque el cadáver aun hediendo
se alza cada mañana entre los muertos
amanece junto a mi lecho
me sigue día y noche
como una sombra pidiendo la clemencia de una esperanza.
Inútil razón agorera
que pasas por el tamiz de las proposiciones correctas
cuanto encuentras
que metes en tu saca la vida
hasta convertir el alma en una momia,
vieja y estéril tristeza
persiguiendo falaz con argumentos de muerte
el calor tibio de una alborada,
la luz renuente a extinguirse
que demora en los rincones de mi cabaña
cuando llega la noche.
Inútil igualmente el recurso del entierro
buitres y alimoches clavarán sus corvos picos
sobre el pedernal incorrupto,
cadáver como las pirámides
dispuesto a atravesar el tiempo
y la erosión de los elementos,
y no mancillarán siquiera el envoltorio de mi anhelo.
Magnifica y terrible verdad la de querer acaso no queriendo.
26/08/2008
Sam Peckinpah. Grupo salvaje.
Las hormigas devoran a los escorpiones
mientras los niños de ojos grandes
como estrenando mundo
meten sus palitos y cubren de himenópteros
la rosada desesperación de los condenados a muerte,
ríen, juegan serenamente acuclillados sobre el hormiguero.
Película de espectáculo de niños, de hormigas,
del hombre cazando al hombre
del hombre que ríe
de la mujer que llora y canta
del general que juega a la guerra.
La broma de vivir,
los ojos negros negros, los abstemios,
el oro del rey Midas presente como Dios
al principio y final de todas las catástrofes.
Suena la noche del tecnicolor como un grito entre las manos
como un largo túnel
que esponjara la voz
hasta convertirla en el bramido irreconocible
de una solitaria parturienta
a quien la vida de sus entrañas
reclamara su luz cuando la luz no existe
y todo es oscuro como una quebrada existencia sin esperanza;
bramido prolongado en la resonancia
de las concavidades de la cueva,
largo intestino petrificado
en donde sólo se oye la voz del silencio,
y muy de tarde en tarde
el gorgojeo de un lejana y flatulenta digestión.
Suena un silencio grave
sobre la faz de aquel desierto de piedra.
Por la puerta de la ciudad desfilan
huyendo del hedor de la descomposición de los cadáveres
como judíos sin tierra
gentes llenas de polvo con el cuerpo oliendo
al acre aire que dejaron los muertos.
La ciudad ya es de la sangre
de la estúpida muerte,
hormigas y escorpiones arden
ante los ojos de los niños rientes.
De todos los anhelos ciegos
de las razones estúpidas que salen del cuerpo de los hombres
de su infantiles pasiones
sólo queda el terrible reguero de sangre
los restos de la pira de una ciudad en llamas.
El círculo se cerró
el largo callejón sin salida se convirtió en fondo de mina
en donde de pronto cedieron los soportes.
Apoyado sobre las jambas del desastre
los ojos vacíos, el semblante abrumado
un hombre medita largamente mientras los títulos de crédito
cierran con sus risas la oscuridad del cinematógrafo.
* * *
Caminar cada día exige estar a lo que salga
incluso a sufrir una estafa
un golpe de viento,
un mal de amores,
un inesperado encuentro;
pero que no se espanten los pájaros por ello
que el olor a fogata de mi parcela
primitivo ahumadero
perfume de sándalo
corriendo blandamente por los surcos amarillos
que arde al fondo de la parcela,
continúen perfumando mi mañana,
las ondulaciones agostadas de la tierra
más allá del bosque de mi casa
con su incienso.
Porque lo diré, nos estafaron
perdí un día entero
tratando de olvidar aquello,
pero ya pasó, así que a otra historia,
hoy el dinero ya es sólo una anécdota
que yace, una sonrisa más,
como humo entre los rastrojos.
* * *
Mirad los álamos negros del campo,
una sombra ya sobre el pelaje del cielo encendido,
cimbrear en armoniosa curva tras las huellas de la noche,
deslizarse por los campos de agosto
hacia el infinito de mi ánimo
hombre solo en el camino sobre su lecho de paja.
Mirad la tarde cayendo
y el farol de la luna jugando al escondite
con las nubes y las hojas de los chopos.
Un tractor lejano con sus dos ojos amarillos
ronronea el principio de la noche
mientras el cielo se llena de murciélagos
y fantasmas de luna llena.
Una larga fila de álamos guardan la línea de levante
entre el sonajero de sus hojas.
El caminante vela la noche, se duerme
mirando el dosel de las estrellas
desde el calor acogedor de su descanso.
Habrá un silencio, un espasmo
y amanecerá la otra vida,
Leteo en que olvidarse y vivirse más allá del camino
tiempo sin hambre ni fornicio
donde el mástil de la vida puede
cimbrearse en la noria de su cofia
y vigilar la blancura de los glaciares
o el tránsito de los alpinistas.
El caminante se despierta sobresaltado,
entre la fila de los árboles
fosforece extraterrestre, posado, inquietante,
el residuo de una aparición;
el durmiente se incorpora, se frota los ojos,
descubre el último rastro de la luna más allá de los álamos.
La inquietud aflojará poco a poco sus grilletes
él se dará la vuelta en la paja
y se terminará durmiendo.
La noche vuelve a quedar en silencio.
* * *
“Perfume de abrazos asaltó a Bloom todo entero,
oscuramente, mudamente deseó adorar”
Quizás ver cuerpos sea un modo de conocimiento
constatar cómo la imaginación y ellos se encuentran
se levanta un remoto deseo
se besan;
sobre el paspartout crema
naciendo de la penumbra ventilada de la siesta
desfilan imágenes
una cada cinco segundos, trescientas.
28/08/2008
Ensueño entre sábanas a la espera,
ligero rumor de brisa, perros, pájaros
el verano dando a su fin,
espero.
Difícil huir del temblor que ella deja en mis dedos:
espera
¿vendrá? ¿acudirá hoy?
¿podré seguir construyendo como cada mañana
castillos de arena mientras despierto,
aspersores, tac tac tac lloviendo
la mañana verde
las hojas brillantes de la acacia
temblando en el cielo bajo el dintel de la puerta?
Yo y mi cuerpo en medio de todo esto
un día y otro,
del sueño -esta noche una larga historia de excitación-
a la vigilia,
sin descanso.
Ensoñar despierto
buscar entre la maleza de recuerdos
el pensamiento preñado, la idea fértil
que como hoja lacia levantará el riego.
Tac tac tac tac tac agua de mañana
dar de beber a las flores y la grama
esperar a que las hojas levanten tersas y llenas de agua,
que comiencen a caminar por el día sus colores
despierten mi retina y mi cuerpo.
* * *
Trabajo con palabras
dar forma a madera y mármol
al agua golpeando clac clac clac
sobre mi mañana
lamiendo la arena en solapas de espuma
que deja sus hebras,
caminos de hormigas
rastrillada suavidad húmeda,
más allá de las olas
de blanco gorjeo marino.
Trabajo con las manos
¿mi sexo, un ensueño despierto, el alma de ella,
el huerto, los pájaros,
las gordas nubes de mi ventana voladas por pájaros?
-por cierto,
¿en qué parte del universo vive el alma de todo esto? -
Duro acarrear palabras
mirarle los bajos
y hacer montoncitos pequeños
ésta vale, aquella no,
buscar la concha
la piedra negra como el topacio,
el sesgo desgastado de un ladrillo
que las caricias del mar pulió
hasta dejarlo suave y ondulado
como caderas de mujer doradas al sol
como venas de varón cruzando los músculos del brazo;
y ponerlas unas junto a otras,
largas filas de hormigas sobre el papel,
bellas por la armonía de su sonido,
hermosas por su evocación nacida del ensueño.
Abrir el diccionario a la búsqueda de aquellas que nombren
amor, un sueño ambiguo y espléndido
despertando todavía con los ojos cerrados
cuando el alba es sólo un reguero de estrellas
en el horizonte;
buscadores de oro acuclillados
en aguas del río
las palabras, pepitas doradas,
engastes para las yemas de los dedos,
aquí una hormiga, allí un diamante, un rayo de sol
que colgar en las guedejas negras de un verso.
* * *
Mi manzano dejó caer su fruto verdeamargo
con su bonita piel brillante y húmeda,
plac, cayó sobre el suelo.
Al manzano le robaron la luz las acacias y un olmo negro,
malcrece a la sombra,
en verano tapizan el pie del tronco
pequeñas manzanas que picotean los gorriones,
en otoño se caen sus pocas hojas
y en diciembre parece enteramente muerto.
Tan descuidado vive que quise,
sin saber que en su madera corría todavía la sangre,
hacer de él leña para el frío;
pero un lapsus benefactor de mi memoria
le salvó la vida y ahora, cada dos por tres,
cayendo mórbidos sobre el suelo
sus frutos llaman mi atención,
las manzanas ruedan sobre una alfombra de hojas
y quedan allí quietas y silenciosas,
esperando como yo ver pasar el tiempo
aproximarse el otoño
sentir el calor de la tierra
cada mañana formar parte del universo
que rumorea día y noche en el vergel
de mi casa abierta a los mares.
29/08/2008
La anciana levantaba la mano
desde su silla de ruedas,
por favor, decía,
mientras del dolor manso de sus ojos
brotaba inmensa soledad.
Dolor vasto atravesaba su mirada,
de cuando seguir viviendo
en penoso cuerpo maltrecho
carreta vieja escalando renqueante el mediodía,
pesa, profundo abismo,
líquida la mirada,
tal que tierra estéril
inacabable reiteración de dolor
rancio aire
sueño liviano por donde no es posible llegar al Olvido.
En la anciana no había el hijo de aquella otra
que agarraba mi brazo y pedía noticias suplicantes
de hijo muerto que ella esperaba cada mañana
como a marino al borde del mar
día a día
año tras año.
Desde su silla de ruedas
el mundo era una llaga sin caricias,
des-esperada esperanza
vida que como cabo de vela
tristemente se va acabando.
* * *
El momento para la oración se prolonga
tensión del que ora o escribe
alrededor de la obsesión de los días
como carga que doblara mi espalda.
Oh, la inquietud de las próximas palabras,
cubos de estrellas de lechada transparencia
reclamando mi atención
más allá en el fondo negro tras el brocal
encorvan mi cuerpo en sostenido esfuerzo de espera.
30/08/2008
era en el pasillo junto a la enfermería,
las lágrimas se le echaron a rodar
bajo sus ojos hundidos de ciego
cuando mis labios rozaron sus mejillas
mi padre lloraba quedo
como niño que represó penas
y oyéndonos, por fin,
suelta el trapo,
delgada llantina de anciano.
viejo, viejo mío;
mi viejo, no llores
ya pasó todo, no llores ni niño.
huesudas manos tomando mi mano,
carne escueta del rostro
hondura de ojos velados
en cuencas óseas
ya no penetradas por la luz,
suavidad acariciadora de su piel
su caricia de viejo
mi caricia de padre
sus lágrimas de niño,
alegría viniendo a saltitos
sobre su cráneo acariciado,
acariciar,
suave, textura sedosa y cálida,
deslizar de piel acariciadora sobre piel acariciada
acariciante sol de invierno calentando
desperezando la desesperanza,
calor acogedor
entrañable.
mi padre es mi padre, no antes,
hijo de mi madurez,
gestación en el dolor de la vejez
en breve alegría,
humildad que como nieve
los años posan sobre rosado atardecer.
* * *
también mi amante es mi hijo,
y mi coño
(lo que él quiere es mi coño, decía ella);
y acaso sea también mi madre
tierra que abrazar y que me abrace
entierro mutuo, penetrante unión
el cielo y la tierra penetrados
tierra penetrada que me acoge
ir enterrándose
(¡toma!, y ¿cómo no?)
fundirse en brazos de amante
caricias, infinitas caricias
como las olas
como mi padre sobre su silla de ruedas
caricias
mi padre, mi amante, mi hijo, mi hija, mi coño,
el aire
(no te enfades ni pretendas ser más casta de lo que eres,
es un consejo de amante, no recuerdes a Aute)
el aire rizando la pelambrera salada
desnudos como la mar
encontrarse
31/08/2008
También a esto lo llaman amor.
Acto primero:
La verdad del estómago
grita entre sus piernas
rebosante de esperma,
enajenada y delirante
clama: ¡mi amor, amor mío!.
Acto segundo:
Se alza
vuelve a su casa
se lava,
enjabona que te enjabona
logra arrancar,
viejas costras inservibles,
las verdades de su cuerpo.
Aquella noche tatúa en sus nalgas:
noli me tangere,
olvídame, viejo idiota.
Acto tercero:
Bosteza,
suelta una ventosidad,
cepilla sus dientes
y ocupa junto al marido
su hueco en la cama matrimonial.
Queda profundamente dormida.
Fin de la representación,
se cierra el telón.
2/09/2008
Belleza aturdidora de ayer
asoma sobre mis letras,
rastro de espliego agitado lo despierta,
pura belleza espléndida
de un encuentro.
Está
cosa ésta mía de terciopelo
hermanados nosotros
de anhelos compartidos
temblor entre mis piernas,
como llama de invierno en el oscuro recinto de las cenizas,
estremecida belleza.
Entre la indolencia tibia de la memoria
sentirle despertar
acompañar mi recuerdo
niño de ojos curiosos asomando bajo las sábanas
mirando la semipenumbra
de las persianas echadas
el ruido leve de las cosas que hablan allá fuera
y se columpian
él y yo.
Le acaricio,
ligero estremecimiento adormecido
ambos miramos tras las rendijas de las persianas
moverse el mundo de fuera
él se alimenta de cuerpos bonitos
de paisajes que deja el viento
en los rizos de la arena
caderas rubias de recóndito pelaje
en el infinito reino de las dunas,
yo de viento,
de verle a él contento despertar adormecido
entre el perfume que la belleza dejó ayer
flotando polvo dorado sobre mis sentidos.
Pero después
repentino aleteo
despiertan los versos de ayer…
ahora de nuevo una yaga
despecho, dolor
rastro de oasis
agua brotando mansa,
como un milagro tener toda la vida entre las manos
la madre muerta
canto de pájaros
resistir la tentación de desechar las ventiscas
dolorosa voz dolorosamente plañendo.
Duros tus últimos versos, duros y amargos, oigo,
y la belleza y el dolor braman lastimosamente cogidos de la mano.
Arrugado ahora por el miedo,
temblando de congoja, se esconde
los versos doblaron su ánimo
las imágenes que éstas arrastran como vendaval
destruyen la apacible belleza que lo despertó.
Lo vuelvo a acariciar
pero se ha escondido en su rincón,
encogido en el marasmo de su nueva congoja
ojos inundados por una repentina tristeza se velan
cae recostado sobre mi pierna como herido de muerte,
muerto de pena.
Trato de decirle
también eso es…
amor,
pero no escucha,
sangra flácido con las piernas rotas, los huesos quebrados
no me toques, parece decir también él
conmovido por el rayo de mis versos.
¿Llegará la espléndida belleza…
pequeños gusanos blancos
hueco zumbador de moscas
carne desapareciendo,
envuelta en la pestilencia?
Enlosada emparedada realidad
belleza carcomida cercenada de gusanos
amor cercenado agusanado
ni siquiera disección, cadáver sobre el mármol blanco,
mármol frío él, sueño letal,
ni siquiera,
sólo carne pestilente devorada, ojos devorados.
Fútiles y estúpidas palabras: polvo eres…
Conglomerado de gusanos disputándose pezones,
sagrados rincones de engendrada belleza
cuerpo largamente amado
largamente preterido.
Le llamo, íntimamente, tristemente.
sabiendo qué es dolor,
vida, amor, muerte.
Muerte amor, amor muerte,
zumbido de gusanos comedores de cadáveres,
amor vida, esplendor pleno de las sustancias todas nuestras.
Estúpido infierno en manos estúpidas
imbéciles hacedores de infiernos, llantos, heridas purulentas,
necios fabricadores de infiernos
necia ella mísera cobardía
sembrando de calvarios lo que antes era deliciosa espera
necio yo, infantilmente ensoñado con mi cubo de arena
tratando de beber el infinito mar del anhelo en ella.
Necesito que despiertes,
despierta,
en nombre de la belleza, álzate
te necesito
te traeré unos ojos,
una vaharada de lugares comunes de tranquilo erotismo,
con la fuerza de mi imaginación levantaré el baluarte
desde donde gritar mi arrepentimiento.
4/09/2008
Y la necesidad de una respuesta,
razones para la vida
con que satisfacer el anhelo,
cualquier anhelo,
se subía a sus sienes
urgiendo en precipitada respiración
por encontrar resquicios de luz,
desde la desazón
desde la inquietud,
también desde la abulia.
Y fuera corría la tarde
como un gran río,
sorda como una tapia pero solemne
ajena por completo a la memoria
y al dolor de la nada.
Benditos los que tienen hijos, o dioses o amantes
brazos en los que suavizar
la canícula del verano
la insensatez de la existencia estéril
la pesantez de los grilletes atenazados sobre los tobillos.
Y allí de rodillas
un invierno sin lluvia
la esperanza yerta de una primavera lejana,
las grandes hojas del plátano tapizando el suelo
quebraban con su crujir el silencio.
Tener un cometido
aleja la desazón de la nada,
posterga ese instante en que hoy o mañana
repararemos en la búsqueda del porqué
que se nos vendrá encima con su peso
de zumbido ronco de abejas.
Será necesario entonces bajar y meterse en el metro
y perseguir un rastro de rostros
ventilando la cueva con sus reflejos;
eso atenuará el silencio.
08/09/2008
“No dejes cerradas las puertas de la noche”
(Pedro Salinas. La voz a ti debida)
El viento suena fuera,
apago el flexo sobre la mesa
y de la oscuridad mana una vez más,
ella;
ella muda, más callada que nunca,
siempre ella.
Con las yemas de sus dedos alguna rama carraspea en el tejado,
el claror de la luna,
fondo sobre el que se agitan mis pensamientos,
viste de raso la lechada oscuridad del horizonte.
Ella toca el umbral de mi puerta con sus pies pequeños;
sombra entre las sombras,
un murmullo más entre los árboles,
atraviesa las puertas de la noche
y viene de puntillas a mí.
Llegó caminando a través del balasto de la tarde
traviesas y acero y sol inclemente,
atravesó sembrados y tierras de abrojos en barbecho.
El camino abrasaba sus pies.
Gran anhelo al que mi memoria corresponde día a día
desde la inconmensurable distancia,
inmenso mar por medio,
con rústicos versos de náufrago
bogando en toscas botellas,
inmensamente perdido
en solitarios y silenciosos rizos de luna.
Abiertas quedan las puertas de la noche
la playa, el mar, de par en par un torrente de anhelo.
09/09/2008
Regajo que apenas duerme,
si yo fuera mujer
envidiaría este largo vagar por la ausencia,
cantaría en los oídos del mundo
los recuerdos atrapados
en las copas de los árboles,
vellón entre las zarzas
mis pensamientos yacerían presos, suyos.
Con la dicha amada del amado
si yo fuera mujer
haría guirnaldas de cascabeles
e iría por ahí,
amado eco de pasos,
enhebrando con su música
la verbosidad de los gorriones
la quietud de las hojas de la mañana.
Si yo fuera mujer
bailaría al alba con los pájaros
haría pompas de jabón con mis canciones
las echaría a volar entre los rodales,
cometas de colores,
nubes de cristal pastando a la tarde el crepúsculo
en medio de un te quiero,
poblarían el aire.
Suspiros del Moro
camino del destierro
dejando atrás Granada,
los alcázares perdiéndose en la noche
el rumor de las fuentes alojado en los tímpanos,
llenando la retina el jazmín cálido de los besos.
Si yo fuera mujer,
para no morir de pena
ceñiría un corsé de hierro
bruñiría con lágrimas sus barrotes
-él tan lejos-
haría un ovillo con mi cuerpo
y me echaría a dormir el resto de mis días.
Ella que nació para reina…
con la mirada puesta en el infinito
retirada en su convento
calla en silencio, reza.
12/09/2008
Bufido asmático del disco duro
sobre la viril voz del Ulises,
cálido fulgor de final del día
entre la cenefa de las hojas,
oscilantes, débilmente adormecidas,
y la espléndida redondez del recuerdo, de ella,
magnífica, dulcemente lejos
posada en mi pecho
junto a los hechos del día.
Hoy trajiné con los cables,
con la invisible y poderosa electricidad;
para conocer que ella existe hacer como santo Tomás,
meter los dedos en un enchufe.
Así yo, digo,
existe en todos los rincones de mi alma,
ella;
ella muy ella, la de esos versos en tres actos,
ella muy yo, yo ella, la siempre espera, la mujer;
cesar todo movimiento
y caer en el color azafranado de la tarde
vastas esperas de penas que van volviéndose
con el tiempo preciosas joyas
una larga estela cada tarde
naciendo a mis pies,
homenaje al silencio, a las gaviotas
que vuelan en el silencio de mi tarde.
Amable sensación de bienestar
la de amar ante el indefinible horizonte,
tras la cortina de las grandes hojas de la higuera,
las uvas colgando maduras en la alambrera que cierran el día,
la oscura tierra, la azulina tristeza del crepúsculo
como vaho sobre el rescoldo del cielo.
Y mientras balancearse el aire,
hueco de mi chimenea entre las ramas
cálida brasa, amor, la alegría jugando en mis ojos.
Existes en mí envuelta, alegría,
junto a la música de las palabras,
sólido bronce recitado, Bloom,
profundamente convencido,
amorosamente conmovido.
Tras un largo rodeo de siesta y
el trabajo de poner en orden unos circuitos
vino la tarde de mullidas sensaciones,
despertando poco a poco entre las palabras
como campanillas precediendo el cortejo,
a subir por el fluido de mis venas
a llenarlas de la felicidad liviana
nana, maná, voz cristalina
paseada como heno recién cortado
tierra mojada por las primeras lluvias
recogida en mis sentidos
subiendo por la piel y por mi ánimo,
dicha de amado,
con delicada lentitud de gracia.
Ayer acariciaba a mi padre, dulcemente, suavemente,
calla, pirata, le decía suave, dulcemente,
ya pasó todo, calla, sé bueno, dame un beso.
Junto a la noche entrando por la ventana en mi cabaña
también él mi amante.
Amante, ellas, la tierra,
instantes que mi cuerpo cada vez más sabio
espera cómodamente balanceado,
porque esperar hay que esperar,
largo ejercicio de ensueño
paciente, con fe de visionario.
Ven a mí, ven
arroyo de dicha tristecontenta,
todo yo, agua en el agua, viento en el aire;
en el sudario canastillo de mimbre de mi hamaca
mana hoy suave felicidad de amante.
14/09/2008
Sobre los fuegos artificiales
de pueblos en fiesta
se asomaba la luna,
yo paseaba
escuchando versos de Salinas
versos de distancia;
sin distancia no hay versos,
decía el silencio
el oscuro bosque.
Es cierto
siempre fue así,
amor, exceso,
palabras y lágrimas con que regar la noche
regueros de leche y miel
badajo sobre el bronce de resonantes ecos,
tan tan, tan tan
cerrados ojos entonando letaníasías:
te quieroero, te quiero,
me quiero, te quiero, me quiero,
ding dong, ding dong... uuuummmm
entrar en el confortable sueño
susurros entre los juncos
grillos, distante croar de ranas,
conmoción de ecos.
Déjame que te piense,
decime que amor sin distancia no es amor,
calma de invierno sin distancia, quieta,
en piezas a morir –un destino-
en plazas al silencio letal que su veneno enrosca,
áspid, te quiero,
en silencio dolor los colmillos,
en el miedo;
rota crisma de romperse pendiente abajo
pesado cuerpo nada sutil
no apto para el vuelo
vaporoso azul de ángeles sin sexo,
sutiles y leves.
Recio el paso en la pendiente
metáfora distante eterna
la cumbre.
Qué remedio.
16/09/2008
Todo palabras
como nubes frente a mi ventana.
Eso quiero ser ahora, palabras.
Es probable que ellas tengan,
flotando en el espacio gris de mi cerebro,
la respuesta
el barro
la arena
el agua clara del pozo oscuro
el fuego
la luz
el modo de abrirse paso
en el enclave confuso de la niebla.
Cerebro preguntón
que tras lamerse las heridas
no sabe otra cosa que esperarlas
la palabra consuelo
la palabra artificio, fuegos para las fiestas de los pueblos,
la palabra que explota en los intestinos
y sale disparada hacia el alma,
la palabra recolectora de huracanes
la palabra luna, amor
jugando al borde del agua
infinito sobre infinito.
Forcejeando por dar forma a un pensamiento
forjando el mundo, el tiempo,
haciendo buñuelos
pintando un lienzo
recogiendo en su espejo los reflejos del agua y del viento.
que mi alma necesita
abrir cada día un surco
y humedecer con el agua de las palabras
la ensenada donde duermen abrigadas las semillas.
Esperar paciente junto a ellos
ver despuntar en la tierra ocre el deseo.
17/09/2008
era irreal su presencia tras las ventanas
cuando hoy pasé junto a donde estaba ella,
la persianas a media altura
los gorriones ya crecidos, lejos, por los aires;
tras los cristales resonaban
apresados los recuerdos
de esa parte de mí que un día vio llegar de la noche
los silenciosos pasos
los pies menudos
el amanecer en los ojos
el silencio asustado de ella.
Versos de Lorca junto a río
recitando al Camborio amazona sobre mis piernas,
canciones en un puente de estrellas
subiendo como campanillas
sobre mi bicicleta trepando por el instante
soñaba a la mujer pequeña.
23/09/2008
¿No es el auténtico sentido del dolor la posibilidad que nos
otorga de ser capaces de continuar viviendo sin dolor,
durante algún tiempo, de poder manipular nuestras extremidades
de marioneta en el interior de la camisa de fuerza del aire,
y así de haber escrito algo? (John Ashbery)
No se me arrugó el rostro mientras la nada
abriendo su gran oquedad vacía engullía todo
no de muy diferente manera a como el camión de la basura
trituraba anoche con sus dientes de acero
los residuos producidos por la ciudad dormida.
Hubo un vagido inaudible y agudo
como gemido de mendigo encogido en su banco de madera
que soñara aterido de frío y soledad,
pero quedó atenuado por el ímpetu de los aspersores
que deshojaban con su lluvia los altos álamos del otoño
absolutamente todo desapareció en la nada
muerte, olvido.
Ahora sólo existe el rastro de una mirada en las paredes
daguerrotipo como desde el fondo de una tumba
inmemorial, hundido en la tierra, humus.
Ahora cada año acudiré bajo el solemne balanceo de los cipreses
para su cumpleaños, le llevaré flores,
buscaré allá el rastro de olor a cantueso que desprendía su cuerpo.
La inicua estupidez habrá alcanzado para entonces
la disolución y el vacío que ha de preceder a la paz.
* * *
como si no hubiera otra cosa que hacer en la mañana
que seguir cavando inútilmente los pies escondidos del tocón
después de que el tronco y la vida entera con su espeso follaje
fuera talada;
ese brazo amputado que duerme todavía unido a ti, parte de ti,
inútil, como rastro de una estrella fugaz
desaparecida en el infinito mar
mas fosforeciendo en la retina,
terriblemente brillante
como si no hubiera otra cosa que hacer cada día
que desgarrarte del amante
24/09/2008
Faces, Cassavetes
tratar de narrar los caminos paralelos,
lo que importa, lo que ocurre más allá
en el blanco y negro de los grandes primeros planos
subiendo con su rastro de silencio por el muro encalado de la noche,
la baba brillante del caracol en el impoluto muro de la cal,
a contar las siempre parecidas historias de amor,
a gritar en última instancia
que somos hijos de la pasión y del dolor, y del desgarro,
nada que pueda salvarnos
porque no hay modo de sortear el abismo.
No me gusta mi vida, dice ella
no tenemos tiempo para ser sinceros, comenta el gogó
y el tiempo petrificando en estatuas de sal el pasado
se tragará el momento,
no habrá ninguna esperanza posible.
Los protagonistas fuman un cigarrillo,
simplemente no te quiero, dice ella desde lo alto de la escalera,
ahora desmaquillada, con una fiera fuerza animal en la expresión
barriendo con su primerísimo plano todo rastro de alivio;
dolor sobre dolor
Mientras, en otro vértice del triángulo, la Mujer,
Gena Rowlands, en el papel de Jeannie,
03/10/2008
Algo como un gran silencio espesaba
entre los dedos de la tarde,
un silencio como nunca había existido en aquella tierra.
Quieto, recostado en los troncos de los árboles
miraba profundamente el desvaído paisaje,
las sombras cubriendo con su manto
el campo carmesí de poniente;
mirando sin ver,
absorto en el magnifico y mineral silencio,
el badajo lejano de las campanas
tañendo brutalmente sobre el bronce del tiempo.
* * *
En el tren,
sobre el hombro de un viajero,
tras la celosía del sujetador,
un calado de arabesco,
la curva de unos senos.
Este tren no admite viajeros.
El hombre dobla la revista,
se alza y abandona el vagón.
Desaparecen los arabesco,
queda fugaz bailando en el aire
un bolero
un perfume de besos.
05/10/2008
Llegaron los estorninos,
bandadas
a comerse las uvas de la parra
eso es
apaciguar el cuerpo,
el hambre, la sed,
el deseo,
estrépito y revuelo negro
sobre el azul del cielo.
* * *
Al mimo callejero
le corría el blanco del maquillaje
una lágrima bajando por la mejilla.
El público había mirado complacido
la inflexión de sus ojos chisporroteando
sobre la cal enharinada de sus mejillas,
reía la bufonada de su fantasía
tirando del mundo con su soga;
entonces su rostro se quebró
y apareció anegado de vértigo
bajo la luz ámbar de las altas farolas.
Se hizo silencio
los niños abrieron grandes los ojos
él contuvo la siguiente lágrima
miró al público,
enarcó las cejas,
esbozó una sonrisa
alzó los brazos y,
ceremoniosamente hizo nacer una flor
sobre el asfalto.
* * *
después me encontré un ratón
me miraba de frente desde el desagüe de la bañera
sus ojillos eran vivos,
muy pequeños, como cabezas de alfiler,
de su hocico se disparaban cuatro pelos en punta;
quería seguir viviendo, decían sus ojos.
De un manotazo lo atrapé,
lo envolví en una bolsa de plástico:
lo aplasté, no me dio tiempo a pensarlo,
bajo la planta de mi pie sentí adelgazarse su cuerpo,
deshacerse.
Tiré envoltorio al cubo de la basura.
Temí que su alma resucitara y viniera a mí a pedirme cuentas,
sentí la vileza de mi crimen.
06/10/2008
Hay noches en que mi alma vaga
perdida en oscuras calles misérrimas donde asoman llantos de niños
y estremecidos gemidos de hembras abismadas
en el hueco caliente de otro cuerpo,
como perro famélico
husmea por las aceras y las esquinas de la ciudad
el calor tibio de una meada cálida
que oriente sus pasos en el borboteo lunático de sus pensamientos.
Noches tan abrumadoras,
tan ásperas,
tan clarividentes, al fin,
en que sólo la idea de vomitar todo, absolutamente todo,
podría aliviar las sensaciones que queman la carne
como brasas ardientes.
Porque uno no puede llegar a saber de la profundidad abisal
en que están sepultadas las raíces de las úlceras más purulentas
antes de que mil noches y mil días hayan transcurrido.
Porque la infamia, alargando sus tentáculos hasta lo más hondo del ser,
atravesó el tiempo y el espacio hasta llegar al ectoplasma de la última célula
para desovar allí su carroña como excrementos de rata
en las entrañas de la pasión más noble.
Sí, cría cuervos...
y ahora habrán de pasar
otras mil noches y sus correspondientes días para que los gusanos
después de alimentarse de la carne en que fueron engendrados
dejen al fin tumefacta su tierra y vuelvan sus pasos a otro cuerpo;
pueda llegar la paz.
Un chucho husmea los neumáticos de los automóviles,
las farolas, las esquinas de los portales,
levanta la pata junto al borde de la acera,
se pierde en la noche.
pero aun así también es cierto que ella suscita mi lástima
que la crueldad con que los cobardes acechan desde su encierro
puede ser puro llanto, absoluta impotencia,
miedo, estremecedora cobardía, voz de ahogado.
Hay noches, sí,
en las que un perfume tibio llega hasta mi cabaña
y la llena de fragancia de mujer.
Entonces cierro los ojos y trato de entender;
pero es inútil.
Hoy el rastro de la luna no es capaz de atravesar
la pez de esta oscuridad que rompe contra los cristales de mi ventana.
07/10/2008
Y sin embargo
ahí sigue ella eco de mi mismo
mirando desde el blanco de la pared,
círculo de altos pináculos rosáceos,
bajando y subiendo la gran oquedad caliza
por el centro de la térmica;
y yo, de pie sobre el balcón de piedra
contemplando la elegante evolución espiral
de un sentimiento intenso y sin nombre,
el gozo de seguir queriendo,
memoria ya sin tiempo
pleno de lo único que queda, vacío lleno,
allá bajo la tela del parapente.
08/10/2008
Shara, de Noemi Kawase
Con el sol próximo al horizonte,
un gran medallón de fuego cruzado de nubes,
trepo los grandes troncos sobre el cerro
donde comienza a expirar el día.
Frente a la cofia de las ramas cimeras
recuerdo con gratitud los hechos extraordinariamente normales
de una película:
un parto,
la lluvia torrencial sobre un festival,
dos adolescentes corriendo en un largo travelling..
Con un cuarto de luna sobre el horizonte
besos para la medianoche
prendidos en la memoria de las manecillas de mi reloj
despiertan al pajarito del cucú suizo
que sale, canta y sonríe lleno de comprensión mirando
a aquellos tontos enamorados
con los ojos en las estrellas diciéndose te quiero.
09/10/2008
Y entonces fue un río de ternura
inflando las velas
mar adentro, marinero,
mar adentro.
Mi siempre cabrona amada
como un sueño
sobre mi pecho,
te quiero.
Turbulencia
ligero el casco sobre la espuma,
ternura ciclón arrasando
el espacio azul del cielo
mar adentro.
Hacia la infinita plenitud
“esta divina fuerza con que yo vivo”
mar adentro.
Campanillas y luceros
a perdernos en la inmensidad
ella y yo veleros
de infinitos mares
mar adentro.
Gozo, agua, tierra, viento,
vamos allá marinero,
blanca estela sobre la mar
va dejando nuestro anhelo
a los pies surcos de agua, marinero
donde juegan las gaviotas
azul, nieve, agua, cielo.
A mi amor se lo llevó el viento
¿la has visto tú, marinero?
10/10/2008
Enredado entre los espinos
sucede que a veces aspiran mis pulmones
una suerte de rara felicidad
que es gozo de pensarte entre mis brazos.
Medusa silenciosa
que hinchas mi cerebro hasta hacerlo sangrar,
hoy te amo.
Sucede bajo el cielo de cualquier tarde,
como hoy, sobre la cinta de asfalto
mientras el sol se ponía al fondo
tras los rojizos ladrillos y los lejanos cerros;
o ayer entre las sombras del pinar,
un poco antes del alba,
al alba alba, al alba alba
(quiero que no me abandones,
amor mío al alba,
al alba al alba, al alba al alba);
o mañana después que las lágrimas hayan agostado
toda posibilidad de encuentro,
ese instante en que el gran tributo al amor
será el silencio,
la rara felicidad de seguir queriendo.
11/10/2008
“Y los muslos que yo conocí con mi lengua se cerraron y los pezones que estuvieron en vuestros labios se endurecieron como sílice”. (Antonio Gamoneda)
Ahora que ya los cuerpos se hicieron de sílice,
busco entre tus muslos
palabras y caminos por los que huir de la destrucción
y la sequedad;
ahora que el deseo no humedece más tu cuerpo,
persigo aquella humedad que conducía mi anhelo
a las cercanías del abismo
donde ambos nos resolvíamos en plenitud;
ahora que a nuestras espaldas quedó un mar de sal
escucho el Gran Silencio de los acantilados
donde los cuerpos se irán disolviendo
en la masa burbujeante de una noche letal.
* * *
Cuerpos que antaño bailaban con sus aljorcas en los tobillos
la fiesta de las lluvias y los vientos
y que ahora secos y estériles
apenas sirven para colgar de las paredes como adornos de otro tiempo.
* * *
Hoy, en medio del temblor de la tarde,
mientras investigaba el universo de un cuerpo de mujer,
débilmente intuí
que los gritos encendidos que llenaban mi cabaña
aquellas mañanas de domingo
-que convertiste en ceniza,
que ahogaron tu ignorancia y tu orgullo pazguato-
no eran otra cosa que la vida que yo,
demiurgo entonces, había suscitado en tu alma asalvajada.
Mientras miraba aquel cuerpo, intuí
que los límites de la verdad son tan inciertos
como el deseo que provoca un cuerpo,
antaño un vergel
y hoy sólo la expresión triste de una existencia estúpida.
Lloro por tu cuerpo huérfano, seco.
11/10/2008
Vestía gabardina color hueso.
Era la sala de espera del aeropuerto
pelo cano, ojos cerrados
sostenía unas rosas sobre su pecho.
* * *
Llegaron las lluvias
repicando sobre mis tímpanos,
sonaban en el confín de mi sueño
desde del alba.
* * *
En la noche de El corazón de piedra verde
la serpiente emplumada
cruzaba los mares de la oscuridad
cargada de anhelos de alborada:
allá un dios de sangre y muerte
sobre el fuego de una pirámide,
acá dioses rubios, el fatuo dominio de la cruz...
lúgubre y absurdo silencio de exterminio.
Sin embargo, el amor,
tributo a la única verdad posible,
arrastrado por las olas,
cruzaba los mares
seguidos por la cruz
y sus absurdos dioses.
12/10/2008
Hubo un tiempo en que demorar la tarde
recorriendo el paisaje de tu cuerpo,
cuerpo de mujer,
humedal de tus muslos allá donde mis labios habían ido poniendo sus besos
uno a uno, cientos,
fue la religión que restañaba las horas más tristes de mi existencia;
de hinojos ante el altar de tu cuerpo
orar,
cuerpo de mujer,
mezquita, templo,
hayedo ahíto de agua en cuya cabaña el fuego acogedor
nos acogía como a huérfanos.
Porque un hombre necesita un altar en donde orar cada mañana,
un pubis donde depositar los besos.
13/10/2008
Y es que el aire tenía entonces
un no sé qué de fatalidad,
había en aquellos días
como los restos de un naufragio
flotando en el vano de la tarde;
una vago desaliento
dormía como perro viejo
echado a los pies del amo,
sin esperanza.
Y fue entonces que apareció ella
la de la mirada remota
de los animales desconfiados y dóciles.
Y conversamos de pie sobre la explanada;
mientras desde la distancia oíamos nuestras propias voces
nuestros ojos buscaban
desvelar el Misterio.
El sol caía por poniente
y llenaba de rubor sus memillas.
y el lejano repicar en la distancia;
hablaba de ella y de su laurel,
y de su infancia
y de los caramelos de un abuelo lejano.
Y entonces el sol se sumergía en el mar
y todo era oscuro.
Pero amanecía,
y con el alba ahora era un rio
y una dehesa donde pastaban caballos alazanes.
Y yo no podía hacer otra cosa
que oír su larga historia
que de la lluvia traía el correo.
Ahora sé que todo aquello era mentira
pero entonces era hermoso creerla
y sentir cómo mi orfandad se aliviaba en la suya,
cómo tocar su piel con la yema de mis dedos
levantaba revuelo de pájaros.
Eso fue hace mucho tiempo,
cuando era fácil creer
en mitad del lúgubre brillo del invierno,
the ice was all between,
que pronto llegaría la primavera.
Después ella había matado con su ballesta al Albatros
y las aves despoblaron el mar,
había dado muerte al Ave
que hacía que
16/10/2008
Por la tarde me recojo y pienso en ti,
abro entonces mi ventana e invoco a la Brisa
que oigo venir sobre las copas de los árboles
agitando las hojas temblonas de los álamos.
Dulcemente soplaba la brisa, dulcemente
Y recuerdo tu insensata aparición
quién sabe desde qué profundos abismos
como aire viciado saliendo del fondo de tu cueva
gritando contra el viento.
Dulcemente soplaba la brisa, dulcemente
y decirte que ya no sólo vivo de sombras,
que los perros amarillos rondando la luna desaparecieron
en el fondo de un barranco de estrellas,
que el limpio silencio de las mañanas empieza a vibrar
en el interior de mi nostalgia tenue, amablemente,
pese a ti
Dulcemente soplaba la brisa, dulcemente
que eres perfume leve de campo
enredado en mis pensamientos, aún hoy;
tristeza irremediable de definitivo desencuentro
perdida en el laberinto inhóspito de una humillación,
abandonada a tu suerte,
fantasma caminando entre las encinas chorreantes de lluvia
de una lejana noche de noviembre.
Dulcemente soplaba la brisa, dulcemente
Insensata y cobarde criatura,
deja de clamar contra el destino
y descubre la fuerza que te habita;
recupera tu dignidad,
aprende a ser libre, mujer,
mujer pequeña, mujer hosca,
mujer.
El sol se mecía en el horizonte,
una capa de musgo tibio tapizaba el cielo
la brisa soplaba dulcemente.
18/10/2008
Leo una historia
cinco personajes, dos hombres y una mujer,
un cazador, un perro y tres espectadores,
la muerte está por medio;
mientras la tarde se ha ido echando sobre el horizonte,
más allá de los árboles.
La historia me concierne
observo a los personajes bajo el calor del África Central,
y miro al lector con su novela sobre la hamaca,
y ello me interesa sobremanera,
pero la idea de ser observado
me desconcierta,
me inquieta sentir sobre mí esa mirada,
esos ojos sobre mis pensamientos,
no importa que ese otro sea yo mismo.
Soy el protagonista arrancado a la fuerza de la ensoñación,
el personaje que esperaba, inactivo,
tratando de comprender su propia historia,
y que instantes después deja la ensoñación
para continuar con la lectura,
dos mujeres y tres hombres a la sombra de una acacia
esperando a su víctima.
Ahora yo soy el lector, el cazador, las chicas,
los chicos y la víctima al mismo tiempo.
Y entonces tomo el teclado, y en la pantalla,
encima de unas líneas blancas sobre un fondo azul,
aparece un cuerpo de mujer que había quedado ayer
junto a unos versos sin concluir;
el amor, una mujer, unos versos,
no hay modo de huir de ellos.
Me pregunto si los días servirán para otra cosa
que no sea leer una novela o hacer versos mientras
23/10/2008
Si no estuviera ella
la mirada hosca contra su espléndida alegría de niña
su candor de huérfana contra sus feroces dentelladas de loba.
Si no estuviera ella
felicidad lejana de recorrer la brisa de su orfandad
de esperar sus paso en la madrugada
el frufrú de la ropa cayendo a los pies de la cama mientras despierto,
el gozo de aplacar su despecho
con el calor de los besos.
Si no estuviera ella
puro dolor,
pura añoranza de ríos y dehesas
presa de su pasado
huérfana belicosa
mujer.
Ella a la que me aferré
ella reina de afiladas uñas como bestia herida.
Si no estuviera.
Hielo bajo los pies
opaca tierra de nadie
ruido de hojas secas
de pasos que se pierden en el frío.
Dentro de veinte años será la memoria
arrumbada sobre la tierra inerme que no perdona
un arbusto de flores encarnadas como la sangre seca
un viejo tronco de escaramujo
donde crecerán blancas rosas a la sombra de las montañas.
Dentro de veinte años ambos se sentarán, lejos uno de otro,
a ver caer la tarde,
cerrarán los ojos esperando la muerte
mientras los recuerdos pasan acusadores.
Y mientras tanto
nada nos salvará de una vida mediocre,
nada.
24/10/2008
A veces te siento venir desde muy lejos,
como si fueras otra,
renovada por la distancia
con el semblante que tenías en mi último sueño.
Fue así hoy, yo sabía que lo peor había pasado
que ya no estabas asustada y que tu crueldad por tanto ya no sería posible,
aunque hubiera restos de rencor en tu mirada
eras parte de esa Brisa
que espero asomar cada tarde
pacientemente con un libro entre las manos.
Sentí que habías crecido dentro de mí
que tu yo había salido victorioso de una batalla.
Había por el mundo algunos como nosotros
y ellos confiaban los unos en los otros.
Después había ladridos de perros
y la voz de Marta Sebestyen
cantando a la primavera y a los duros tiempos del amor.
25/10/2008
Desde el zenit a la tierra
apagada en oscura transición hacia la noche
la sombra quieta de brazos abiertos
sobre un fondo de luces estancadas en la quietud
como reflejo olvidado sobre el lago
rastros de fuego
que ríen la broma de un juicio final
mientras plenos los residuos del día
apagados compañeros de la noche
se mantienen suspensos entre los huecos de las ramas.
31/10/2008
por el hueco de los árboles
se extingue la tarde
ella odiaba ser un cuerpo cualquiera
como polvo de batalla en el cielo
una flor del campo
el último movimiento de la 5ª de Chaikovsky
se acerca al apogeo
en que las nubes como ejércitos de valkirias
la belleza sustancial de la naturaleza
cruzan el horizonte tras la lluvia
lento, solemne, brioso más tarde
como una flor del campo
hinchada de fuego
ver desvanecerse la tarde
01/11/2008
Por una guirnalda que vi
me harán suspirar todas las flores (Dante)
Alborozadas voces de mujer
atravesaban el follaje
tras una curva del río
llenando el rumoroso silencio del agua
su calma selvática
con la realidad sorprendida de sus risas.
Jugaban bajo la quebrada de altos muros de piedra verde
despreocupadas y desnudas como ondinas felices
de un paraíso inesperado.
Desde la sombra de los sauces
yo miraba esta escena de cuento.
Después de una larga y fatigosa jornada
la mañana traía al fin cierto estremecido
temblor de eternidad en el hueco de sus manos.
Me tumbé tras las altas rocas
y dejé que el sol besara mi rostro
mientras los pájaros revoloteaban a contraluz entre las ramas.
Aquello era en la hondura de la sierra Grande
cierto día de espléndida soledad
allá en el corazón del Bosque.
02/11/2008
Ya no es sino la profunda herida
que deja la muerte en los vivos
restos de dolor
como río en deshielo
espléndido y solitario
buscando los caminos del mar.
Amor vino a mí (un día)
noche transfigurada a las puertas del frío
entre el follaje y el invierno del norte
hoguera llenando de incienso
el gélido rincón de la noche.
El oloroso perfume de la resina
aleluya en tropel por la oscuridad
amor vino a mí
la paz de las cuerdas de una guitarra
cruzaban la noche tras el rastro de los murciélagos,
comenzaba el invierno
y mi cuerpo se lleno de calor.
Ahora lo dejo todo
para abandonarme a la intimidad del otoño
al dolor de la sustancia que ha de tenerme despierto,
pues si nada tiene sentido
qué mejor que levantar el vivac a la vera del río
junto a la queda brisa
frente a los montes amigos
a escuchar la charla del viento y del bosque
la lluvia tras los cristales.
11/11/2008
y mientras yo dejo que la vida pase por mí
como un río tranquilo,
unas veces trayendo restos de un naufragio
otras llevando de acá para allá espléndidos instantes de existencia,
la luna se posa sobre mi mesa
y acompaña a mi ánimo en el silencio de la madrugada.
Quizás sea lunes o martes, no lo sé,
da igual,
la opaca claridad de la noche
trae entre sus sombras el cuerpo dislocado de un cadáver
la lívida luz de un amanecer que crecía más allá de los espectros de granito
un recuerdo de escuela
la inescrutable mentira que fue creciendo hasta reventar
entre mis vísceras.
La soledad desgarra a veces mi ánimo arrancándole tiras de carne;
el sino lo llaman a eso,
unos nacen con vocación de multitudes
y otros envueltos en el jergón de su aislamiento,
y todo es vida
y todo debe comprarse con el mejor oro de la existencia abrumada y confusa
sin saber nunca dónde ni cómo habrá de reposar
el espíritu que sigue, incansable, penosamente la pista
en un mar donde desaparecieron las estrellas.
Hoy ya no importan los días de la semana
ni si es temprano o tarde
baste saber que estoy vivo
que he estado vivo toda la vida
que sólo estaré muerto cuando me muera (Dios lo quiera).
17/11/2008
Hombre triste soy
recostado en la rugosa corteza del día;
absorta tristeza de amor,
ínfima virilidad reblandecida e inútil
la de vagar abrazado al vacío,
hueco blanco de devoradora obsesión.
Sí, perecer aplastado
en la estrecha hendidura de una ceguera opresora,
inútilmente,
cuando el otoño dora el mundo
y los gorriones agitan sus plumas en los charcos,
cuando los restos de las urracas confiadas
yacen como hoy dispersos sobre la hierba
después de que los comedores de carne
hayan dado cuenta de ellas,
cuando las ratas también mueren,
víctimas del hambre y del veneno camuflado.
El hambre que la vida reclama trajo la muerte.
18/11/2008
¿Qué será que cuajando entre los recuerdos
la noche me sabe a ya dicha,
que atado a las palabras
y al silencio que mana
en sus goznes de seda
vaya a encontrar en el lienzo que la luna
empasta entre los árboles
acaso la siempre bermeja huella del dolor?
* * *
El gran pato blanco
volaba junto al niño dormido recostado en sus deberes de escuela,
sobre la mujer desnuda de mejillas rosadas
sobre las viejas fotos pegadas en pliegos de papel de estraza
donde el tiempo se había detenido petrificado sobre la pared
donde los dibujos de una navegación por los mares del mundo
cruzaba el muro.
Estas cosas sucedían temprano
frente al tríptico de los Alpes
donde montañas y flores
y grandes nubes rojas embellecían un amanecer,
frente al cuco de muelles descompuestos
que hibernaba refugiado en su jaula de madera.
En una película de Bergman
Selma Lagerlöf se había encontrado con Victor Sjöström
y ahora el gran pato blanco volaba sobre el invierno sueco
llevando en sus grupas al pequeño Nills.
19/11/2008
En el centro de mi virilidad
hay un tenue clamor de lobo abandonado a su suerte.
Metálicas y gélidas manos buscan entre mis testículos
el rastro del rescoldo que dejaron las yemas de sus dedos.
El cielo es azul
y de él cuelgan carámbanos
que convierten el mundo
en una cueva de reluciente claridad
donde gotean silenciosas aguas heladas.
Mano amiga
calor frío
amigo
frío
enhiesto
amante
amado
labios
boca
lengua
pubis
hasta que mis gritos atraviesen
el hielo azul del día.
Entre la escarcha crujiente del alba
temblaba mientras tanto
la amortiguada luz de un rayo de sol
posado en los nervios helados de las hojas.
20/11/2008
Ella apareció
como lo hace la lava del volcán
con su llama radiante desde dentro
de su cuerpo de roca,
salvajemente,
acaso como quien olvidó ya cómo decir te quiero
y ensaya en lo hondo de su tierra triste,
entre los topos,
con los ojos de arena llenos,
un beso que al contacto con el aire
se convierte en vómito.
Ella apareció brevemente
como un tosco madero
flotando en el río,
gritando de dolor.
Pasó frente a mí
con el rostro vuelto al infierno
y después se perdió en el recodo
tras los bloques de granito,
más allá de los verdes brillantes de la selva.
Ella es dolor y sangre seca
gritando desde su cueva de hierro,
es el lobo que aúlla en la noche
con los pies húmedos
y el corazón roto,
agazapada entre los cañaverales y las espadañas,
triste, con los ojos hirviendo.
Ella apareció tras una curva del río,
amenazando con un vómito,
tan sin motivo y tan vehemente
que pensé que lo que quería decir es, te quiero.
* * *
Esta tarde miro las paredes de mi casa
en donde cuelgan sus retratos y
y no la reconozco,
dogal al cuello,
sumisa esclava de una bestia.
Licaón, se decía ella, escondiendo
bajo la piel de un lobo
su dignidad maltrecha,
su cobarde indeterminación.
Ella apareció para reclamar lo que es suyo,
su imagen.
su amor propio no quería que su cuerpo,
sus retos,
su digno caminar hacia una meta,
habitaran en mis páginas,
vivieran el pálpito de la exuberancia
treparan hacia la esperanza
lucieran su orgullosa dignidad frente al mundo.
Ella prefiere enterrarse en su lúgubre verdad
más allá de la cual, dice,
todo es falsedad y mentira, cieno.
Sin embargo, junto a las aguas,
en las laderas del volcán,
más allá de la profunda cueva,
la verdad no encontraba sus señas de identidad,
buscaba entre la confusión y el orgullo
el sendero de la enorme distancia,
pero sólo escuchaba el gemido del viento.
23/11/2008
“Que venga, que venga el tiempo que apasiona”
En esa voz ánima que llena mi tarde con versos de Rimbaud
mientras chorros de miel zumban camino de las brisas de la noche
siento rompiéndose en mí lejos ya en el tiempo,
me sabe a inmensa eternidad de dulce y extraviado pesar,
fiestas y aquelarres de un amor que suena en la noche,
hastío y cólera repicando en mis sienes,
como un tesoro en el bosque.
Anhelos de mi cuerpo junto a la voz y el naufragio.
Y sabiendo que en tierra firme no habría alivio
el fuego se levanta tras el horizonte
para entonar su oración.
Acaso creímos entender que el paraíso estaba
entre las manos que apresaban
en aquellas lejanas tardes
la sorprendida gracia
y sólo era un prolongado sueño roto apenas con la luz pálida al fondo,
el preludio al que seguiría el otro paraíso de la tristeza.
Pero su dulzura no podía desaparecer
las flores se habían abierto y habían mostrado el esplendor
que yo contemplaba arrobado desde mi choza sobrecogido de amor
bajo la influencia de la alquimia del verbo.
29/11/2008
Es la crápula
y el poder
y el viento
que suenan bajo la mirada azul de la noche próxima;
es el universo entero manando por mis venas
vida toda como juncos espigando entre las charcas.
El día pasa,
gorjea, susurra un recuerdo
habla un lenguaje
que entiende, ay, cada vez más la última de mis células.
Del flexo se desparrama sobre mi libro una luz de ámbar,
fuera, las sombras, superpuestas sobre el horizonte,
se agitan inquietas.
Hace ya días que el silencio
invadió las orillas de mi espera,
cerrados los ojos recorro
una y otra vez los caminos en que mi alma demoró
amorosamente perdida en la transparencia
de aquellas horas de esperanza,
lejos, allá donde rugía la ventisca
o se escondía la noche
entre los salmos del alba,
donde la retama olorosa emborrachaba mis sentidos
y una brisa leve acariciaba mi cuerpo desnudo
sobre el granito.
Recostada mi cabeza en el regazo de la tarde
repleto de la cremosa leche de los recuerdos,
del amor que mana de las ubres de mis ojos llenos de sed,
vagar por el perpetuo presente de la vida,
por el tiempo que no existe,
y se hizo viento entre las ramas.
01/12/2008
Por la mar del cielo
entre el frufrú de velas verdes
quietud,
invierno
tierras que van y vienen
descendiendo la dorsal de las lomas oscuras
por el lejano llano de la mañana
hacia el cubil de mi espera.
¿Sabes?
mi espera es una rabieta de bonitos y afilados dientes,
un culo bonito con grandes aros en las orejas.
Extraña enfermedad esta de esperar
hoy frente al fuego
con una guitarra entre las manos,
ayer, alma en pena la suya,
triste y solitaria loba,
como un manto de escarcha y silencio;
mañana, quién sabe,
quizás ocurra un milagro
y mañana, alguna mañana,
su maquinaria de guerra
se convierta en un pirulí de menta.
05/12/2008
Por supuesto que todo esto,
infancia prolongada del deseo frustrado
que merodea en el vacuo mirador de algunas tardes
inmadura melancolía de quien gime
ovillado a la intemperie bajo la lluvia
o de bruces sobre el malecón llora
contemplando la catástrofe de las olas gigantes enfurecidas,
no es otra cosa que el humus
fermentado en mis cuerdas vocales
por una tregua que algún día encontrará su tierra prometida
allá donde la arena se esponja
y el desierto se toma un respiro.
Eso suponiendo que las cosas deban ser de otra manera
porque aunque hay manos
donde la ternura deja el rastro de aceite
de los motores aquejados de infarto,
o se agrieta como barro seco cuarteado por el sol
sobre la grupa de un elefante,
no conviene, magra luz de la tarde,
ahondar en exceso en el aturdimiento de las olas
ni en la boca seca de esparto
que dejó aquel rostro arrugado de miedo.
Porque acaso lo peor,
o lo mejor, quién sabe,
será haber sido niño sin rubor
con los sentimientos explotando arrobados de gozo
ante los ojos atónitos e irónicos,
castillo de fuegos artificiales
como inmenso baobab de largos brazos luminosos
sobre la fiesta derramados en riadas de luz.
10/12/2008
¿Como la suprema aspiración del satori
la excitación de entregarse a los propios desvaríos
que nacen de las pocas palabras,
esa clase de plenitud que cruza
como cuchillo de luz la penumbra de un crucero en silencio?
¿Cuál de entre ellas es aquella que buscas
aún al otro lado de las aguas densas
y del viento que barre los continentes,
del fuego que abrasa la carne?
Aquella en la que todo confluye
entre las manos de esta hora desnuda
oscilando entre el calor de los años
y el invierno azul de la tarde?
Palabras en tropel
agolpadas en viejos papeles,
y la emoción que dormía en las páginas
florece en la mirada
que hasta entonces se bañaba
con el agua de la lluvia del domingo.
Y por el suelo rodaban las hojas muertas
del otoño amigo,
y el canto de algún pájaro
atravesó furtivo el aire y vino a mí.
13/12/2008
Con su manto de niebla porosa
y su gusto amargo de raíces tiernas,
la tristeza viene a cubrir el campo de mi tarde
cuando, lleno de lógica y sentido común,
despierto de la siesta dispuesto a enterrar
definitivamente,
allá en la fosa tiempo ha abierta,
mi osito de peluche.
Hablo del drama doloroso
de enterrar a los muertos
allá donde los ecos de la noche
lleguen amortiguados
como repicar de campanas
traídas en las manos del viento.
17/12/2008
Querer en la desolación
de un paisaje de silencio de nieve
donde las cornejas graznan entre los pinos.
Sentado junto al fuego de mi cabaña
veo subir en la oscuridad del crepúsculo
a un hombre cargado con una alpaca de paja;
sobre la nieve profunda del bosque
camino de su choza de barro.
Atraviesa los altos chopos blancos
y se pierde tras las zarzamoras.
En la repisa de la chimenea
el buda medita
el oso de peluche abre sus brazos sin vida
las llamas dibujan arabescos
sobre el tizne de la noche.
El hombre de la alpaca
es ya una sombra lejana
sobre el blanco lunar de la noche.
Por el cielo de mi ventana
atraviesan ateridas de frío
bandadas de interrogantes.
18/12/2008
Precisamente porque amar es un ejercicio solitario
en donde los ojos se cierran para encontrar a la amada
en el infinito de uno mismo;
ahíta, perfecta sensación
donde los surcos y los besos
lo riegan la sed y el anhelo.
Amar en la ausencia
en el universo que canta su rumor bermejo
entre las traviesas de un tren nocturno,
en el día que comienza,
en el aire que respiro.
Tensa elasticidad vibrando,
la cuerda estremecida,
arpa, arco, deseo;
siempre la música y la memoria
en el umbral de la tarde.











26/12/2008
La violencia de su lengua
vibra eco cavernoso
en el borde burbujeante de una copa
mientras entre turrones y mazapanes
se desliza un hilo de sangre
que atraviesa el campo níveo
de la nochebuena.
Mirando el horizonte
entre los brazos de los árboles
escribí versos de hiel
cayendo como lágrimas
sobre el silencio de la noche;
como humareda llorando entre los juncos
de la orilla del río
la hiel se hizo mansa caricia entonces.
En la estrechez acartonada
de los bucles del tiempo
canta un cuclillo,
cu cu, cu cu, cu cu.